Los Jesuitas y las Carmelitas Descalzas

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Los Jesuitas y las Carmelitas Descalzas

  1. 1. FRANCISCO DE BORJA Y SU T IEMPO Política, Religión y Cultura en la Edad Moderna Enrique García Hernán María del Pilar Ryan (Editores) Albatros Ediciones - Institutum Historicum Societatis Iesu VALENCIA-ROMA 201 1
  2. 2. “ . camnelirzis. LOS JESUITAS Y LAS CARMELITAS DESCALZAS EN TIEMPOS DE SAN FRANCISCO DE BORJA: AMISTAD, RIVALIDAD Y RECELOS Alison Weber University of Virginia As ideas religiosas de Santa Teresa de Jesús se alimentaban de muchas fuentes: las L tradiciones franciscanas, dominicas, y erasmistas contribuyeron a la riqueza de su es- p¡ritualidad*. No creo que sea exagerado, sin embargo, decir que sin 1a dirección de los pa- dres de la Compañía de Jesús es posible que la reforma descalza no se hubiera realizado y que los escritos de la abulense se hubieran perdido. Los confesores jesuítas de Teresa no sólo la enseñaron a evitar las trampas del dejamiento, también inspiraron muchas de sus ideas sobre la reforma monástica'. A pesar de esto, en los últimos años de 1a vida de la santa, las dos órdenes bailaban un vals de distanciamiento mutuo. Historiadores carme- litas y jesuítas han querido tratar este distanciamiento como algo trivial -en palabras de un reciente artículo, no fueron más que “unos pequenos problemas de los últimos años”. Atgunos de los disgustos sí eran banales. Pero 1a ruptura entre las órdenes también se vin- cula a cambios más profundos del clima político-religioso en las últimas décadas del si- glo dieciséis, entre ellos, la decisión por parte de los jesuítas de apanarse de las Corrien- t “ ntísticas del carisma ignaciano. E1 papel que desempeñaba una política exclusionista, o seu, cl ¡novimiento hacia la adopción de estatutos de limpieza de Sangre por la Com- buñíar en 1593 es más difícil de documentar. El propósito de este trabajo es indagar si m cómo- prejuicios anti-conversos entraban en el juego de la escisión entre jesuítas y cu el 1G cn Cl Arc . r¡ Ruben M Ui bibliografia apoyo del Accordo Università Roma Tre -Università di Virginia que me permitió hacer in- hivio Histórico de la Compañía de Jesús de Roma en mayo de 2007. Estoy agradecida “Wks Por los mtercambios que hemos tenido sobre este tema. r ' ” É* d( v mim sobre las relaciones entre Santa Teresa y los jesuitas es extensiva. Un estudio fundamental ' r ' a SES. "Santa Teresa Wma). 347.373. Véase ra indios fríslóricar-lilera y los Jesuítas: Precisando fechas y datos", Archivunz Hirtoriczmz Socie- mbíén I. Elizalde, "Teresa de Jesús y los Jesuítas", AAVV (eds. ) Teresa V103, Roma 1982, 15l~175; I. Iglesias, "Santa Teresa de Jesús y la espiritua- fnü' M(mm'l'"' 54 (1982) 291-311; y E. J. Pardo, "Santa Teresa de Ávila y la Compañía de Jesús en “ ~ 'I 'I - . ,à m? :: ZÉ 033-). @aterros Tereszanas, Santander 1965, 331347. 5_ g7¡ m mçldueãggas - En T. Álvarez (ed), Diccionario de Santa Teresa: Doctrina e Iristoria, Bur- 103
  3. 3. Alison. Weber Las jesummi 104 Como es sobradamente conocido, Teresa de Jesús ~en el siglo doña Teresa de Cepeda j nacíón p: Y Ahumada~ fue hija Y nieta de judeo-conversos reconciliados en un auto de fe celebra- afligía ydglà* do en Toledo a finales del siglo quince. Y como han documentado eruditos como Robert a 1o u: ali Maryks y otros, un número sorprendente de los primeros jesuitas eran conversos3. Esta Sin eãlbanílfzl coincidencia puede ser una de las razones por las cuales Teresa tantas veces eligió a je- de los maré/ C suitas como confesores para sus conventos y los busco y consultó para aplacar sus incer- En re 3 O tidurnbres doctrinales; uno de estos padres fue Francisco de Borja. De un encuentro con mismo tesil: el santo en 1557 Teresa escríbe: 1a (ma, le** on En este tiempo vino a este lugar (Ávila), el padre Francisco, que era duque de Gandía y había a1- i i COHFFCHCIÓ gunos años que, dejándolo todo, había entrado en la Co pañía de Jesús. Procuro mi confesor. .. Ç espmruale-i' que le hablase y diese cuenta de la oración que tenía. . . . Pues despues que me hubo oído, dijo- x encmltradil me que era espírita de Dios y que le parecia que no era bien ya resistirle más. .. y que si después . , de “la hum. el Señor me llevase el espíritu, que no lo resistiese. . . . Como quien iba bien adelante, dio la me- í _, t0 de favorii dicina y consejo, que hace mucho en esto la experiencia. Dijo que era yerro resistir ya más'. mendando 1 : g siada atenci En este pasaje es notable como Teresa repite tres veces el Consejo de Borja de que ella no f Oración su c sus confesores anteriores le habían . › bién haber ( ~ des espíritu debe resistir los favores espirituales, sin duda porque ita siguió consultando con el padre Francisco por es- ¡ _ 1a relación autobiográ- ; í 01° Iglesias dado el Consejo contrario? La carmel crito, aunque ninguna de sus cartas ha llegado a nosotros. Según sa escribió en 1576, una de las preocupaciones que trató con Borja fue el ' terrnediario de la oración de recogimiento en que Um' d res y llamu fica que Tere “sueño de las potenciais”, u los orantes, mientras _absortos en 1a contemplación, qu cios y obras activas. Explica 1a santa, “andan juntas M gunté al Padre Francisco si sería engano esto, porque chas veces acaecía”. En resumen, las relaciones entre monja abulense a fi edan libres para ocuparse de nego- arta y María”, y continua: “Yo pre- me traía boba, y me dijo que rnu- E¡ adm Teresa y Borja, por breves que arse de la autenticidad de sus n a. Para on¡ da de padre run su prof( fuesen, eran cruciales. Borja animó a 1a i favores místicos y le aseguró de la posibilidad de una fusión de la Vida activa y contem- * plativa, algo que ella llegaria a comprender como la cumbre del camino de la oraciónl. Teresa en ¡ La relación entre Teresa y Baltasar Álvarez (1533-1580), su tercer confesor jesuíta, (Jima fue c, fue más problemática. Álvarez vacilaba a veces entre confirmar y cuestionar los carismas à Bllfgos pm de 1a monja. En su Libro de la. vida Teresa lo describe con una combinación de conster- dando que Gran unas p __~___ Tilda d uno. 3 R. Aleksander Maryks, The Jesuit Order as a Synagogue of Jews: Jesuits of Jewish ÁIICESÍTy and Puríty^ _ CWDU of-Bload Laws in the Early Society of Jesus, Leiden 2009. _ , ¡íâllílllllcnlr 4 Libro de la Vida, cap. 7.4.3, en T. Álvarez (ed), Obras completas de Santa Teresa de Jesús, Burgos 1993. Álvarez, es posible que Teresa se encontrara con Borja anteriormente, en 1554, cuando és › r la ciudad y predicó en la catedral (“lesuitas", ai¡ “ I Jim; 1 l¡ (lãlllu g W392, mp 3 14. Como observa de España, visito te, nombrado Cornisar cit. , 214). io para las Províncias rdo con actuaba ni más ni menos de acue diate obrar al C 5 Según E. l. Pardo, a1 darle este Consejo Borja los cuales el buen director debe deja: "imne nes de los Ejercicios espirituales, según ' "San Francisco de Borj 1a criatura, y a la criatura con su Criador y Señor”, 46 (1974), 43-64, citado 60. Aparentemente, el apoyo cipales de Teresa, el “Caballero santo" ' o de Salcado: “Yo quedé muy consolada, do] también holgábase mucho que dijese er ' . .." (Libro de la Vida, cap. 24.3, ed. cit. , 2 5 Relacióit 5.5, ed. cit. , 1129-1130. 7 Véase también “Borja, san Francisco de, sj 0510-1572?, en Álvarez, D e Santa Teresawv cit. , 746-747. según este artículo, Teresa probablemente tenta un ejemplar de evofas 3' P”. 4 chosas de Borja, del cual habría tenido que desprenderse después de que apareciera en e de Valdéâ ' 1559. *Í-l. 8'¡ “i . . 1% hük1lfrf ll¡ ; x à¡ i5** ruriuin * anunciar. . u *insulina da h, de Borja aplacó los temores de uno iccíanario d las Obras ntny d lndic
  4. 4. Los jesuitas y las carnzelitas descalzas en. ríenzpos de San Francisca de Borja 105 nación y gratitud: “Tenía yo un confesor que me mortifícaba mucho y algunas veces me É: afljgía y daba gran trabajo, porque me inquietaba mucho, y era el que mas me aprovechó, m a lo que me parece”. En una carta escrita poco antes de la muerte de Alvarez en 1580, ; ta sin embargo, Teresa encomienda al jesuíta a su prima Isabel Osorio, diciendo que “[es] je- de los mayores amigos que tengo [. . . ] es un santo"? er_ En resumidas cuentas, los padres jesuitas tuvieron un impacto profundo en el pensa- : on miento teresiano. Me límito a señalar unas de las influencias más remarcables: la idea de la oración como conversación familiar con Dios, la necesidad de hacer la oración vocal con atención interior, y el deseo de participar en el labor de reformatio. De los Ejercicios ; a a1. espirituales -que es posible que Teresa los hiciera en forma abreviada- la monja habría . or. .. encontrado consejos sobre como evitar escrúpulos (que ella descríbiría como los pelígros díjo- = de “la humildad falsa” en Libro de la vida), y ganado confianza en el auto-discernímien- ; SPUÉS ~ i to de favores sobrenaturales. Guiándola por el camino de penítencias moderadas, reco- É a me' mendando la meditación sobre la humanídad de Cristo, y enseñándole a no prestar dema- i 4' siada atención a los gustos sensibles, los jesuitas la ayudaron a evitar que su método de - oración su confundíera con el dejarnientow. Los primeros confesores jesuitas pueden tam- “a 11° N* bién haber contribuído a 1a nocíón teresiana de 1a importancia y 1a licitud de las arnista- “bia” “ Í des espirituales entre hombres y mujeres para el progreso espiritual. Como observo Igna- 'OT es' cio Iglesias: iográ- fue el Una de las cosas que más impresiona en Teresa, y concretamente en su relación con sus confeso- en que res y consejeros, es ese maravilloso arte de integrar adhesíón y afecto personales (no se recata de 3 nego_ llamarles amigos y de manifestar su amistad) con una soberana libertad frente a ellos”. Yo pre- . . . . , . . . , . . . ¡ue mu_ El adiestramiento espiritual no fue la unica contribucion jesuita a la refoima Teresia- na. Para once de los diecisíete conventos que la santa fundo en su vida, contó con la ayu- da de padres de la Compañía. Muchas parientes e híjas de confesión de los jesuítas hicie- , mn su profesión en los nuevos conventos descalzos. Pero unos años antes de la muerte de 'Peresa en 1582, una fisura se había abierto entre las dos órdenes. Aunque la causa inme- : liam fue competencia por patronazgo (una disputa ocasionada cuando una rica viuda_ de i Burgos prometió un legado para la fundación de un convento desealzo en Burgos ~olví- : a dando que ya se lo había ofrecído para 1a fundación de un colegio de jesuitas), las raíces eram más profundas”. Para recuperar el punto de vista jesuíta, será necesario volver la mi- tada ii unos problemas que surgieron durante el generalato de Francisco de Borja. t CÍomo es bien conocido, ,durante los dos primeros generalatos la Compañía acogía _Eüznlmente a cristianos viejos y cristianos nuevos. No hace falta más que citar las pala- ¡ 'WI th' ! a Wrla. cap. 26.3 ed cit 233 ñ trinta¡ de¡ 8 de abril de 1580, en L. Rodríguez Martínez y T. Egido (eds. ), Epistolario, 2' ed. rev. , Madrid i1 i / con _mas detalle en "Teresa d'Avíla e raPP°ni Con i Confessoú”, en Gabriella ? à g_ ; guy _ . .Sama _lfxumí sPmfllüle. III, etzrmodema, .Brescia 2008, 289-309. y _ , m M_ m ; uma um em eíabeplesus' y 1a espintualidad ignaciana", Manresa 54% (1982) 29l-3l1, citado 30?. ». _ q _msmx icms de lan Cgo eiarfia libertad es uno de los grandes temas del Libro de la wzia. La influencia auíkuys a Ia "md a sobre las constitucipnes teresianas se transparenta en 1a importancia que hmm de rcurcación c cion en la penitencia, el valor de la salud para el apostolado espiritual, y la ne- ¡ b I ' . Sã¡ x' d” I** Cml. San/ a Terera en Burgos, Burgos 1982. Las dos órdenes a veces entraban en compe- n sobre voeac' . (m a quhrçeionels. En l57_8 un antlguo confesor jesuíta de Teresa le acusó de haber persuadido a ' ( e t' C°mPan1a para hacerse carmelita desealzo.
  5. 5. i Alison Weber L . . . OS jeSullt/ .Yi prejuicíos 106 bi as de Jeronimo Nadal de “habere nos delectum in illis recipiendis” , o sea, su afirmación que a los jesuitas les complacía recíbir a conversos”. Esta política fue sutilmente modifi- Cana d f. _, cada por Borja Aunque Borja encargo puestos importantes ajesuítas españoles de origen . _ e u"? , _ . t _ _ quieie persd conveiso -el ejemplo mas destacado es su secretario Juan Alfonso de Polanco- para 1565 en esta C el general estaba enfrentándose con el problema de qué hacer con candidatos que tenían ChO los Ém- " En una carta fascinante a Antonio de Córdoba, por comisión a Polanco, Cashna 1 0g ' un caso delicado. La eleccíón del provín- pesar de 1 Ã da ue' racial tambij “nota de Sangre. general evalua e Cañas. Avellane tre Diego de Avellaneda y Juan d eso. El problema es que se di- dadera pr c, C l de 1565, el padre hereditariasj cial de Anda ne mejores calificacíones que Cañas, quien aun no es prof funden rumores de que Avellaneda tiene “algun defecto de linaje”. Pero Borja (y no se puede descartar la posibilídad de la influencia de Polanco) observa que el tribunal de la En CMOS _ , Inquisición de Sevilla no ha tenido escrúpulo alguno en emplear a Avellaneda como con- m; m; COLE sultor del Santo 0ficioi4. Respaldado por el nihii obstat de los inquisidores, Borja resuel- aiuda a j] ve la eleccíón a favor de Avellaneda, concluyendo que “seria demasiada especulación de amistad É? linajes” inquirír más. Sin embargo, continúa 1a misiva, debido al “humor de esa provin- eligiera ai' cia, se requiere consíderación en este caso de linaje est quodam prodire terms" (hasta cier- S-¡ón de JP: ta medida). La carta termina asi'. uhmnof, m [Plarece bien aNP el no aceptar los tales [conversos] y asimismo, aunque no iuese tal infamia, si _ LES P0 hubiesc realmente nota de linajes en las partes donde este se recibe mal que no se admitan, sino pmbilble' que con partes no parece muy conveniente, pues el respeto de la edificación de los próximos que Deda de | pretendemos muevc a cllo, y así es bien se practíque”. c" wmm coinercad Estos sentímientos se reafirman en una carta del 22 de enero de 1566: los que tienen no- Cm” “em ta de linaje no se deben recíbir, aunque se añade de manera conciliatoria, “Podrá endere- “Í pm? ) lí' zarse a otra parte remota, donde cesase ese inconveniente de la nota, y no se dejará de ad- Wii) um¡ '< mitir quien tiene para ello partes [más] que medíocres”. Estas cartas requieren cíerta “jm” “m” descodificación. Primero, se debe notar que la carta reconoce que los prejuicios anti-con- fm¡ “asi” '~ versos varían de región en región. En algunas províncias -corno Andalucía- donde hay Ímiii_°r“' i un marcado “humor” anti-converso, se opina que un candidato converso no podría reci- : ijlíli d” _l bír una buena acogida, y por lo tanto la misión apostólica quedaría perjudicada. Es de no- iii nã? " (“ tar que el argumento de que 1a decision de aceptar o no a conversos debe depender de los ¡ m 11g: : . . unnçiia 1,¡ , -dv-o» Irrríriinu» t* “Disputavi etiam acriter contra opinionem Soti, quod ordo correptíonis evangclicae non esset seryandluõ fidxu¡ m_ in crimine haerescos: conquesus est apud me quod non reciperemus, qui ducunt a judaeis originem; s id sem? dm _ de Araozio et Mironc. Respondi ita non esse', sed hahere nos delectum in íllis recipiendis" (Mon Nadal 2'. 211 ' m” 1 La bibliografia sobre Ignacio y sus actitudes hacia los judios y los judeo-conversos es amplia. Remito a1 lecm¡ a tres estudios fundamcntales: Robert Aleksander Maryks, The Jesui t Order as a Synugagzie of . lews: .IeruiI-t “Í Jewish Ancestry and Purityv-of-Blood Lmvs in the Early Society of Jesus (Leiden: Brill, 2010); Francisco de Bm' ja Medina, “Ignacio de Loyola y la 'limpieza de sangra”, en J. Plazaola (ed), I gmicin de Loyola y su riem! ” Congreso internacional de historia (9-13 Setiembre 1991), Bilbao 1992, 579-615; idenz, "San Ignacio y 10s ' dios", Anuario del Instituto Ignacio de Loyola 4 (1997) 37-63. 'i E. Garcia Hernán (cd), Borgia Vll (l 550-1566), Valencia y Roma 2009, 348. Borja considera doblad° testimonio a favor de Avellaneda, porque había sido colegi de Osuna, “donde no se reciben sino hechas S* obaciones de ser cristianos viejos” (ibid). den entrar en la Compañía tuviese algmmp aunque_ situvie na delas que prcten de edificar; Carta de 22 enero ión recíbirle, no se recíba, vincia1e5 a así: “Si alguna perso de 1566 a algunos PIO qual no sería llos Dios NS”,
  6. 6. Alison Weber ) Sea su afimiación 2 sutilmente m0f31ñ' españoles de Origen Polanco' Para 15,65 mdidatos que tenlan common a Polanw» elección del provin- añas. Avellaneda tie- 'oblema esflue 5° dl' Pero BOYJa (y “o se V que el tribunal de la xvellaneda como 0°” LSÍÕOICSa 1301113 resuel- siada esPeclilacíón de ; humor de esa provin- : líre tenus” (hasta der' ' 'a, si Que no fucse m1 lqftaíriusino m¡ que m) se admi a , "ación de los Prómms que [5662 insane úáenííàã: iliatoria. P04¡ , e na, y no se dela” de. a: s cartas re9í“°““t›° e los prõlmcms an 1 h o Andalucía- donde a? . , c¡- Cmversqno poãxsuiíeenm ¡Ía Penudlcada' d r de los rsos debe (169% e evangelic _ _ em_ nt a Pdaals 0351": Nadal _ _ . u o recipiendis _ _ñ ersos es amplia. Rem Los jesuitas y las carmelítar descalzas en Iienrpos' de San Francisco de Borja 107 prejuicios locales es basicamente el mismo Consejo que Ignacio dio a Pedro Fabro en una carta de fines de diciembre de 1545. Recordándole que la misión de edificar a todos "re- quiere personas agenas de toda notta que impida el fructo espiritual”, le aconseja “hazer en esto como os parecerá según las costumbres de la lierra"" (énfasis añadido). De he- cho, los conversas de Andalucía gozaban de un inferior nivel de integración que los de Castilla 1a Viaja, sobre todo los de familias que se habían convertido antes de 149213. A pesar de la conclusión exclusionista de 1a cana del tercer general, la ausencia de retórica racial también es de notable. Es más: la expresión "nota de linaje” sugiere el que la ver- dadera preocupación de Borja no era la Sangre -o sea las características supuestamente hereditarias de los jude0~c0nversos -sino la fanza o reconocimiento público de su linaje. En casos equívocos -como el de Diego de Avellaneda Borja optaba por ignorar 10s rumo- res no confirmados”. El carácter pragmático y circunstancial de la política de Borja nos ayuda a comprender la paradoja de que el tercer general de la Compañía entablara una amistad espiritual con una monja conversa, que continuara esta amistad por cartas, que eligiera a un converso como su secretario, y que ~al mismo tiempo- aprobara 1a exclu- sión de jesuitas conversos en la província de Andalucía y otras partes donde existia un “humof” anti-converso. @Es posible que Borja no conociera el linaje judío de Teresa? Me parece muy poco probable. Si no le hubieran llegado rumores de] pleito de hidalguía de los hermanos Ce- peda de 1515 (el fallo a favor los Cepeda no pudo borrar totalmente el testimonio dado en contra de ellos), por no decir nada del barullo ocasionado por el patronazgo de un ri- co mercader converso cuando la fundación de Toledo3° Borja pudo haber tenido informa- ción sacada de las “Examinis secreti interrogationes”, los cuestionarios que cada candida- to para 1a Compañía tenía que contestar y que incluían preguntas sobre el linaje. Le habría sido fácil a Borja trazar la red de parentesco carnal y espiritual que unía a carmelitas y je- suitas conversos. No. Borja sabía que Teresa era conversa, pero síguió carteándose con ella hasta su muerte. No síntió la necesidad de romper con ella porque Teresa no era una conversa andaluza. Si ella tenía “nota de linaje" no era tanto como para molestar a doña Luisa de la Cerda o al obispo de Ávila, don Álvaro de Mendoza, o al futuro inquisidor general Gaspar de Quiroga. F Si su condición de “cristiana nueva vieja” y el favor que gozaba de unas de las fami- ÍIHS fljás nobles de España libraban a Teresa de ataques abiertamente anti-semitas, ella re- 22151111? a este salvoconducto cuando en mayo de '1575 se doblegó al deseo de su confesor f: animo Gracian de hacer una fundacion en Sevilla. Aunque hay muchas razones para el mano de Sevilla (falta de recursos económicos, enfermedades, 1a hostihdad de los calza- “là Por no decir nada del hecho de que el general carmelita sólo había autorizado funda- . cifS . s a Synggogue Of JEWÊCÉBÂ: B m. _ [Il/ Ii lg". l. 33463.6, citado eu Medina, "San Ignacio y los Judíos", art. cit. , 54. La idea de que los con- : n: Brill, 2010)', Franclssu ggnlpü m¡ dvwrlslàtàlcairlaiu la misíón apostólica es también crucial para el decreto 52 de 1a Quinta Congregación Ge- ), Ignacio de Loyola tio y 105 j¡ a “um ' q: : formalmente excluye a conversas de Origen judío o musulmán de la sociedad. Vease Marc 615; idem, "san Igua k à! ) “ànll jm: : A Fmdfall to Fall: The Conversas in the Society of Jesus", en Thomas Michel (ed. ), Friends on _a Considera doblwkw . rg A; hmm. ; íãgtífzfoppry Judaism, New York 2007, 8-28. x a l " ' ' ' 9, 348. Botj meu sino hechas 5 É, m am qu¡ “Ohm . l ocom emo. : en la Espana nzodertza, Madrid, 1932, 267. Segun León Polia- unde 110 se rec › IgURV” . » ¡uvleseñ ' . en 1a ComPaVàa aunque st WV** “ev m, se reci a, vinC' › de 1555 a 21191905 P” E_ . mhhukiç n_ , t _ en! leurs frêres conversor: Ainsi ceux de la Vieille-Casülle concédeaient queseux . dê : RNÊYÊÉSSÊÉUG dDes Juifs ou pire, mais réclamaient pour aux-même la qualité de bons chrétiensw g _icmbre ¡565 '[13' ' 8 Mai/ roma aux Marraner, Paris 1961, 178. Irónicamente, como hace patente 1a a b Inquisidores sevillanos no compartían el “humor" de sus compatriotas. › l a
  7. 7. Alison Weber Losjesuiras y [as má 108 brimiento de Por lo V. . IStO esta dire¡ stilla) hay que añadír el “factor alumbrado”. E1 supuesto descu de alumbradismo en los pueblos de Extremadura amenazó con pillar a je- t _ ? ar as que reneraron ; as carmelitas: suitas y carrnelítas en una red fantástica tejida por un fraile dominico anti-semita. En 1570, fray Alonso de la Fuente, dicación por Andalucía, durante una gira de pre Gas ar Sánchez 'esuita ens p 'J ' Quanto a1 tratar ( ciones en Ca eñaba la oración contempla 'va a un gru- V bos cuando co- * ra quitar el ex _, cus_ aprendió que un tal po de beatas, y según se decía, éstas experimentaban extraordinarios arro mulgaban. De la Fuente estaba convencido de que había descubierto no sólo una conti- “parece bien quê nuación de la secta frio-protestante castellana condenada en 1525 sino una versión de una litas Tõsttígiendoí antigua secta mucho más amenazante: se trataba de nada menos que una conspiración de- 1 moníaca liderada por jesuitas de origen judío. En la ciudad de Zafra, según De la Fuente, _V Estas directivas “hay al pie de setenta sacerdotes, y los sesenta son judíos" ~y todos maestros de la sec- __ °0I11°6S0r converso (É ta”. Alo largo de la década de los setenta, De la Fuente atacó a los jesuitas como magos COHÍCSOI de 1a cam¡ ducían a sus hijas confesionales a hacer un pacto con el demonio, muy Parecido a1 suyc' del fraile, considerándolo “un = rez 'ordenó a Álvarez . ~ acclón de Mercurian y hechiceros que se Aunque la Suprema dudaba de algunas de las acusaciones eras una investigación. inicio de todas man Siguieron el edicto de fe es, y en 1579, que se recatara de sig un auto de fe en que ? i1 › bre de 1577 Avellang? loco con su tema”, (1575), arrestos, cuestiones de tormento, confesion nueve hombres y diez mujeres fueron sentenciados por varios delitos n. _ _ bien. Ninguno de los penitenciados era miembro de 3 IPUJCfCS, especialme* dura pueden haber persuadi- ' hcamter V559 SOÍÍaHÉ Í En cierto sentidoã habían defendido Los jesuitas se la Compañía. Pero es fácil ver como los sucesos de Extrema do a Everardo Mercuriano -elegido el cuarto general de la Compañía en 1573 tras la j_ _ muerte de Borja- de que los üernpos eran peligrosos para la contemplación, para la espi- ¡3: 99mm¡ adoptada dej los lazos estrechos que se podían formar entre un fo" '51 _mecenazg ã u¡- cattnnos diplon e Pmstltutas. Pero a ritualidad afectiva, y sobre todo, para director espiritual y sus hijas penitenciales. Everardo Mercuriano (1514-1580) es una fi suita. Un rigorista arm-espiritual para algunos, para entusiasmos exóticos que amenazaban con desviar a los jesu Sea cual sea el juicio histórico final, Mercuriano decidió que era ne rovincial de Castilla: distancia entre jesuitas y sus hij as confesionales-sobre todo las carmelit 1574 Mercuriano escribíó a Juan Suárez, p m ~ . “Ji-les, fueran nom. ilfulgadas nuevas reg _yesuttas evitaran tr«¡¡. . - * * Plostrtutas en lnanus - li¡ tnantener 1a met/ i¡ res oErdinarios o dire r) ' 'n suma. para n spams en cuanto a r gura controvertida en la historiografia je- otros fue un líder sobrio que corrigió itas de su misión apostólica. ” cesario establecer más as descalzas. En n tener cuidado de monjas, mas de y haciendoles platicas y observe nro instituto, a se mete mucho la mano e dolas q quieren entrar, V. P lo Vea, y baga q se nci delas y examinan governo. Aca se entiende q en essa provi tuto sufre confessan la q nro insti resolviendo difficultades en cosas de su tuciones”. reduciendolo a nras consti VW “ (Tu-v - . . (Íãut. ? P: : Juan Sand ' 'l » . à -. ' '> Y Cílrta . lu H1 n, C onvicn _ , , . e ( u d¡ _as fedlmienll E ln í O css ____, _ _ É . pari. cu” 370 1' Historia de 10s alumbradas. Vol. l'. [os Alumbrados de Extremadura (1570-1582), A. Huerga (Bd-L M” y Elídcau. “The 5 -- drid 1973, 363. Úalmases, “s-. .Ãnrm “descubrirnientw de los alumbrados de Llerena, véase Stefan _ * Surfista Íãts ro. . _ici H mi della "WWW s¡ gíng" “M Recipmcityní: modus, “um” um Jiwl mística* di Mercuriano: i retroscena spagnoli”, Dimension¡ e proble Pastore, "La “svolta anti “Dueños de honras, almas y hacíendasH l gesuití e A5 astiglia e i sum' çririci (1460-1598), Rome 2003.4175 _ rica, 1 (2005) 81-93', y da: Ulnquisizione di C ' enerosa para con Mercuríano, V9 de eadem. Il Vangelo e la spa 23 Como ejemplos de la historiografia revisiomsta que es más g r': Mercurian, Cordeses, and Álvarez”, en T. M. McCoog, (ed-l _ _ 7. Pastore (“La “svolta autimlSW Endean, “The Strange Style of Praye curian Project: F orming Jesuit Culture 15 73-1580, St. Louis 2004, 351-39 art. cit. ) recalca los motivos antí-conversos de Mercuriano detrás de polític 2" Carta a Juan Suárez, 1574', Archivum Romanum Socie Dalmases, "Santa Teresa y los Jesuítas", art. cit. , 369. ión de los jesuitas en el 1¡ Sobre la implicac i 'Th-al . t man Il. (qwmrpk u( 'inquisízione (l572-l588)› ° - e* rm mesmo pmr ua r ¡íwmklü n¡ n , as V nsãsglik' dum"" l wçé~nz~: rx»~ ' í “t-díi. 1m¡
  8. 8. Alison Weber cubrimíõnm sie . con pillar a Je- 'r-semita. / ndalucla, por plativa a un gm' obos cuando C0_' ) sólo Ima 001m' ; a versión _de Wa conspiración dê- gún De 1a Fuente, .aestros de la sec- uitas como maEPS › con el demotllü- onsiderandolo un mn 51 edicto de fe auto de fe en q” ZZ_ los era miembro de : íen haber Pelslladl' ñía en 1573 tras la nación, para la BSP? lían formar entre un 1 la historiografia ÍÊ: -r sobrio que COmgKS, u mmón apostolica. ) : esario @Stable/ cer mês rmelitas descallas' n , A - de , - de momamm” e 'uldado laticas Y ° deles p ar. Y hexgrãrrtve “to instituto. q se 0 S O 1582) A Huerga (EÓÀM éase swf tdos de 1516595' ig rícercuã/ "i . e 'Zu (172-15883» t' . qulsl ¡o-1598), Renji) 'a °°“ Mamma (és). T' M' Mcqoogita ' t : store (fl-da SW xti-mísüca- Han cú Cast 1, f- 17v* mm l' Los jesuítas y las carmelitas descalzas en tiempos de San Francisco de Borja 109 Por lo visto esta directiva fue difícil de hacer respetar. En 1578 Mercuriano escribió tres cartas que reiteraron el mismo mensaje, señalando en particular las relaciones con mon- jas carmelitas: Quanto al tratar con las monjas carmelítas vea con el padre visitador el remedio q les parece pa- ra quitar el exceso q ha avido, y 1o exeeuten y me avisen dello” y cinco meses después escribe: “Parece bien que los nuestros vayan dexando suavemente el mucho trato q tienen con las carme- litas restrígiendo este trato a la forma de ntr instituto”. Estas directivas coinciden con una investigación sobre Baltasar Álvarez, el antiguo eonfesor converso de Teresa. Álvarez aun no era contemplativo cuando actuaba como confesor de la carmelita. No obstante, posteriormente desarrollo un método de oración muy parecido al suyo. En 1573 -el año en que Mercuriano fue elegido general- Juan Suá- rez ordenó a Alvarez escribir una defensa de su oración, la cual se envió a Roma. La re- acción de Mercuriano fue negativa: mandó que Álvarez dejara de enseñar su método, y que se recatara de su manera de hablar, “porque los tiempos son pe1igrosos"25. En octu- bre de 1577 Avellaneda, ahora Visitador, ordena que Álvarez deje de “gastar tiempo con mujeres, especialmente con monjas carmelitas, en visitas y por cartas, sed suavitcr et ef- tlcaciter yrse soltando dellas”. Suárez repite la misma advertencia dos meses después”. En cierto sentido, Mercuriano, Avellaneda, y Suárez no hacían más que reafirmar una política adoptada desde hace varios años. Cuando Ignacio llegó a Venecia en 1535, con- tó con el mecenazgo de damas axistocrátieas para fundar sus primeros colegios y para abrir caminos diplomáticos a Roma. Y uno de los primeros apostolados era la conversion de prostitutas. Pero a partir de 1540, Ignacio tuvo que aceptar que por estas relaciones con mujeres, fueran nobles o no, los jesuitas se exponían a calumnias. Por lo tanto fueron pro- mulgadas nuevas reglas para asegurar el debido decoro, las cuales recomendaban que los jesuitas evitaran tratar con mujeres de las elases populares y que dej aran el apostolado a prostitutas en manos de damas nobles”. Las constituciones también especifican que, pa- ra Inantener la movilidad necesaria para su apostolado, los jesuitas no deben ser confeso- res mtlinarios o directores espirituales -sobre todo de mujeres religiosas”. y lÉln suma, para mediados del siglo dieciséis, Ignacio y sus compañeros tenían graves “Patos en cuanto a un apostolado con mujeres -especialmente monjas. Pero si los jesuitas , N u um** : rluzul Sánchez, marzo 1578, ARSI Cast 2, f. 20:; carta a Juan Suárez, 25 de agosto de 1578, ARSI k (mw/ v lp~onviàny carta Juan Suarez, l de octubre de 1578; ARSI Cast 2, f.31v: En esta última, Mercurianopes- Çñbars fuma: (gre lo' nros suavemente vayan cllexando el mucho trato q tienen con las monjas carmelrtas ” , ._ i'm. m', 126) esse trato a la manera de nr instituto". Véase también Dalmases, “Santa Teresa y los Je- . t. Sttrãqnge Style of Prayefmn, aq_ m. , 363_ , “bm 'üéprelãêrjmzjle eresa y loslesurtas", art. crt. , 267. _ a - , .t Em Ráêiínxuxity. erêtrellos jesuitas y susrelaeiones con diseipulos femenmosivease O. Hufton, “AL tnluí" me Jéqui: S31 Y Jesuits and Then' Female Patrons”, Renaissance Studies, 15 (2001) 228-253; : gh n' Fuhwex lycáe. " ee the World z Women and the Society of Jesus", en J. W. O'Ma1ley, et al. (eds. ), am¡ megma párque lazer and the Arts, 1540-1-7/73, Toronto 2006, 33-47. A ' . j , :m y mm d y unindo. ¡Êrstànas desta Compama deben estar a cada bora-premiada? Dara discurrir por si# animar ni menoscílaxon ã here" lmhaflás PDI el Summo Pontífice o sus Superlores, no deben to- M. ¡mmlue OH A 8o e mugeres religiosas o de otras qualesquiera para confessarlas por ordi- - P "M Passada no repugne confessar un monasterio por causas speciales"', COHSIÍIM- &hitçn/ Iw . , g: §,§¡, ¡__LV“gwJà: :É: ::: FMCatholioaonrrurLeu/ Ofâd/1491-1556, _Ignatius_ Loyola_ Constitucíones_
  9. 9. Alison Weber › Los , jesuitas _y [as 1 10 de Italia limitaban cada vez más su apostolado femenino, en España sus compañeros si- 7 guieron destacándosc como directores espirituales de mujeres Cuando Mercuriano [ue ~ Con 1a escuela saç É elegido general, evidentemente decidió que ya era hora de cortar esta práctiea en la pro- : Í fa 61 Convento de É vincia española, y el nuevo pânico alumbrado tiene que haber fortalecido su determina- '_: un destacado digg¡ ción3° la Universidad dc j Pero es posible que haya más que cautela ante los peligros de la dirección espiritual dicado que los Jud¡ g de mujeres En un artículo ieciente Stefania Pastore ha llamado 1a atención a la directiva ~ í_ Cluían profecias m f de Mercuriano de enero de 1578 en que ordena la visita a Andalucía. El general manda , y herétícos, y el hahq '~ que los visitadores examinen los escritos espirituales de jesuitas y que 4 tigo declaro que Cl ' p À I . p , Jesús, que_ según advierten no se mesclen impropiedades en el lenguaje destas cosas que ahora son mas peligrosas na de SenaM_ que nunca por asemejarse al modo de hablar de los alumbrados que ahora ha resuscitado. Y en es- Subsíguicntcni to debe con mas cuidado adveitir por tener esta provincia vezinidad con los lugares de donde es- E, lciise y secuestró icación y mezcla con algunas personas que hazen profession de spi- breplícíameníe Cni cia contrariada dei lnquisición, acusa ta gente ha salido, y comun rietuales ilamados a”. como judías35_ En Avilistas, o de Baeç Sevilla en 1576_ Era bien conocido que Juan de Ávila y muchos universidad de Baeza había dado una buena acogida a estos. Pastore concluye: Non si trattaxia ovviamente solo di un ' ›. ~ , . __ _ __ C112¡ había Consult . . problema di letture lrnistical. Si tiattava di depurare limma- bo cn l S78 gine della Compagnie in Spagna da alleanze ormai scomode. Di allontanare il piu possibile i gesur l, _ * › a T9113 ti dallo scandalo del primo alumbradismo andaluso e soprattutto di allineare la Compagnja alla po- d¡ desnudas : mig litca di disciminaúone spagnola che irnponeva di non rieevere conversor all' interno degli ordini”. PWCÊSO» Y 'dunqii ¡itzis desde aderir¡ Aunque Teresa gozaba de la protección de aristócratas castellanos como doña Luisa CHFÍOSaIncme de la Cerda y don Álvaro de Mendoza -personas que por lo visto eran indiferentes a cues m* "Cklciones co¡ tiones de limpieza de sangre cuando se trataba de “cristianos nuevos viejos# la reforma h' "m3 mCSes dos dora no podia (o talvez no queria) aislarse de los espirituales conversos andaluces Des- m” Síigrñda de 1; de 1562, Teresa había buscado Consejo del Maestro Juan de Ávila, el famoso predicador m". l” "JQUÍSÍ lÓn anuserito del Libro de la vida. Teresa tal vez ra~ pccilhmi m* (1110 i 'nquisitorial en Ímltííllilón de ohc ' di. lan | Jll auto (lr deseando que le leyera el m ' alido absuelto en un proceso i ' ' ' ' . En 1568,des- , . _ “iiillmlcirín do iu. de Andalucía, zonaba que Ávila, un converso que habia s 1533, sería 1a persona idónea para avisarle de cualquier desliz teologico , . ontestó ala carrnelita, asegurandola de que dh_ l_ l _ 53. Los laL di icdienciii * * i e! buena ; Lg pues de hacerse m qito 1o cncurgó H p: _ uu, cl que 11t, ', ' su doctrina era buena, aun s de alumbradisrno. 3” Los jesuitas habían superado acusaciones anteriore yola y los alumbrados", Hispaiiizi Sacra, 35 (1983) 585-680. Sin embargo, . disolvió del todo. En 1552 el dominico Mclchor Cano atacó Los eiercicias espiriiiuiles, ale a ~ entre 1a espiritualidad ignaciana y ei alumbradismo. Dos veces el inquisidor se refiere a su d ' - _ r pinus M: diseipulas de Isabel Rossi' Y los jesuitas; T. O'Reilly, "Melchor Cano and S ' ' ' o S › “M” 111d” na qn de Loyola y su tiempo, ed cit. , Bilbao 1 ' V* . .irma “aii/ u, m1 V . ni ! min (lt. _ j *n Sun/ u xuales entre las Ignauus Loyola”, en Juan 5” Citado en Pastore, “La *svolta antimistica”, art. cit. , 87-88, 31 Ibid. , 88. i3 Ávila fue encarcelado en 1532 voreeido a una beata que se airobaba i' , en J. Esquer quisición” y s . ' - e de 1568 el Maestro a ~d fiarse della muy bien puede vuestra mercc erdaderos”, Carta M58, Epirtolario, vol. del raiiro maestro Juan de Ávila, ed. rev. , y absucito el 5 de julio de 15 . . ' ' ión mental era mejor que la or y el haber dicho que la oiac le Sun Juan de da Bifet, Diccionario z segura a Teresa, “ y seguiria; y en los raptos h 5 de L. Sala Balust y Madrid 1970, 574. _ se Ávila, Burgos 1999, 5125,? ' ' sta buen! ! P9' 1a mayor pane, y ne los que son v Obras completas
  10. 10. Alison Webe" Los jesuitas y las caimelíras descalzas en tiempos de San Francisco de Borja lll “S Compañeros S3' , con la escuela sacerdotal del apóstol de Andalucía no terminaron aquí, sin embargo. Pa- 10 Mercuriano me ra el convento de descalzas de Malagón, fundado en 1568, Teresa eligió como confesor a práctica 6013210' un destacado discípulo dc Avila, el converso Bernardino de Carlcval, después rector dc ; cido su Óeícrmlna' 1a Universidad de Baeza. En 1574, Carleval sufrió un proceso inquisitorial por haber pre- dicado que los judios no eran responsables de la muerte de Cristo. Otras acusaciones in- ión espiritual cluian profecias mcsiánicas, el haber dicho que los estatutos de limpieza de Sangre eran ' cce : Íiêión a la directiva ' , heréticos, y el haber tenido relaciones deshonestas con beatas. Durante su proceso, un tes- a_ E) general manda b- tigo declaro que Carleval dijo haber leído un “libro de revelaciones” esciito por Teresa de ue " Jesús, que, según el rector, contcnia revelaciones mas exaltadas que las de Santa Catali- í, na dc Sena”. ahora son ! nas ?9112113535 - . Subsiguientemcnte, la Inquisición empezó a recogcr información sobre la monja abu- aha resuscitado. Y en es- lense y secuestró todos los manuscritos del Libro de Za Vida, que se habian divulgado su- i los 102m5 de úmida sã_ _à brepticiamente entre sus discípulos y admiradores. Por si fuera poco, en 1575 una novi- 2h81” ? mess-xml de SP1' cia contrariada del convento de carmelitas descalzas de Sevilla delató a sus hermanas a la Inquisición, acusándolas de alumbradismo, porque rezaban con las caras hacia la pared, como judias”. En la relación dc su vida que Teresa escribió a petición del inquisidor de Sevilla en 1576, ofreció en su defensa una lista de nueve confesores jesuitas, a quienes ella había consultado sobre su vida espiritual. ” En una tercera investigación, llevada a ca- bo en 1578, a Teresa y las monjas de Sevilla se les acusó de deshonestidades, como el bai- . ue la ; Yan conveisoS Y C1 are concluYe' . a di depuratc 15mm* . . . , . , "W471 m pogsíbm¡ gem. lar desnudas ante su confesor. Aunque la investigacion se suspendio antes de pasar a un Êmareelyàpcompagnga alla po- proceso, y aunque las acusaciones fueron retractadas, los rumores marcaron a las carme- mear . ~ ttordiniil. litas desde adentro afuera. rsos all interno (152 _ _ / _ f Curiosamente, Teresa -gcneralmente muy astuta en cuestiones politicas- nunca corto sus relaciones con la escuela de Ávila. De hecho, se encontro con otro discípulo de Ávi- la unos meses después de que éste salió de las cárceles inquisitoriales. Profesor de Escri- tura Sagrada dc la Universidad de Baeza, Diego Pérez de Valdivia había sido arrestado por la lnquisición de Córdoba cn 1575. Entre otros delitos, se le acusó dc haber dicho que pccahztn los que observaban el estatuto de limpieza de sangrc y que los hijos no tcnían nbligttción de obedecer a sus padres cuando ello les impedia dedicarse a la oración men- lãtl, En auto de fe privado a ñnales de 1576, el doctor Pérez recibió una sentencia de Élljllífilcltün de lcvi por proposiciones malsonantes y audaces. Se le prohibió predicar o pe- dir la obcdtencia a sus hijas de confesión pcrpetuamente. Dos meses después, Teresa lc dm uma bttena acogida cn cl convento de Toledo. En una carta de 18 de febrero de 1577 lc encargo llevar a Fray Ambrosio Mariano, la carmelita escribió: “Es el señor Diego m. ; el que lleva esta, que he alabado harto a nuestro Señor de verle libre. Bicn parece r ll os como (1053 Luisa = an ' u _ _ S_ indiferentes a C119 vila, el faIDOSO ' _T resa un pr - , . es, des iz teol0g1°°' Er¡ 15 lita asegurándola de que me 9 etesft ziomsss_ Los lazos de T tale = , , m Sofñzfãi: : ale CRH? MdHttlCZ, .Santa Teresa de Jesús y Ia Inquisición española, Madrid 1972, 27-43, citado 34. 35 “P” @me Ásupu s ' D¡ , i imãs l! :¡; É^; '~| (INC Teresa lc liahta pedido a Carleval, profesor dc teologia, su opinion sobre la doctrina del . or se : No and ~ , V à Í u: : (It. como se lo había pedido a J. de Ávila (32). Sobre las sospechas de que 1a Universidad de 40W 31h30 ¡992136 í , V_ i pm' uso t e ttlumbrrtdtstno, véase también Pastore, II Vangelo e Ia spada. .., op. cit. , 405-416. 5d_ at_ i V (HI/ U Ícrcsa : Ie Jesús, op. cil. , 62-77, n crê. cit. , lll2-ll28._Entre los jesuitas que Teresa nombra figuram Antonio t¡ ! mins los nueve iesuití¡ v a “Élon exclusionista), Francisco de Borja, y Baltasar Alvarez. Para la ã Í _HW (Ívllcrjlclíwnrkss mencionados en 'esta relacion, vease las notas dc K. Ilíavanaugh O. Rn- Of SI. Teresa of Awla, trans. Kieran Kavanaugli and Otilio Rodríguez, Was- ~' nesñg“m“ _. _ i i r , BursOS í* . m7 . t , ¡ Juan tie fg: : O¡ - n esta” _ dm &Slguíiilífs l, 496-497. Es interesante que la Inquisición encargara la investigación a dos je- Ja ductiu; ramos ha ' sem' _ *ñattinmnici (ldvfas dc Tetñsa: Rodrigo Álvarez y Enrique Enriques (Henriques). E1 segundo fue 'i y e” o F Mani . íiílíilínrlttrl' (ãiitis m” SB liabía convertido del judaísmo. R. Maryks, Jesuirs of Jewish Arzcerrry: ' ' O): WWWJewishjesuitscom.
  11. 11. chas, los disc Losjesuitar y las cmi Alison Weber Entonces› &Podeiri l 12 siervo suyo de veras, pues ansí le ha ejercitado nuestro Señor en padecer”. Para estas fe- ípulos de Ávila -y sobre todo los asociados con la Universidad de Baeza- ra o síquiera l a, sin embargo, parece no haber he- nombró a un un Codi convers( duda, Everardo Mem adisrno. Teres dir el estigma del alumbr matismo canto de w no podían elu cho un esfuerzo por repudiar su trato con ellos. Como evidencia de que los problemas de las descalzas eran embarazosos para los je- rta escrita en 1579 or Avellaneda a Mercuriano. Avellane- . p si fue inhabilitado de rã» ' on e¡ y 1579 que he podidoi ede aducir una ca hace catorce años, ca sintas se pu da ~y no olvidemos que éste es el mismo que, ser provincial por tener “nota” de sangre- suena la alarma de que Teresa está publicando su dirección por jesuitas: , , 1a refomadora C . * í _ anna E1 u . l _ h ' Ç ' y . Las tres investigacioii provincial de la Andalucia me aviso q Teresa de Jesus escivio a un clerigo q reside en Sevilla _› entre 1a escuela d B z lo de acomodar lo de las monjas descalças alla por los de la Compañía, porque por i Ç ¡nñltrara 1a com e _ Y q tenia 'indicios q algunas des- , i os de Conduct** ~ _ 1 1 dir al general Mercun aca y si yerra por ellos yerra. eles de 1a Teresa se exarninavan ía del provincial, poco a poco y en la emendación de la stam- q se rijese en rna alli y sus monjas con suavidad ellos se govie avan illusas y los pap tas monjas est pa. En el discurso de la visita, por v do este trato con elias. . .33. mas” "y U0 Sólo las c días no indica cuál de es que 1a praxis “racii : :Vaêflóni el tener noj “se “cmi”. y "las c* c' se ha restringi- s examinados, y alardes monjas ilusas, papele Amistades con conversos reconciliados, de dirección espiritual por jesuitas ~se puede bien comprender por qué Avellaneda y Mer- distanciara de las carmelitas. Pero Lpor que suaviter qm de Me _ de cinco años? Una l fama de ãclfíiano, g vi istas i de los contaminado: : ces a 1o largo que la Compañía se proporcio curiano querían ¡JY por qué es necesario repetir esta directiva tantas ve a las directivas nos carta en que el jesuíta Juan de Aguila protest En términos más t¡ C v - v1: Y Cdrmelitas ilegal gm Zlltlmbrado que e . .^ É _ “MLS y despobladas cn el ziuto de fe de IS diiiiicpluludlldeid del s iaç iumêres Y 'mlk - › ypcorttw un dialog Wi' dos décadas hdbí ta y ntancha a una tes y hennanas de de ntr. compa. que e se da a las demas dres privadas de la sera de mucho inconveniente en estos reynos p stimada de muchos buenos, en la Compañía y otras personas ' benemeritas a de agraviarse, de que se quite de toda la Iglesia. Y que no siendo contra nras constituciones sean estas ma ayuda spiritual y charidad q la comp. usa con todas rnaneras de gente. Tambien tienen estas reli- giosas much ulo y perlados que las favorescen y aman por su virtud y religion co- de Àvila o de Pal[encia], Don Fr[ancis]cc os enemigos, y por os señores de tit mo la duq. sa de Alba, doña Maria de Mendoza, obispo de Fonseca etc. , los quales an y haremos de los amig de bolver por su causa, ventura con daño de ntr Este orderi. . . religion entera, tan e padres y hermanos de parece ternan justa caus a. religion (énfasis afiadidofg. “se pone nota y mancha". El padre Águir iva con las carmelitas descalzaâ la está sugiriendo, en mi opinion, retada como una publicación del origen converso de su fundadora y de de los jesuitas que eran sus parientes. No se sa- Mercuriano ' no sólo sería interp muchas de sus monj as sino ~obviamente~ ' ” tratando de advertir a _ que una política que tachara a las carrnelitas de “manchadas” repercutiría sobre 10s 11115 mos jesuitas e interesantemente les granjearía la antipatia de los poderosos y encumbl? dos patrones de la fundadora. a atención la expresión mucho l que una ruptura defini¡ Otra vez, llama ii. de* um um gente recogida por Die _ _ngm . .k H n", en idem (ed), Aviso de . ... ..à 37 A. Huerga, "lntroducció 1977, 55-141, citado 86. 3** Carta de Avellaneda a Mercuriano, i6 de enero de 1579', ARSI Cast. 2, f. 260m también e” DE"" ” it. , 373. _ e e à _ : :Teresa y los Jesuitas", att. sit. . 3 , i àísnziui"iilíil n suitas", art. c ff. 238-393 también citado por Dalmases, “Sant "Santa Teresa y los Je 3° ARSI Cast. 126,
  12. 12. Alison Weber Tnav para estas fe- ersidad de 3361:' arece no haber e _azosos para los le' rcuriano. AVenane' fue inhabilitado de , esa está publicandü q reside en Sevilla = ri o “ g por ta Compañía, Püíquedes_ a indícios q algums emendación dela stam- | . - suavidad se lia restringi- examinados, y alí/ Eles , er- que Avellaneday _ q 'ero LPO¡ que Suavlter' g0 de cinco años? Una ¡oporciona unas pistas. mancha a una _ one nota J' 7 p y humanas de as arientes Pritas de ntr. comPa' que las demaS das de V* teme ; sas lo que 53 da a 555m5 mamas. pñva stas te. 'Fambicn tienen e m por su V1¡ e Pal[encial› _ elos amíg°5 “cmg r mancha m las Cafme verso de S” ran sus Pa* _ o de advertir à . , brel repercunria S0 encumb los poderosos Y ar Diego Pérez de ; L 2, f_ 260m también en : :esa Y 105 Jesum reli- tnd y religÍOYl C0' Dm, Fr[ancislC° 03,1¡ P0¡ , a E1 padre Águi' mas descalzas fundadora Y de . Valdivia» W palma¡ su) m_ Cita 3716 Los jesuiras y [as Carmeliras descalzas en. tiempos de San Firmcisca de Beija 113 Entonces, gpodemos decir que la orden de separación de Mercuriano fue una másca- ra, o siqulera un codicilo, de una emergente política anti-conversa? ;Por qué, entonces, nombró a un converso ~Avellaneda- como visitador para implementar esta política? Sin duda, Everardo Mercuriano avanzó la política segregacionista un paso más allá del prag- matismo cauto de su predecesor”. Pero si las directivas anti-carmelitas de Mercuriano fueron motivadas por sentimientos anti-conversos, no se ha dejado rastro textual explíci- to. En la correspondencia entre Roma y la província de España escrita cntrc los años 1574 y 1579 que he podido consultar, no he encontrado mención alguna del Origen converso de la reformadora Carmelita ni de sus monjas. El resultado bien podría haber sido lo mismo. Las tres ínvestigaciones inquisitoriales a que fue sometida la reformadora, la asociación entre 1a escuela dc Baeza y el alumbradismoxcl micdo que el estilo Teresiano de oración infiltrara la Compañía por las enseñanzas de Alvarez, por no decir nada de los chismorrc- os de conducta libidínosa en el convento de Sevilla, habrían sido suficientes para persua- dir al general Mercuriano que Teresa y las descalzas habíaido acumulado demasiadas “ta- chas” -y no sólo las de sangre. Pero la documentación que ha sobrevivido hasta nuestros días no indica cuál de los varios factores fue la última gota. Lo que sí sc puede concluir es que la praxis “racial” bajo Mercuriano se trataba más de una evolución que de una in- novación: el tener nota de sangre seguia evaluándosc según las circunstancias de perso- nas, tiempo, y “las costumbres de la tierra”. Y las circunstancias hahían cambiado. A los ojos de Mercuriano, Avellaneda, y Suárez, cl alumbradismo andaluz había contaminado la fama de avilístas y carmelitas y jesuitas andaluces. La mejor política era distanciarsc de los contaminados. En términos más generales, el distanciamiento de las dos órdenes recalca cómo jcsui- tas y carmelitas llegaron a ser obligados a definirse en oposición al alumbradismo. E1 dra- gón alumbrado que el fraile Alonso de la Fuente creyó haber descubicrto cn las ciudades airírlas y despobladas de Extremadura contó con tan sólo diecinueve herejes condenados on cl auto de fe de 1579, pero esta herejía fantasma tuvo un impacto desproporcionado en lu cspiritttalidad del siglo dieciséis. Disminuyó las posibilidades para la amistad espiritual entre hombres y mujeres, contribuyó a la desconfianza en las raíces místicas de los jesui- tarx. y cortó un diálogo fructífero entre dos órdenes _una masculina, otra femenina -que por dos décadas habían colaborado en un apostolado espiritual. de¡ g . . « _ . (mm “ÍfWlfÍIOs ya citados de Mar » ~ VI. [lateral and E “Patria/ r m me ¡mm- yks, Pastore, y Rastoin sobre este cambio en la política jesuíta thnic Minoritics in the Society of Jesus”, cn Thomas Worcester (ed), The [Sa Cambridge 2008, 199-214.

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