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LA VIDA: ES UNA LEVE BRIZNA

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Imaginar vernos frente a nuestra propia muerte puede cambiarnos la vida, de maneras insospechadas

Publicada em: Espiritual
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LA VIDA: ES UNA LEVE BRIZNA

  1. 1. El hombre es un soplo Basado en un texto del sacerdote jesuíta Alfonso Llano Escobar
  2. 2. Para pensar modestamente de uno mismo, nada ayuda tanto como imaginar la propia muerte. Thony de Melo La vida humana es una lucha diaria entre el ansia de crecer y las adversidades que se empeñan en hacernos decrecer. El antídoto contra el ansia de crecer, de figurar, nos viene del pensamiento de la muerte. Thony de Melo, notable jesuita indio, maestro de espiritualidad, gozó de una gran fama y popularidad. Figuró en primera plana en los medios de la India, del Oriente, del mundo entero. Fue un hombre célebre. Para curarse del mal de creerse importante, se alimentó diariamente con la reflexión sobre la propia muerte, prolongada hacia al futuro, como veremos enseguida. De allí salió un curioso escrito de cuatro páginas que publicó en su libro El manantial con el título de Aligeramiento (quitarse el peso de creerse importante) que me permito resumir con sus mismas palabras. Para que este escrito cause el debido impacto conviene leerlo imaginando cada paso de ese lento desaparecer
  3. 3. Imagino que me hallo en mi propio funeral. Veo mi cuerpo en el ataúd. Percibo el olor de las flores y del incienso. Asisto a cada detalle del rito funerario. Mis ojos se posan brevemente en cada uno de los asistentes al funeral. Hoy es mío el espectáculo -Mi último y gran espectáculo sobre la tierra, la última vez que soy el centro de atención-. Y mientras escudriño los rostros de los asistentes, me encanta observar que me echan de menos, que dejo un vacío en los corazones y en las vidas de mis amigos. También es razonable pensar que puede haber personas, entre los asistentes, a quienes les agrada que yo desaparezca.
  4. 4. Estoy de pie junto a la tumba, evocando diversos capítulos de mi vida, mientras la gente regresa a sus hogares y a sus quehaceres, a sus sueños y a sus preocupaciones.
  5. 5. Pasa un año y regreso a la tierra. El doloroso vacío que dejé tras de mí, ha sido inexorablemente llenado. Mi recuerdo pervive en el corazón de mis amigos, pero ahora ya piensan menos en mí. Ahora se interesan en los escritos de otros. Y así debe ser; la vida debe proseguir.
  6. 6. Los lugares que yo solía frecuentar hace tan solo un año -tiendas, calles, restaurantes...- siguen ahí. Y no parece importar que yo haya transitado esas calles, visitado esas tiendas y tomado esos autobuses. Nadie me echa de menos. Al menos allí.
  7. 7. Regreso de nuevo a los cincuenta años de mi muerte y miro en torno para comprobar si aún hay alguien que se acuerde o hable de mí... Y no lo encuentro.
  8. 8. Pasan cien años y regreso otra vez. A excepción de una o dos fotografías descoloridas en un álbum de familia o en una pared, y la inscripción de mi tumba, poco ha quedado de mí. Ni siquiera el recuerdo de mis amigos, que también murieron.
  9. 9. Miro en el interior de mi tumba y encuentro un puñado de polvo y unos trozos de huesos en mi ataúd. Clavo mi mirada en ese polvo y evoco mi vida. Mientras contemplo ese polvo, es como si me quitaran de los hombros un peso enorme: el peso que proviene de creerme importante. Y sé que en alguna parte, de todas esas cosas quedan los restos de la persona que yo fui y de la vida que fue mía. Hasta aquí, Thony de Melo.
  10. 10. Esta meditación imaginada de su muerte lo alivió de un gran peso, al verificar que era un soplo que pasa; que era nada. No pretendía Thony con esta meditación asustarnos. No es una meditación tétrica. Es una contemplación sincera, sobria, real, sobre nuestra nada, una meditación que cura, que sana. Se trataba de buscar un alivio, de quitar de nuestros hombros el engaño de creernos grandes, de disipar el humo de la fama; una necesidad de apoyarnos en la verdad que alivia, que aligera, que reconcilia. La fama es espuma que, así como crece, se desvanece y muere. La vida es viento, un soplo que se acaba y no deja nada. La belleza es apariencia transitoria que se convierte -hoy día con la cremación es un hecho visible- en un puñado de polvo. Sic transit gloria mundi. Así pasa la gloria del mundo. Alfonso Llano Escobar
  11. 11. No se lleva nada de los trajes que hayamos coleccionado en la vida, reales o virtuales, solo aquello que logramos que hiciera parte del alma de un buen ser humano, que logró dejar alguna huella en todos aquellos a los que entregó algo de él mismo para que crecieran, nos seguirá en la eternidad. Desarrollado por Raúl Erazo, Cali, Colombia [email_address]

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