¡Cuidado con las programaciones!
Desde la aparición de las computadoras se han usado los términos relativos a ellas en
forma cotidiana y con aplicación al ser humano. De la misma manera como decimos que
se programa la computadora, así hablamos de nuestras propias programaciones que rigen
nuestra conducta. Se instala el programa, se archiva o se cancela el programa. Lo mismo
hablamos de nosotros mismos; nos instalamos programas y cancelamos otros y
funcionamos de acuerdo a lo que hemos instalado a lo largo de nuestra vida.
De acuerdo con la PNL somos un cúmulo de programas ambulantes que
estamos en constante actividad mental, de acuerdo con nuestros propios y únicos
programas. ¿Cómo realmente es que nos programamos y qué sucede cuando lo hacemos?
¿Cómo es que algunos programas persisten en nuestra vida y otros van perdiendo el
efecto?
Por un lado hemos acumulado programas básicamente a través del aprendizaje.
Aprendemos desde antes de nacer y vamos grabando patrones mentales sin ser
conscientes. Reconocemos sonidos, estados de ánimo y sensaciones en el vientre de la
madre. Al nacer nos enfrentamos a un sinnúmero de estímulos que empezamos a absorber
y a grabar sin control con el afán de aprender y de darnos cuenta que finalmente es parte
de nuestra naturaleza.
Nuestro cerebro funciona como una computadora, incluso mucho mejor que una
computadora. Absorbe una cantidad enorme de información y la organiza de una manera
desconocida para nosotros. La computadora no sirve sin programa y tampoco sirve si
teniendo el programa nadie lo utiliza. Constantemente estamos mandando nuevos
programas, ideas, pensamientos al cerebro y se graban y los usamos día tras día.
Durante la infancia grabamos cientos, miles de programas que nos son dados por los
padres, parientes, maestros, amigos y medios de comunicación. Recibimos programas
buenos de salud y disciplina, otros de conocimientos y orden, otros de obediencia y amor,
y muchos otros de todo tipo.
Una manera de instalar un programa es por medio de la repetición. Programación
Neurolingüística justo indica que los programas viajan por las neuronas por medio del
lenguaje. Y la repetición causará que se instale el programa. De niño seguramente te
repitieron mil veces “lávate los dientes”, hasta que un día lo empezaste a hacer por tu
cuenta sin que te lo dijeran. Y ese fue un buen programa. En la escuela te enseñaron las
tablas de multiplicar repitiéndolas continuamente hasta que se quedaron grabadas en tu
mente. Y ese fue otro buen programa. Cada vez que no cumplías con la tarea tenías un
castigo y pronto aprendiste que esto no te convenía, entonces aprendiste a cumplir. Este
fue también un buen programa porque te enseñaron a ser responsable.
Otra manera de instalar un programa es que se imprima en una sola vez. Este programa
tiene tanta intensidad que se instala de inmediato y se queda fijo por mucho tiempo.
La maestra de segundo de primaria un día enfrente de toda la clase te gritó “eres un
desordenado” y te avienta tu cuaderno y tú sentiste una terrible humillación. Ese fue un
programa que se instala de una vez y causa estragos en la persona. Si el niño acepta esas
palabras, las convierte en una creencia, quedará huella en su estructura profunda y será
desordenado por mucho tiempo si es que no por el resto de su vida. Este programa se
convierte en un estorbo para el. Además de que actúa directamente en su autoestima y en
sus capacidades.
Desde luego que hay que corregir a los niños, hay que llamarles la atención, y ponerles
límites, sin embargo, hay que cuidar el lenguaje que se usa, el tono y el volumen, porque
con el lenguaje las maestras programan a sus alumnos a que las quieran o no las quieran,
a que sean aplicados o desordenados, que les guste la escuela o no. De igual manera la
madre, programa a su hijo a sentirse querido, o menospreciado, admirado o humillado.
Y estos programas no sólo se dan en la niñez, sino que continúan en la adolescencia y
luego en la etapa adulta. Cualquiera te puede decir algo que te programe a dejar de hacer
algo o a seguirlo haciendo. Las palabras tienen un gran poder en el receptor. El locutor no
sabe en qué estado de ánimo se encuentra la contraparte y cómo le pueda afectar lo que
diga. Aquí nos referimos a la relación en el trabajo entre el jefe y sus asistentes o
empleados, también a la relación entre amigos donde hay más confianza, y también en la
relación de pareja. Tenemos la capacidad continua de programar al otro por medio de
nuestro lenguaje y por supuesto que el efecto también es reversible; otros nos programan
por medio de sus palabras.
Te recomiendo que tomes un momento para reflexionar sobre los programas que tienes
en tu “mapa” (ver artículo de "El mapa mental y la realidad"), que son programas que has
aceptado consciente o inconscientemente. Ahora puedes hacer conciencia de ello y ver
cuales sí te sirven y cuáles te estorban o ya no están vigentes en tu vida actual. Si una
maestra te decía “desordenado”, haz un análisis para ver si has corregido eso y entonces
desecha ese programa porque ya no estás en la primaria. Revisa otros programas que te
molestan y trata de llegar a su inicio para que igual que en la computadora, los puedas
borrar, modificar o cancelar. Acuérdate que tú puedes dirigir tu mente y por lo tanto tus
programas, pero debes de ser consciente de ello.
La programación más peligrosa es la que hacemos con nosotros mismos. Ese diálogo
interno que persiste todo el día también nos programa. ¿Qué te dices todo el día en cuanto
al trabajo? No puedo, me da flojera, no tengo tiempo, soy un fracaso, me da miedo
avanzar. Cuidado con tus palabras porque estás creando un programa con la repetición y
con el tiempo puede convertirse en una realidad. Al ser una realidad ya es un hábito en ti
y se convierte en parte de tu vida y tu personalidad. Y lo curioso de esto es que sucede
casi sin darnos cuenta que lo hacemos. Pocas veces nos damos cuenta de todo lo que
pensamos y lo que nos decimos. Somos extremadamente nocivos con nosotros mismos
sin saberlo.
Necesitamos estar alertas para darnos cuenta qué estamos pensando sobre nosotros
mismos y qué nos decimos en forma continua. Piensa ¿qué te dices en cuanto a tu salud?
¿Qué te dices en cuanto a tus relaciones? ¿Qué te dices en cuanto a tus capacidades?
¿Qué te dices en cuanto a tus éxitos y a tus fracasos? Toma en cuenta si eres amable
contigo mismo en situaciones difíciles o eres duro.
Lo que eres el día de hoy es el resultado de todos tus programas y esos programas se
instalaron por medio del lenguaje y tú los aceptaste, como ya dijimos, consciente o
inconscientemente, pero allí están. Muchos de tus programas tú los instalaste sin ayuda
de nadie. Ahora es el momento de ordenar tus programas y realizar una limpieza mental
para que puedas funcionar mejor por la vida, en todas tus actividades. Busca mantener los
programas que te dan motivación, energía, autoestima alta, capacidades, impulso,
iniciativa y los demás mándalos al archivo muerto para que poco a poco se vayan
desintegrando.
Cuida tus palabras contigo mismo y cuida tus palabras para con los demás porque los
puedes programar negativamente. Puedes empezar a entrenar tu mente y aprovecha las
palabras para motivar y programar a los que te rodean positivamente. Es un buen hábito y
las personas querrán estar contigo porque se sienten motivados por ti. Sé consciente de lo
que dices y cómo lo dices.