Desarrollo de los valores de liderazgo colegiado y de servicio que potencien las posibilidades de las Universidades

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Ponente: Alencar Mello de Proenca, Presidente del Consejo de Rectores de las Universidades Brasileiras, Brasil

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Desarrollo de los valores de liderazgo colegiado y de servicio que potencien las posibilidades de las Universidades

  1. 1. Desarrolo de los valores de “Liderazgo colegiado” y de “Servicios” que potencien las posibilidades de las universidades<br />Alencar Mello Proença, Reitor da Universidade Católica de Pelotas, RS, e Presidente do Conselho de Reitores das Universidades Brasileiras (CRUB)<br />Me gustaría, desde luego, traer algunas consideraciones acerca de rol de lãs universidades, de sus maneras de gestión y de sus funciones de naturaleza social.<br />Voy a empezar citando parte del documento de la UNESCO, fructo de la Conferencia Mundial sobre la Educación Superior, llevada a cabo en Paris, en octubre de 1998, y que corresponde a la “DECLARACION MUNDIAL SOBRE LA EDUCACION SUPERIOR EN EL SIGLO XXI: VISION Y ACCION”, de aquella importante reunión mundial de la UNESCO (la última se ha realizado en Paris, del 5 al 8 de julio del 2009). He decidido buscar en el encuentro de 1998 la cita que sigue, para subrayar que ese tema ya ocupa la atención de los expertos hace algún tiempo, incluso en eventos anteriores de la propia UNESCO:<br />Artículo 9. Métodos educativos innovadores: pensamiento crítico y creatividad<br />b) Las instituciones de educación superior deben formar a los estudiantes para que se conviertan en ciudadanos bien informados y profundamente motivados, provistos de un sentido crítico y capaces de analizar los problemas de la sociedad, buscar soluciones para los que se planteen a la sociedad, aplicar éstas y asumir responsabilidades sociales.<br />Artículo 13. Reforzar la gestión y el financiamiento de la educación superior<br />c) El objetivo último de la gestión debería ser el cumplimiento óptimo de la misión institucional asegurando una enseñanza, formación e investigación de gran calidad, y prestando servicios a la comunidad. Este objetivo requiere una dirección que combine la visión social, incluida la comprensión de los problemas mundiales, con competencias de gestión eficaces. La función de dirección en la enseñanza superior constituye, por tanto, una responsabilidad social de primer orden y puede reforzarse de manera significativa a través del diálogo con todos los que participan en ella, y en particular con los profesores y los estudiantes. Teniendo presente la necesidad de mantener dentro de límites razonables las dimensiones de los órganos rectores de los establecimientos de enseñanza superior, habría que prever la participación de los académicos en dichos órganos, en el marco institucional vigente. <br />Artículo 17. Las asociaciones y alianzas<br />La colaboración y las alianzas entre las partes interesadas (los responsables de las políticas nacionales e institucionales, el personal docente, los investigadores y estudiantes y el personal administrativo y técnico de los establecimientos de enseñanza superior, el mundo laboral y los grupos comunitarios) constituyen un factor importante a la hora de realizar transformaciones. Las organizaciones no gubernamentales son también agentes clave en este proceso. Por consiguiente, la asociación basada en el interés común, el respeto mutuo y la credibilidad deberá ser una modalidad esencial para renovar la enseñanza superior.<br />Hice la opción de mencionar eses artículos de la “Declaración”, de 1998, para reafirmar la preocupación de la UNESCO y de todas las Instituciones presentes a aquel Encuentro sobre los temas que me corresponde hablar en este importante Congreso de Compromiso Social, Espíritu y Valores de la Universidad: la gestión de las instituciones de educación superior y su rol en los servicios a la comunidad.<br />Si, podemos asegurar que la Declaración habla de eses dos aspectos, como se puede ver:<br />“Liderazgo colegiado” – cuando afirma que el liderazgo en educación superior es una responsabilidad social de primera orden y puede ser fortalecida por el diálogo con todos aquellos involucrados en el proceso, en especial el personal docente y los estudiantes. Más aún, cuando dice que “La colaboración y las alianzas entre las partes interesadas constituyen un factor importante a la hora de realizar transformaciones”.<br />“Servicios” – De manera muy objetiva, el artículo 13 dice: “El objetivo último de la gestión debería ser el cumplimiento óptimo de la misión institucional asegurando una enseñanza, formación e investigación de gran calidad, y prestando servicios a la comunidad”.<br />Antes, el artículo 9 proclamara: “Las instituciones de educación superior deben formar a los estudiantes para que se conviertan en ciudadanos bien informados y profundamente motivados, provistos de un sentido crítico y capaces de analizar los problemas de la sociedad, buscar soluciones para los que se planteen a la sociedad, aplicar éstas y asumir responsabilidades sociales”.<br />Las recomendaciones ó exigencias antes apuntadas representan un importante reto para nuestras universidades, sea por lo que de nosotros exige, como gestores, sea en lo que dice con el ejemplo que nos corresponde dar en nuestras acciones, para que estas tengan la debida compatibilidad con nuestras palabras, con nuestros contenidos académicos.<br />Así, nuestros contenidos académicos en las más distintas carreras proclaman, a cada día, a cada clase, la importancia del proceso democrático, la absoluta necesidad de una visión social, comprometida con todo nuestro entorno, en especial con los más frágiles. Esa es, esa ha sido siempre, nuestra fuerte palabra en las salas de aula, en los eventos universitarios, en los cuales, muchos de nosotros, rectores ó directores reivindicamos la autonomía universitaria y nuestra participación en los organismos gubernamentales que definen las reglas para la educación superior. Sobre ese tema, quiero referir-me, por un lado, a las instituciones confesionales, que hacemos de ese discurso no solo una manifestación académica, sino que, más arriba de eso, una declaración de fundo cristiano; de otra parte, las llamadas instituciones laicas sustentan idéntica posición, tanto del punto de vista académico, como en las discusiones frente a los poderes públicos u otros organismos de poder.<br />Prácticamente unánimes son nuestras manifestaciones acerca de democracia, acerca de un proceso participativo.<br />Pero, como ocurre eso en el ámbito interno de nuestras instituciones? Como son nuestros procesos decisorios? Cuál es el rol de nuestros órganos colegiados en la Universidad?<br />Nuestro modelo organizacional es “centralizado y autocrático”, con un Rector fuerte, que detiene, para si, gran parte o la totalidad de las decisiones?<br />Un modelo de gestión en el cuál los órganos colegiados sirven tan solo para componer el organigrama?<br />Quizás, ya avanzamos un poco, y nuestros órganos colegiados trabajan en un modelo meramente consultivo, con muy bajo poder de decisión, en una discreta variación del modelo autocrático, con una imagen más abierta, tan solo en sus aspectos formales.<br />O bien, ya alcanzamos (como muchas instituciones) un modelo participativo, funcional y colegiado, en donde se estableció el diálogo con todos los que hacen parte del proceso educativo.<br />Si a eso llegamos, entonces podemos empezar a hablar de un “valor”, podemos empezar a hablar de “valor de liderazgo colegiado”, para, a partir de él, desarrollar ese “valor” para potencializar las posibilidades de nuestras universidades, como propone el tema que me fue otorgado.<br />Diversos son los “modelos” de liderazgo colegiado e, igualmente, diversos son los niveles en que esa “colegialidad” es ejercida.<br />A nosotros interesa, tan solo, aquellos modelos en que la “colegialidad” es verdadera, en que la colegialidad constituye, en si misma, un valor para la universidad.<br />A partir de algunas universidades de Brasil, tanto privadas como públicas, se puede decir que – en prácticamente todas ellas – funciona un Consejo (a veces, más de uno), con carácter decisorio, en temas puramente académicos. A ese Consejo compite examinar y decidir todos los procesos de naturaleza académica propiamente dita. En tal Consejo, de modo general, participan representaciones de estudiantes, de docentes, algunos también de funcionarios administrativos, parte de los cuales son elegidos por sus pares, otros indicados pela Dirección de la Universidad.<br />En algunas instituciones, el proceso colegiado es más amplio, según el organigrama de la Universidad, tales como colegiados de docentes de la Carrera, colegiado de coordinadores de Cursos ó carreras, colegiados de docentes y alumnos.<br />Lo mismo, entretanto, ni siempre ocurre cuando se trata de discutir y decidir algunos aspectos financieros o disciplinares, o cuando se cuida de admisión o demisión de funcionarios o docentes. Tales asuntos, en algunas instituciones de educación superior, son reservados a los respectivos dirigentes mantenedores o al ámbito cerrado del rectorado o de direcciones no colegiadas.<br />Diga-se, además, que, en algunos rectorados, también funciona el sistema participativa, en el cual, Rector, Vice-Rector y otros deciden muchos asuntos de manera “colegiada”. En ciertas instituciones, tal proceso está debidamente institucionalizado (o sea, está asentado en el estatuto o otros documentos similares); en otras, es un proceso informal, pero igualmente eficiente y funcional.<br />Para todos eses “modelos”, repito, podemos hablar de “valor de liderazgo colegiado”, que permita potenciar las posibilidades de las universidades, con una gestión democrática.<br />La importancia del proceso de liderazgo colegiado no está, tan solo, en su capacidad de desarrollar las posibilidades de las universidades, como consecuencia de una gestión democrática, colegiada. Más allá de eso, un proceso de participativo de gestión representa un “modelo” a ser presentado a los alumnos, como manera de llevarlos a trabajar en procesos de colaboración, a partir del entendimiento de que no hay más espacio, en la sociedad moderna, para gestores autocráticos o para falsos procesos participativos, con órganos colegiados apenas simbolicos. <br />En ese sentido, es importante traer a colación parte del artículo “Espíritu y valores en la misión de la Universidad Técnica Particular de Loja”, de la autoría de su Vice-Canciller, Dr. Santiago Acosta Aide, publicado por el Programa CAMPUS, da la Organización Universitaria Interamericana (OUI):<br />“La dimensión ética, con el papel de los valores en la Universidad, impregna toda la actividad universitaria, no solo en las áreas de formación, sino también en las de práctica de la ciencia, la investigación y la gestión. Como se ve, la repercusión de la ética en el mundo universitario tiene que ver con la entraña ética de las actividades que constituyen los fines de la educación superior; y además, la universidad misma, como institución, debe asumir el reto de ser un lugar de desarrollo ético personal y comunitario. Porque, como lograr que las acciones universitarias de formación, expansión del conocimiento y oferta de servicios, además de la gestión en general, irradien valores morales, si las personas que las desarrollan no son, ellas mismas, poseedoras de profundas convicciones y principios morales que guíen su conducta?”<br />Solamente un proceso democrático de gestión, en la Universidad, puede sostener una manifestación teórica, sea en sala de aula, sea por la publicación de artículos e conferencias, sea, al final, por declaraciones de sus dirigentes, cuando hablan en nombre de la Institución o en su ámbito.<br />Cuando eso ocurre, vuelvo a repetir, estamos hablando de un “valor”, a ser cultivado y valorado en toda su dimensión.<br />Es imprescindible, entre nosotros, dirigentes de Instituciones Superiores de Educación, luchar por una gestión colegiada, verdaderamente democrática, sostenida, más que nada, por la verdad, valor más alto de una Institución de Educación.<br />Retornando al documento de la UNESCO, antes mencionado, dicen los participantes de aquel Evento, en parte de la Declaración: “El objetivo último de la gestión debería ser el cumplimiento óptimo de la misión institucional asegurando una enseñanza, formación e investigación de gran calidad, y prestando servicios a la comunidad”.<br />Ya el artículo del Dr. Santiago Acosta Aide es bien más enfático, al decir:<br />“El sentido final de todas las funciones universitarias es el servicio a la sociedad. La mentalidad individualista actual impone la urgencia de crear una mentalidad de servicio en los graduados universitarios”.<br />Permito-me, a ese propósito, enfatizar: solamente podremos crear una mentalidad de servicio en nuestros alumnos, en nuestros graduados, si todos nosotros, dirigentes, profesores y funcionarios de cada Institución mostrarnos nuestro ejemplo, nuestra posición de servicio.<br />En ese mismo artículo, el Dr. Santiago Acosta Aide habla, en distintos momentos, sobre “valores” e “virtudes”, diciendo, resumidamente, que, cuando un valor (el servicio a la comunidad, en el caso) se incorpora a la conducta humana como energía que lleva a la encarnación de ese mismo valor, hablamos de su correspondiente “virtud”.<br />Se incorporamos el “servicio a la comunidad” como una “virtud” individual nuestra (dirigentes), si nuestros profesores y funcionarios, en gran parte, también lo hacen, podremos hablar, ahora sí, de una Universidad que se pone al servicio de la sociedad, e ahí vamos a identificar un segundo “valor”, además del “liderazgo colegiado”: el servicio. <br />Esa dimensión “servicio”, considerada, sin ninguna duda, un “valor” a ser buscado e cultivado, debería estar siempre presente en toda Institución, como la Universidad, nace, casi siempre, de la sociedad y para ella debe volver-se, como un retorno natural de la “criatura” a favor de su “criador”. Más, y mucho más, cuando esa dimensión de servicio está en la naturaleza da institución criadora de la universidad, especialmente en el caso de las universidades confesionales. Es muy difícil encontrar esa dimensión en las universidades frutos exclusivos de un sistema puramente comercial, como algunas en que sus dueños son tan solo comerciantes de la educación. La universidad es parte integrante de la sociedad, por ella es formada y para ella existe.<br />En realidad, no deberíamos hablar de “servicio” de la universidad a la sociedad, sino de intercambio de acciones, porque, siendo la universidad un ente integrante de la sociedad, debe hacer parte de todos sus momentos, debe vivir su día a día, contribuyendo, a cada paso, para su construcción y reconstrucción, presencia indispensable en sus planes, aspiraciones y demandas. Ese “intercambio” ocurre, igualmente, cuando la universidad es capaz de responder, adecuadamente, a las demandas de la sociedad, ofreciendo los cursos, las carreras y los servicios de que la comunidad necesita.<br />En esa relación fuerte con la comunidad local y regional debe estar la gran fortaleza de la Universidad. No debe la institución universitaria pensar en grandes pasos rumbo al intercambio con instituciones de otra regiones, nacionales o extranjeras, si no es capaz de asumir una presencia importante en su propia región. Fortalecida por los lazos locales y regionales, representando los valores de su entorno, debe, entonces, la universidad alargar sus horizontes, buscando, en la expansión geográfica, nacional e internacional, la calificación de sus condiciones que, como retorno, pueda también llegar a la sociedad en su entorno.<br />Como conclusión: toda la Universidad debe orientarse por “valores”, sea ella una institución confesional o una universidad laica. Los “valores” constituyen un Norte a ser buscado, para dar un sentido más grande a la Institución, para darle una línea que, a un solo tiempo, prepare adecuadamente sus alumnos y, en su trabajo y en sus estructuras, sirva de “modelo” a eses mismos alumnos y futuros egresados.<br />Entre tales valores, sin ninguna duda, deben estar presentes un liderazgo colegiado y un fuerte compromiso de servicio a la comunidad circundante.<br />Muchas gracias<br />

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