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Hipnosis el hipnotismo y la sugestión

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Hipnosis el hipnotismo y la sugestión

  1. 1. EL HIPIOTISMO Ll SIGESTiii I I ESTUDIO I acerca de tan curiosos fenómenos RADOS BAJO DIFERENTES! I I D. EDUARDO ARAGÓN OBEJERO, | MÉDICO DEL HUSPITáL DE SAK JQAK BAUTISTA, |' Y DEL EXCMO. SR. OBISPO Y CABILDO DE LA SANTA APOSTÓLICA IGLESIA CATEDRAL DE AST0R5A -S—) bo-4*^ CON A P R O B A C I u N E C L E S I Á S T I C A f fe,: m^m iASTORGA-1892 / IMl'. Y Lili. DE LA VUJUA K HIJO W. LÓl'K/ ^l-v.
  2. 2. ELHIPIOTMOILAMSTIÓS
  3. 3. .-V^ 6-' •*í.f
  4. 4. ¡t EL IMOTISMO Y LA SUGESTIÓN ESTimio m aDE m cunos FENÍIIEIIOS CONSIDERADOS BAJO DIFERENTES PUNTOS DE VISTA POR D. EDUARDO ARAQÓN OBEJERO, MÉDICO DEL HOSPITAL DE SAN JUAN BAUTISTA, y DEL EXCMO. SEÑOR OBISPO Y CABILDO DE LA STA. A. I. C. DE ASTORGA. CON UNA CARTA PRÓLOGO DEL DOCTOR D. PEDRO RODRÍGUEZ LÓPEZ, CANÓNIGO SECRETARIO DEL OBISPADO DE CUENCA. CON APEOBACIÓN ECLESIÁSTICA ^^*^:^ ASTOfiGA IMP. DE LA VIUDA É HIJO DE LÓPEZ 1 8 0 2
  5. 5. =Q^/í>í^« ^6 t/e ^eá^cio e/e ^§<7.i» /iai,a át€ €<x;ft7n€'n y, cetiáeiia. t JUAÜ^, Obispo de Astorga. PCR MANDADO DE S. E. I - , üoiiiO/ó 9e iBctttio, PBBO. Vici-Sfiío. y
  6. 6. DICTAMEN DEL CENSOR. Por obediencia ai mandato de S. E, i., ex- presado en ei antecedente Decreto, iie leido con todo ei esmero posible ei opúsculo titula- do E L HIPNOTISMO, compuesto por el ¡lustrado médico de esta ciudad D. Eduardo Aragón, y no sólo no he encontrado en éi cosa alguna que se oponga á la pureza de la Fe católica y á la sanidad de las costumbres, como era de esperar de la mucha piedad de su autor, sino qie juzgo puede producir grandes bienes y evitar grandes daños á todos los que lo lean. Por lo tanto, salvo siempre el mejor pare- cer de V. E., creo que se pueae conceder á D. Eduardo Aragón, licencii para dar á la prensa y á la luz pública dicho folleto de EL HIPNOTISMO. Dios guarde á V. E. I. muchos años Seminario de Astorga, Marzo i.° de 1892. S^^a11cií'C0 ^<ou.C'ái¿^ 'itcvtívo.
  7. 7. LICENCIA DEL EXCMO. PRELADO (s^storga 14 de Mar^o de i8g2. Nos el Dr, D. Juan B» Qrau y Yallespinos, POR LA GRACIA DE DIOS Y DE LA SANTA SEDE APOSTÓ- LICA, OBISPO DE ASTORGA, CABALLERO GRAN CRUZ DE LA REAL ORDEN AMERICANA DE ISABEL LA CATÓ- LICA, ETC., ETC. Tor la presente, y por lo que á ü^ós toca, concedemos nuestra licencia para que pueda imprimirse y publicarse el opúsculo titulado EL HIPNOTISMO, escrito por el Dr. en (Me- dicina 1). Eduardo sAragón, mediante que de nuestra orden ha sido examinado, y no con- tiene, según la censura, cosa alguna contraria al dogma católico y sana moral; antes, por el contrario, su lectura es reputada como reco- mendable y muy provechosa á los fieles. Lo decretó, mandó y firma S. E. I., el Obispo, mi Señor, de que certifico. t ©UCIH, U/wáAo ele ,£^átoiaa, (LUGAR DEL SELLO) Por maMalo de S. E. I, el OÜISDO, mi Sr., Piro., Viee-SHo.
  8. 8. GÍIDI Ooccmo. é cjtiuo. §ciXot- ©mópo, ExcMO. É ILMO. SR. ü^i la servil adulación, ni la pueril vanidad, mueven mi ánimo á co- locar esta mi humilde obra bajo su tan pode- roso amparo y no menos valiosa protección. (sAl atreverme á estampar sus tan respetables nombres al frente de mi libro, lo hago obli- gado únicamente por el agradecimiento, que tanto pesa en toda alma bien nacida y en todo pecho generoso, ü^unca olvidaré, ni podría olvidar aunque lo pretendiera; la inmerecida honra que me hicieron al dignarse conferirme el cargo de médico de V. E. escogiéndome pa- ra esto de entre otros dignísimos compañeros que lo solicitaron; y aprovecho la primera ocasión que se me ha presentado, para consig- nar de Una manera pública y solemne mi re- conocimiento por tan honrosa distinción. Díg- nese V. E. aceptar este tan pequeño don de gratitud con benevolencia, y no vea en el mis- mo sino la sencilla expresión del respetuoso y agradecido afecto que profesa á S. E. I. EL AUTOR, W«ueate/(^ x£^i€taó*t €/<fe*ci», Asterga, día fiel Sacratísimo ComóifieJests, alofie1892.
  9. 9. O.A-:E3'r.A.-:E*I3cí>IjOQ-0 « ^ . ^ í . ^e/ttatt/o ^éiaaán. ^¿eteto. Muy Sr. mío y respetable amigo: Ya que tuve algu- na parte en que V. escribiera para El Criterio Tri- dentina su libro titulado, EL HIPNOTISMO, (I) excitándole á manifestar sus profundos estudios sobre esta materia, que V., como médico católico, puede tratar con más conocimiento de la terminología usada por los hipnotis- tas, que los profanos en la ciencia de Esculapio, paré- cerne excusable el deseo manifestado por V., de que le diga mi opinión sobre el particular. Rectamente procede V. en su estudio, dividiéndole en cinco partes y cada una de estas en capítulos distintos, para que no haya confusión en su desarrollo. Lo primero en todas materias es suponerlas existien- do, pues, de lo contrario, se gastaría inútilmente el tiempo en las cuestiones que después se han de ventilar: que es lo que V. hace en la i.* Parte, donde examina la (O En efecto, como hace notar el sabio critico y eminente filósofo Sr Bodriguez. que ha tenido la atención de escribir esta Carta-prólogo; esta obra de EL HIPNOTISMO fué debida í una indicación de dicho Sr. Rodríguez que animó á que la escribiera con objeto de publicarla en El Criterio, al autor de la misma. Después accediendo á los deseoB de varias personas respetables nos hemos decidido á publicar este libro en la forma que lo hacemos, con objeto de hacer mis fácil la lectura del mismo y apresurar su publicación, que de otro modo tenia que ser mucho más lenta. Sota del Editor,
  10. 10. X naturaleza del hipnotismo, definiéndole de esta manera: Es un estado fsio-patológico, provocado, que produce, 6 puede producir, síntomas, neurósicos, muj" variados, en el hombre. Definición, que comprende así los fenóme- nos naturales como los innaturales; separándose en esto del modo de pensar de ciertos católicos, que no ven en el hipnotismo sino una forma de la antigua magia, de la que, según V. dice, es una rama. Yo, salvo el pare- cer de los más doctos, casi estoy por afirmar que la peste del hipnotismo tiene algo de lo que llaman los moralistas, vana observencia, no poco de la divinición, con sus ribetes de idolatría. Y no es que niegue que pueda haber algo natural, al menos en la substancia, pero en el modo de producirse los fenómenos, no lo veo tan natural que excluya toda sospecha de que algún agente extraño ande en ese juego de gente non sancta. Muy al por menor examina V. las diferentes escue- las, que actualmente existen, para explicar los fenóme- nos hipnóticos; á saber, la de Salpetriere, que concede más influencia de la debida á las causas físicas y fisioló- gicas, y la de Nancy, que todo lo explica por las causas psíquicas y la sugestión. Oportuno juzgo yo para comprender lo absurdo de estas teorías, dejar antes sentados algunos principios de lafilosofíacristiana, que servirán á maravilla al intento que me propongo. Dado que las acciones vitales del hombre, vegetar, sentir y entender, exigen principio común de quien pro- cedan, este principio ¿es uno ó múltiple? O en otros tér- minos: ¿el principio de la vida vegetativa es igual en el hombre al de su vida sensitiva, y éste al de la intelecti- va, en tal manera que uno é idéntico sea el principio por quien el hombre ejerza las funciones de la vegetación, de la sensibilidad y de inteligencia? La verdadera doctri- na enseña que es uno sólo el principio vital en el hom- bre, y que de tal manera están unidos el alma y el
  11. 11. XI cuerpo del hombre que forman unión esencial, substan- cial y personal. Ds suerte que el alma espiritual y racio- nal, y el cuerpo material, se pertenecen en el hombre mutua y naturalmente; resultando de su unión aquel modo de conocer y apetecer que diferencia al hombre tanto del bruto como del es{iíritu puro. El hombre tie- ne que recurrir al mundo perceptible para obtener el co- nocimiento, que le compete de la verdad; tiene que va- lerse de los sentidos, que no siempre están en disposi- ción de transmitir al alma las impresiones, con la exac- titud y verdad convenientes; ya proceda de falta de sen- sibilidad necesaria, ya sea por exceso en la imaginativa y fantasía. Además, V., como inteligente y docto en la mate- ria, sabe mejor que yo, que la observación fisio-patoló- gica parece confirmar que ciertos centros nerviosos en la base del cerebro, las llamadas células perceptivas, son los que intervienen de modo predominante en la percepción sensitiva. Es verdad que las diferentes partes del cerebro ejercen desde adentro su actividad peculiar, con cierta independencia de las demás partes; pero tam- bién lo es que las facultades no están anejas al alma co- mo los brazos al cuerpo, sino que las facultades son propiedades del alma, en las cuales está presente. Uni« dad manifestada á menudo en la simpatía de los dife- rentes órganos del ser humano, que guardan también relación de mutua coordinación y subordinación entre sí. Dicho esto así como por vía de preliminar, háme de permitir V. que no admita lo que en jerga hipnótica llaman transposición de sentidos, naturalmente explica- do: paes por algo y para algo, el ojo está constituido de diferente manera que la mano; la nari^ no tiene por oficio deglutir los alimentos, y así de los demás; ni he visto yo á persona alguna entender con la memoria, ni discurrir con los pies, aunque no faltan despropósitos que no le vengan en mientes al que esté del todo cuer-
  12. 12. xn do, ó que no quiera burlarse de la credulidad de sus lectores, como parece leyendo las producciones litera- rias de los Bernheim y los Lombroso. Que la sugestión, es decir, una idea intelectual del hipnotizante paraliza inmediatamente el cerebro del hipnotizado, es la idea más peregrina, que se le puede ocurrir á un simple mortal. Y que esto se haga sin la voluntad del hipnotizado, es verdaderamente original. Los simples mortales creemos que la idea puede influir en los órganos vitales, cuando es aceptada por la volun- tad, y en este caso lo hace mediatamente; pero contra la voluntad del hipnotizado, es ignorar los rudimentos de la antropología, que nos dice ser la vida, la fuente del movimiento, ab intrínseco. Paralizar el cerebro para producir el efecto que dicen, equivale á sostener que no obra su efecto naturalmente, pues que lo natu- ral es valerse de los sentidos, como dicho es; y estando paralizado el cerebro, ¿como llegan al alma las ideas ó manifestaciones de estas? Yo, á decir verdad, no lo com- prendo. Dije ideas, porque no falta quien sostiene que obra el hipnotizado según quiere el hipnotizante, sin mani- festarlo exteriormente; y aunque no estén próximos ambos. Para el caso es lo mismo, por aquello de que el más ó el menos no varían la especie, y aquí la especie es entenderse dos almas sin ninguna manifestación exte- rior. ¿Hay, por ventura, un espíritu superior á ellas, que conoce ó conjetura sus voluntades, y que las pone en comunicación? Afirmar esto no se atreven los que niegan lo suprasensible: establecer corrientes á manera de electricidad, es muy burdo, por no decir tonto. Con razón dice Parville que las palabras: «alucinación tele- pática, transmisión de fuerza psíquica» y otras por el estilo, tomadas dt-l griego, son muy apropósito para las gentes de letras gordas, pero que no pasan por los que las tienen un poco más pequeñas.
  13. 13. xm Mucha gracia me hace la barahunda de post-hipnotis- mo. Porque, si no veo con buenos ojos el simple, menos grato me sería el compuesto, á no ser cosa de compa- dres, hacerse el dormido y el sordo, estando despierto y expedito el oído. Citan algunas palabras de Sto. To- más para explicar el sueño hipnótico imperfecto, (al cual puede, según ellos, referirse este fenómeno); pero una cosa son ficciones y otras realidades, como las prego- nadas por los secunces del hipnotismo. El desdoble de persona, es cosa que le ocurre á cualquiera: soñaba el ciego que veta, y soñaba lo que quería, dice un adagio español; y no han de ser los hip- notistas menos privilegiados que el ciego. Para mí es enteramente gratuito que el hipnotizante se apodere del hipnotizado, por la sencilla razón de que el efecto natu- ral del sueño es hacer que desaparezcan de la mente las cosas y personas: así sucede á todos, que, fatigados por pensamientos ó ideas que molesten, una vez dormidos, ya nada les aqueja ni molesta. Al menos así tendrán que convenir con nosotros los que no encuentran distinción esencial entre el sueño natural y el hipnótico. No menos gratuita es la aserción de que, teniendo fija en la mente á una persona, durante el sueño, pueda ésta sugerir al dormido ideas, actos, etc., etc.; porque, hasta ahora, siempre sucedió que el dormido, estando dormido, nada siente de lo que le diga, otra persona. Los dormidos, á lo más, tendrán ideas imperfectas, vagas y confusas. A más de que la teoría de la sugestión es contradic- toria en sí misma: pues sabido es que los hipnotistas explican la sugestión diciendo que por ella se atontecen los centros superiores del cerebro, esto es, los intelec- tivos. De aquí que la sugestión obra únicamente en los centros inferiores que presiden al movimiento, al sen- tido, á otros oficios vitales, y, ante todo, obra en la po- tencia imaginativa, que es potencia orgánica. Ahora
  14. 14. XIV bien: dudo que las sugestiones obren sobre los centros espinales ú otros, sin que el cerebro (ó mejor, la mente) sepa nada, ¿cómo puede el hipnotizante dominar al hip- notizado por medio de las ideas sugeridas? ¿Por ventu- ra son aprendidas las ideas por los nudos nerviosos, ó gozan estos de entendimiento, memoria y voluntad al modo del alma racional? Esto debería admitirse, por cuanto la sugestión no es un impulso mecánico, sino moral é intelectual; resultando de tal admisión, que en el cuerpo humano habría tantos centros que pensaran, cuantos fueran los centros nerviosos reflexos, lo cual es falso. Ni puede suponerse que los centros nerviosos cor- ticales, ministros del pensamiento, no son paralizados al punto por la sugestión, sino que conservan su activi- dad; porque doctrina comunísima y certísima es en la escuela sugestionista que, desde el primer instante del sueño, se paralizan los centros superiores ó de la corte- za gris cerebral, y se excitan los centros inferiores y re- flejos, ó sea los de la médula espinal y otras. Y esta es la razón porque decimos que la teoría adoptada por los sugestiónistas, para explicar la sugestión moral y física, implica contradicción con las otras teorías del sistema sugestivo. Agregúese á esto que, si la sugestión excitase los centros secundarios y no los superiores, que están unidos con lazo tan estrecho con aquellos; ¿porqué ra - zón no se paralizan todos? No la darán los hipnotistas: siendo el resultado de su pretendido dominio (en su hipótesis), el dominio que se tiene sobre una máquina, á la cual falta el manubrio para ponerla en movimiento. De todas estas cosas trata V., amigo mío, con am- plitud y criterio nada estricto, pero dentro de la doc- trina católica, en su ya citada obra, en la i.' y 4.' Par- tes, y en algunos capítulos de la Parte 5.' Sin pretensión de dar lecciones á V., que, cierto, no las necesita, ni yo sería quién para dárselas, voy á permitirme trasladar á continuación algunas reglas que
  15. 15. XV podrán explicar algunos puntos de su obra; por si al- guien deseara más claridad. I.' Usted conviene conmigo en que el alma del hombre es forma substancial de todo el compuesto hu- mano: que es principio único de todas las operaciones de éste; por cuanto la forma superior contiene en sí, vir- tualmente, las perfecciones de la forma inferior. Y, por lo tanto, la forma racional é intelectiva encierra tam- bién la virtud de las formas sensitiva y vegetativa. 2.' Que existe mutua relación y convenio entre el alma y el cuerpo en el hombre; de tal modo que aquella mueve á-est« en sus operaciones; y el cuerpo, por medio de los sentidos, trasmite al alma las sensaciones recibi- das de los objetos exteriores; siempre que concurran las demás circunstancias que exige la psicología. 3.' Nadie, excepto Dios, puede mover eficazmente á la voluntad á obrar, porque sólo Dios tiene dominio absoluto sobre todo lo criado: el ángel y el hombre, úni- camente pueden hacerlo por modo de nación, ó exci- tando las pasiones ó la imaginativa ó alguna potencia inferior. 4.* Los agentes superiores pueden obrar de una manera más perfecta y más rápida los mismos efectos de los agentes inferiores. De aquí se infiere que los es- píritus exentos de materia, pueden producir mejor y con rapidez los mismos efectos que lenta y pausadamente producen íos agentes mixtos de espíritu y materia. Se entiende extrínsecos al agente. 5.' Dentro de la esfera de la actividad propia de cada substancia espiritual pura ó espiritual mixta, puede la substancia obrar como le plazca, siempre que no obste otra actividad superior, y la inferior esté en disposición de recibir su influencia. 6.* La esfera de actividad del espíritu puro es mucho mayor que la del espíritu unido substancialmente con la materia.
  16. 16. XVI 7.' El espíritu puro conoce los futuros necesarios porque conoce todas las causas naturales; pero no puede conocer, por sola su actividad, los futuros contingen- tes ni los libres de la voluntad de otro agente creado. 8.' Los actos inmanentes libres, tanto del entendi- miento corno de la voluntad, no manifestados por algún efecto ó signo exterior, ó por la voluntad misma de cada uno, no pueden ser conocidos por ningún otro agente creado. 9.' • Los espíritus puros pu'iden mover los espíritus vitales, existentes en el hombre, y mediante este movi- miento excitar la fantasía para obrar, y por la fantasía el entendimiento: que es lo que se llama ilustrar ó ilu- minar. Y 10.' Sólo Dios puede obrar los milagros verdaderos ó propios; esto 'es, obrar fuera del orden de toda natu- ralea creada. Los ángeles únicamente pueden obrar los milagros impropiamente tales; que son los efectos que superan las fuerzas de alguna naturaleza creada, cono- cidapor nosotros, producidas por otra naturaleza crea- da;, desconocida. De estas verdades fácilmente se colige lo que pueda haber preternatural en los fenómeno.? del hipnotismo, ora sea por razón de los medios ó modos de producirlos, y de las cuales se ocupa V. en la 2.' Parte de su libro; ora tenga relación con las diferentes formas que presenta, tan minuciosamente detalladas en la 3:'Parte; y de alguna nianera vislumbrar cuáles efectos caerán ciertamente bajo la acción del compuesto huma- no, y á quienes habrá de mirarse con desconfianza. Que el diablo es más listo que el hombre, y se mete en mu- chas partes sin ser llamado directamente: como queco- noce por las señas y por los hechos la gran cosecha que le viene de cazar almas en sus redes por ese medio y otros, aun más rastreros. Harto lo demuestran, por desgracia, las páginas que V. dedica á narrar los efectos morales, religiosos y sociales producidos por el hipno-
  17. 17. iVrt . tismo en los países donde se ha propagado, y con cuanto acierto han condenado su práctica las más doctas cor- poraciones científicas, según puede enterarse cualquiera que desapasionadamente lea los cuatro últimos capítu- los de El Hipnotismo. Y porque no faltan impíos que atribuyen las llagas milagrosas de algunos santos, á un desarreglo men- tal, debido á una fuerte excitación producida por la con- templación religiosa, á los abusos de abstinencia y de ascetismo en las constituciones ya predispuestas á los desórdenes de la enervación; ó bien á sueño, en el cual se imaginaban los sujetos recibir heridas, y después de despiertos, bajo esa influencia, aparecían en los puntos ó partes de su cuerpo las llagas ó ulceraciones soñadas; vamos á transcribir literalmente lo que á este propósito dice el sapientísimo Benedicto XIV en el lib. IV, Parte I.", capítulo 33, número 19, de su celebérrima obra titu- lada: De Canoniíatione Sauctorum ya que lo que allí se escribe acerca de las llagas de S. Francisco de Asís, puede aplicarse también á cualquiera otra persona que haya recibido idénticos favores divinos, con alguna va- riante. «Se reconocerá, escribe, que la impresión de las llagas es un milagro divino, y no puede explicarse por causa natural, por artificio ó por imaginación, si se pien- sa en la forma de los estigmas de los pies y de las ma- nos, porque en los pies y manos del Santo se formaron clavos hechos de nervios ó de carne. Estos clavos tenían una cabeza resistente, ancha y aplanada; su punta se prolongaba fuera del otro lado de los pies y délas manos, y se encorvaban de tal suerte que se podía meter un dedo en el círculo que formaban al encorvarse; así es como el hermano Buenaventura, Obispo de Albano, Cardenal de la Santa Iglesia Roma- na, dice haberlo oído de testigos que habían visto y to- cado estas excrecericias, y que lo verificaron bajo jura- mente—Supongamos por un instante, (jue una causa
  18. 18. XVIB natural ó la imaginación tenga el poder de abrir los regidos de las carnes; pero aun cuando se las ayudase por medios artificiales, ¡amas podrían formar clavos de esta dureza y de esta forma con la materia de los ner- vios y de los huesos... Por las mismas razones la herida del costado no ha podido ser producida en la forma que tenía por efecto natural de una causa física ni de la imaginación: y, además, no siendo así, no hubiera po- dido conservarse dos años sin corrupción, como se con- servó en San Francisco.» Y basta lo dicho para comprender cuan importante sea la materia que V. trata en su escrito, y cuan digna es de ser estudiada la hipnosis, que V. examina bajo un aspecto, que ninguno otro lo ha hecho tan cumplida- mente, como V., al menos en nuestra patria. Por esto yo me atrevo á recomendar su obra á los. amantes de las letras y de la pureza de costumbres y de creencias, en la seguridad de que darán por bien em-^ picado el tiempo que, en su lectura, hayan gastado. Que Dios conceda á V. salud y gracia para trabajar en defensa de la doctrina católica, es lo que desea su afmo. en los sagrados Corazones de Jesüs y María, S. S. y cap., q. b. s. m. taucí Jboe&z. Cuenca, 24 de Octubre de 189a.
  19. 19. EL HIPNOTISMO. CUATRO PALABRAS COMO PREÁMBULO. El magnetismo nos prepara tal vet el mayor ai los estu,'ores del siglo XIXy del siglo XX. (Donato. Introducción á la Revista etc. pág. 35.) Kl lii¡.notismo agita en nuestros días las inteligencias de los moralistas y cientificoi, para dar d sus difíciles y pavorosos problemas una soluc'.ón satisfactoria. (Donadiu. Discurso leído en el último Congreso Católico español.) Es un hecho hoy ya evidentísimo y que ha tra.stor- nado gran número de inteligencias de nuestros días, la gran conmoción producida en el mundo científico por ese fenómeno que nos parece surgir del abismo de lo desconocido, y presentarse á nuestros fascinados ojos en busca de una satisfactoria solución, cuando no es más que una de las múltiples fases con que se reviste un hecho, cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. Ese hecho al que nos hemos querido referir, es* el llamado Hipnotismo, que, como dice el ilustre Prelado de Madrid: «se ha presentado en nuestros días inva- diendo el hogar doméstico, exhibiéndo.se en e'^poctáculo?
  20. 20. . públicos, interesando en pro y en contra la vida de la prensa y suscitando frecuentes discusiones, que dan lu- gar á dudas y á opiniones contrarias en los contendien- tes, llegando éstos algunas veces á dejarse dominar de la pasión hasta el extremo de admitir unos ciegamente el hipnotismo como medio terapéutico para curar todas las enfermedades de la humanidad y clave milagrosa para descubrir todos los arcanos del orden natural y sobrenatural, y de rechazarle otros en absoluto como un principio de todas las desgracias que pueden com- prometer la salud del alma y del cuerpo y de conturbar la paz de las familias y de la sociedad.» Preséntasenos hoy el hipnotismo como casi todos los errores, de moda; ataviado muy á la moderna, y la parecer provisto de muy ricas galas, adornado de una falsa juventud y con el corazón marchito por los afros, viene con un aparatoso pertrecho y como amenazando llegar á dominar este viejo mundo, y ¡triste es decirlo! endereza sus tiros con predilección contra esa inconmo- vible roca sobre la cual se levanta la Iglesia Católica, que tantas tempestades ha visto pasar y morir, sin es- tremecerse siquiera, y tantos ufanos bajeles estrellarse contra ella. Pero si bien es un hecho ciertísimo que la barquilla del Pescador nunca naufragará por recia que sea la tor- menta, también es cierto que cada una de las borrascas por las que la misma barquilla es combatida, hace naufragar ó perecer á gran número de sus hijos; y co- mo pudiera muy bien suceder que algunos de éstos fue- ran seducidos al hablar del llamado hipnotismo, nos ha parecido conveniente condensar en pocas páginas lo más importante que hoy se sabe sobre esta cuestión, y con> densarlo en forma muy sencilla para que todo el mundo lo entienda. Este es nuestro objeto, y nada nuevo presu- mimos decir. Nos ha movido á escribir este pequeño tra- bajo lo útil que juzgamos es generalizar estos conoci-
  21. 21. -olio- niíentos, supuesto que si bien es verdad que se han pu- blicado obras notables sobre la hipnosis, la mayor parte son ó se pueden llamar científicas; y nosotros creemos que generalizado como lo está hoy el hipnotismo, debe generalizarse asimismo lo que convenga saber sobre dicha cuestión, para evitar quizás que algunos puedan ser engañados fácilmente. Los asuntos que vamos á tratar en nuestra modesta obra y el método de exposición que vamos á seguir en la misma, son los siguientes. Dividimos el estudio del hipnotismo en cinco partes, es á saber: En la I.'parte examinamos si existe el hipnotismo, dado que no faltan autores que le niegan existencia real; lo que es el hipnotismo; su historia; si el hipnotismo es una ciencia; cuál es su fin; si el hipnotismo es la magia; si es el magnetismo animal; y si, por fin, es el histeris- mo ó urra forma de esta enfermedad, como han preten- dido varios autores. En la 2.' parte estudiaremos los procedimientos de hipnotización; examinaremos si el hipnotismo se puede aplicar á todos los mdividuos; si son aplicables á todos cualesquiera de los medios de hipnotización, y si ésta es igual en todos los hipnotizados; que es el autohipnotis- mo; si es posible hipnotizarse por la sola imaginación; si existe relación entre el hipnotizado y el hipnotizador; cómo se realiza la vuelta al estado normal después de la hipnotización; si es precisa la voluntad ó cooperación del hipnotizado para la hipnotización; si hipnotizado un sujeto otras veces, es precisa su voluntad para nuevas hipnotizaciones; si el sueño natural puede pasar á hipno- tico; si existen zonas hipnógenas; si recuerdan los hip- notizados lo ocurrido durante su hipnotización; si con- serva el hipnotizado el uso de sus sentidos, y termina- remos esta segunda parte ocupándonos en la mayor ó menor facilidad con que se produce el hipnotismo. En la 3.* parte estudiaretnos las formas qne preseO"
  22. 22. ta el hipilotismo; la clasificación de los fenómenos hip- nóticos y del gran hipnotismo; las formas médicas del hipnotismo; el período -preparatorio del mismo; f.l sue- ño hipnótico; el estado de letargo ó letárgico; la hiper- exciiabilidad neuro-muscular; la catalepsia; el sentido muscular; los movimientos automáticos; el sonambu- lismo; la fascinación; los sueños expontáneos en el so- nambulismo; los f&nómenos psíquicos; algunas varieda- des de hipnotismo y del hemi-hipnotismo; la influencia de la música en el hipnotismo; si se puede simular el hipnotismo; los medios para reconocer el hipnotismo simulado; si pueden mentir los hipnotizados; la pérdi- da, cambio y desdoblamiento de la personalidad en al- gunos sonámbulos; el hipnotismo superior ó trascen- dental; el hipnotismo en los animales y la catalepsia; y por fin si los Santos y los Profetas fueron unos hipnoti- zadores, como pretenden muchos hipnólogos. En la 4.* parte trataremos de la sugestión; del sueño hipnótico por sugestión; de si la aptitud para realizar los fenómenos sugestivos está en relación con la profun- didad del sueño hipnótico; de si existe la contra suges- tión; de la catalepsia y parálisis por sugestión; de la sugestión posthipnótica; de la sugestión á plazo; de la sugestión en estado de vigilia ó sin hipnotismo, ó vigilia hipnótica; de la sugestión mental, de la misma con pro- pósito criminal; del influjo de la hipnotización y suges- tión en las funciones de la vida orgánica; de las manchas de sangre y hemorragias por sugestión; de si pierde un hipnotizado en absoluto el imperio de su voluntad; de si pierde el mismo el uso de su conciencia; de si se reali- zan los actos sugeridos sin lucha alguna ó sin dudas por el hipnotizado; y por fin de si domina siempre el hipno- tizador al hipnotizado. Y, por fin, en la 5.' parte estudiaremos la esencia, acción, ó modo de ser del hipnotismo; el examen de las teorías dadas para explicar dicha acción; si el hipnotis-
  23. 23. -•186- mo es ó no una enfermedad; si hay un hipnotismo natura!; si el hipnotismo es innatural; qué fenómenos hipnóticos son innaturales, cuáles sospechosos y cuáles pueden ser naturales; las consecuencias del hipnotismo en los que sufren sus efectos; las consecuencias morales y sociales del mismo; el hipnotismo bajo el punto de vista médico legal; el hipnotismo aplicado á la medici- na; y por último si es lícita ó no la práctica del hipno- tismo. Tal es el cuadro en que hemos comprendido los fenómenos del hipnotismo, cuyo estudio vamos á em- prender dentro del pian que han visto nuestros lectores; empresa vasta en extremo para nuestras débiles fuer- zas, pero que acometemos fiados en nuestro buen deseo y buena voluntad.
  24. 24. HRÍT PRIMERA PARTE. ¿EXISTE EL HIPNOTISMO? Creemos que esta cuestión debe preceder á todas, porque aún existe gran número de personas que d prio- ri, y sin examinar este asunto, niegan que sea una ver- dad, inclinándose á no ver en el hipnotismo sino una superchería Q una farsa. No hace muchos años que la Academia de Ciencias, la Sociedad Real de Medicina y la Facultad de París, condenaron el hipnotismo como una superchería, y aun hoy mismo, que es tan evidente su existencia, hemos visto á gran número de personas instruidas, y hasta médicos, asegurar que todo es un puro engaño, y no hay nada de verdad en este asunto. Mesmer, Puységur, Pétetin, Faria, Braid, Elliolson, Esdaile, A!{ain, Guérineau, Demarquay, Gigot-Suard, Richer, Regnard, Bourneville, Dumontpallier, Féré, Voisin, Richet, Bernheim, Chambard, y otros mil autores que pudiéramos citar, todos están contestes en afirmar á su modo la existencia del hipnotismo, cuyos efectos han demostrado prácticamente, Mesmer y sus
  25. 25. -eieo- discípulos en gran parte del mundo; Hausen en Ale- mania; Donato en Italia, Búlgica, Holanda y Rusia; Za- nardelli en Roma; Gon^aleí en Milán; Lombroso en Turin; Rattone en Sassari; Gruñes en América; V/ilson en Inglaterra;Oarco/en Francia; y muchos más que pu- diéramos mencionar, en varias otras naciones y países. Bien sé que alguno me pudiera objetar que estos testimonios pudieran ser sospechosos por ser de hom- bres, tachados unos como charlatanes, y los otros como materialistas, pero á esto se contesta con facilidad, que es tal el numero de hombres de ciencia y Academias que hoy afirman la verdad del hipnotismo, que es im- posible que se hubieran puesto todos de acuerdo para sostener una impostura tan fácil de descubrir; que muchos de los testigos que aseguran la verdad de li hipnosis son hombres respetables por su ciencia y su veracidad, que los hay entre ellos hasta religiosos, y que los experimentos hipnóticos, se han hecho delante de miles de observadores y en todas las naciones del mundo; y si alguno recusara todos estos testimonios le diremos que la mayoría de teólogos que han examina- do esta cuestión, como el P. Franco, Fisard, Nampon, Martignon, Gaume, etc.; las Academias, Consejos de Sanidad y Gobiernos que se han ocupado de la misma, no negaron la realidad del hipnotismo, sino que lo con- denaren por los abusos á que daba lugar y consecuen- cias graves que su uso producía. Además, este juicio ha sido confirmado por gran número de Obispos católicos de diversas naciones, y recordamos las palabras que Sobre este punto dice uno de los más sabios é ilustres Prelados españoles de nuestros días. «Sería preciso echar por tierra las leyes morales de la vida social y adoptar un escepticismo histórico, tan contrario á la razón como al sentido común, pretender que centenares y millares de hechos, verificados en presencia de hom- bres prevenidos contra su realidad, de médicos, de acá-
  26. 26. ••17»' démicos y de sabios; realizados otros en presencia de multitud de hombres honrados y de personas de todas clases, edades y condiciones, y atestiguados los más por hombres serios, en periódicos, revistas y libros de todo género, no eran mas que fraudes ó ficciones vanas sin realidad alguna.»/^Fr. Zeferino Gon^álei. Filos. Elem. t. ir, pág. 249.) Y no se diga que muy bien los hechos hipnóticos pueden parecer reales y ser un convenio entre el hipno- tizador y el hipnotizado, una especie de juego de pres- tidigitación; por que dichos hechos han sido observados en condiciones que alejan toda probabilidad de engaño, y entre los hechos atribuidos al hipnotismo hay algunos que si han sido bien observados, es imposible que sean simulados ó falsos. II. ¿QUÉ ES EL HIPNOTISMO? El nombre de hipnotismo fué inventado por el Dr. Braid, y es una palabra que vale tanto como sueño ó adormecimiento; pero como esto no explica bastante lo que con dicha palabra se quiere representar, veremos de encontrar una definición del hipnotismo que nos deje satisfechos. Esta empresa es sumamente difícil por las vivas cuestiones que se agitan hoy sobre la esen- cia del hipnotismo, acerca de cuyo punto apenas hay dos sabios que se muestren conformes. Para unos es el antiguo magnetismo animal nuevamente bautizado con un nombre más á la moderna; para otros es el efecto de la parálisis y escitación del centro encefálico; estos dicen que es una neurosis experimental; aquellos
  27. 27. - 1 8 - que es un sonambulismo artificial; algunos que es un sueño nervioso provocado; varios que es el resultado producido en el sistema nervioso por la concentración fija y abstracta del ojo mental y del visual sobre un objeto que no sea por su naturaleza escitante; no falta quien le defina como un delirio, un sueño artificial ó provocado, y así podríamos seguir acumulando citas de definiciones del hipnotismo, más ó menos Qxactas, más ó menos incompletas ó falsas. Si nosotros no viéramos en el hipnotismo más que un hecho natural, le definiríamos diciendo: Es un estado üsio-palológico,provocado, queproduce ó puede prodU' cir síntomas neurósicos muy variados en el hombre EJI efecto, el hipnotismo, considerado como un hecho puramente natural, es un modo de ser del organismo, siempre ó casi siempre provocado, que obra modifican- do profundamente dicho organismo y produciendo sín- tomas patológicos de diverso orden, en especial simu- lando los que presentan las enfermedades nerviosas, lla- madas neurosis, como el histerismo, la epilepsia, etc. Este modo de considerar el hipnotismo dista bastante de la opinión de ciertos católicos, que no ven en él sino una forma de la magia, un estado de obsesión produ- cido por un pacto tácito ó expreso con los espíritus ma- los. Pero para nosotros el hipnotismo es un estado anor- mal ó patológico del organismo provocado por causas diversas, que presenta dos clases de fenómenos: unos naturales y otros innaturales.
  28. 28. -otg*- I I I BREVE HISTORIA DEL HIPNOTISMO. No habiendo completa conformidad sobre casi nada de lo que se refiere al hipnotismo, disputan los sabios y médicos sobre si el origen del mismo está en los primi- tivos tiempos, ó si se ha de buscar en Mesmer ó en Ja^ mes Braid: Diremos con lisura lo que sobre esto nos parece más probable. El hipnotismo es sin duda tan antiguo como el mun- do. En casi todos los pueblos de la antigüedad se en- cuentran prácticas hipnóticas. Se cree que los chinos hipnotizaban ya muchos cientos de años antes de la Era Cristiana; los caldeos hiciéronse famosos por esto en todo el Oriente; los Fakirs de la India practicaban el hipnotismo 2000 años antes de Jesucristo; en las fiestas del antiguo Egipto las mujeres y los niños llenábanse de entusiasmo profetice, y sus vaticinios se conservaban con respeto; los Faraones tenían sus magos que hacían ó aparentaban hacer maravillas, como las que hicieron delante de Moisés; y en un manuscrito egipcio, escrito cerca de 3Q siglos antes de la Era Vulgar, el Papiro mágico, ya se consignan hechos de hipnotismo. Los he- breos en sus frecuentes idolatrías cayeron en las supers- ticiones de ios demás pueblos y como éstos consultaban á las pitonisas, y entre otros hechos se puede citar lo que dice Josefa de Salomón y de Apolonio de Tiana. En Grecia y Roma los hechos se siguieron repitiendo en igual forma, y en estos países florecieron los magos, adivinos, profetisas, sibilas y pitillas: Esculapio se dice que curaba hipnóticamente; y en los templos de estos países la iiipnosis era conocida y practicada. En prueba
  29. 29. - 2 0 - de ello recordemos lo que sucedía en el templo de Apo- lo en Delfos: la sacerdotisa, preparada desde algún tiem- po antes con el ayuno y la meditación, era sentada en el trípode colocado sobre una abertura del abismo, por la que salían abundantes vapores sulfurosos que envol- vían en una nube misteriosa su cuerpo, el cual se agi- taba en medio de violentas convulsiones, arrojaba espu- ma spnguinolenta por la boca, y se producía en ella un estado extático, durante el que pronunciaba palabras y frases misteriosas, que eran recogidas como inspiración divina. Areteo ya nos describió el tipo del sujeto hipno- tizado, que distinguió de otros estados nerviosos. Con frecuencia recorrían el mundo gran número de hombres y mujeres desde remotos tiempos, practicando el hipno- tismo ante los asombrados pueblos; y gran número de filósofos de la antigüedad nos ofrecen claros ejemplos de hipnosis. Los pueblos bárbaros, que vinieron á for- mar las naciones modernas, nos ofrecen asimismo prác- ticas hipnóticas, entre sus no menos bárbaras supersti- ciones. Durante la Edad Media, la historia de la hipnosis se confunde con la de la brujería; y esta llegó á ser tan co- mún, que solo en un año contó un historiador cerca de 3ooo brujos tan solamente en Francia: y hay escrito- res como el monje Delépine que nos habla de una forma especial de letargía de que eran acometidos algunos brujos, los cuales quedaban entorpecidos y como muer- tos, y al despertar creían venir del conciliábulo; y enton- ces eran vulgares entre los mismos los diversos medios, propios para producir dicho estado letárgico. Este con- tagio llegó hasta á personajes de los de más renombre, y Paracelso, Bacon, Arnaldo de Vilanova y otros sabios padecieron fenómenos hipnóticos ó pasaron como ins- pirados por esta causa. En ios siglos posteriores siguie- ron siendo frecuentes los hechos hipnóticos, entre los que podemos recordar el de las extáticas de Nantes y
  30. 30. - 2 1 - otros; en especial el del célebre irlandés GreatrukeS que recorrió triunfalmente la Inglaterra curando enfermos en todas partes por medio de procedimientos hipnóti- cos, como L imposición de manos y los pases que luego había de resucitar Mesmer, y produciendo frecuentes crisis nerviosas en gran número de individuos. Qué mucho que se llegase á creer en aquel tiempo que era un enviado de Dios? Recordemos asimismo las curiosas escenas ocurridas en el cementerio de San Medardo que en otro lugar relatamos, y que ya muy cerca de nues- tros días se levantaron en una sola región de Francia más de 8000 profetas, entre ellos niños de dos y cuatro años, que ofrecieron fenómenos hipnóticos singulares. También debemos hacer notar que, en la inmensa ma- yoría de pueblos salvajes se han descubierto asimismo prácticas de liipnotismo, las cuales son comunes entre muchas tribus árabes; y que estos mismos creen que su Profeta Mahoma estuvo sujeto á frecuentes éxtasis en los que le fué revelada la doctrina sagrada para ellos. Tal es la brevísima historia del hipnotismo empírico ó práctico, que se confundía con la magia, no habién- dose pensado siquiera en darle un nombre particular. De ella dedúcese que la existencia y conocimiento del llamiado hipnotismo se remonta á los primeros tiempos de la humanidad, por más que se nos quiera presentar como una novedad flamante de nuestra época, como una maravillosa invención que ha de transformar el mundo. En el siglo XVIII dá principio lo que se puede lla- mar historia científica del hipnotismo; tales son por lo menos, sus pretcnsiones. Los primeros estudios sobre esta cuestión fueron debidos al padre Hell y al jesuíta Kircher, que le dio el nombre de magnetismo animal, y por entonces se presentó en escena el célebre Mesmer, que expulsado por charlatán de Viena, llegó á tener un éxjto fabuloso en París con su sistema magnético, y á
  31. 31. contar gran número de discípulos, entre los que se dis- tinguió el Marqués de Picysegur, que fué el que descu- brió el.sonambulismo magnético. Mesmer publicó una Memoria sobre su sistema, que fué llamado Mesmeris- mo, y condenado como una superchería por la Acade- mia de Ciencias, por la Sociedad Real de Medicina y por la Facultad, si bien es cierto que entre los sabios encar- gados entonces de examinar el Mesmerismo, hubo uno, Jussieu, que dijo que Mesmer estaba en camino de rea- lizar un gran descubrimiento, y admitió en los hechos descritos por este autor, un estado nervioso especial producido por la imaginación exaltada; con producción de síntomas de eretismo, éxtasis y ausencia de faculta- des volitivas. Barbarin inventó la teoría espiritualista para explicar el magnetismo: Pétetin descubrió el esta- dio cataléptico; Faria provocó el sonambulismo por simple sugestión; Bertrand, Recamier y Cloquet, trata- ron de aplicar el magnetismo á la medicina; Braid tra- tó de explicar científicamente el hipnotismo y fué el in- ventor de este nombre, aunque también recibió el nom- bre de Braídismo; siendo notable que este respetable hombre de ciencia Braid, que pretendió destruir las pre- ocupaciones que había sobre el magnetismo, cayó en el mismo escollo que trató de combatir; pues intentó unir el hipnotismo con el sistema frenológico del célebre Gall. Después de Braid gran número de médicos y charlatanes de todos los países han seguido estudiando el hipnotismo hasta llegar á nuestros dias, en los que Charcot ha pretendido hacer entrar el hipnotismo defi- nitivamente en las ciencias médicas, después de repeti- dos experimentos. Tal es muy en compendio la historia del hipnotismo.
  32. 32. -as— rv. ¿EL HIPNOTISMO ES UNA CIENCIA? FIN Ú OBJETO DEL MISMO. Hay hipnotistas que cegados por el entusiasmo creen y afirman que la hipnosis forma una ciencia com- pleta, á la cual han dado el pomposo nombre de Hipno- logia. Nacida ayer, en opinión de los que niegan al hip- notismo su parentesco con el magnetismo animal, ya se presenta con la mayor arrogancia ante la humanidad, preiendiendb nada menos que el trastorno completo de todas las ciencias divinas y humanas: pues quiere hacer cambiar la Teología, la Filosofía, la Antropología, la Fisiología, la Medicina, la Moral, el Derecho, etc. Pero á esto contestaremos con el Sr. Donadíu: «que el hip- notismo no es un conocimiento cierto y evidente de sus fenómenos por sus causas y adquirido por la demostra- ción, por cuanto descansa en hipótesis más ó menos in- geniosas y en algunas verdades particulares resultado de los fenómenos que han ido observando y anotando los que se han consagrado al estudio del mismo. Para de- mostrar este aserto, bastará solo fijarse en los diversos y á veces contradictorios conceptos que ya sobre la na- turaleza del hipnotismo, ya sobre su historia, sus me- dios, fenómenos, efectos y causas emiten sus más deci- didos y entusiastas partidarios: prueba evidente de que no hay en é. hipnotismo fijeza de principios, ni ese cú- mulo de verdades por ellos tan ensalzadas, careciendo por lo tanto en su totalidad de valor cienlifi.co.r> Y sigue el autor tratando en particular de cada uno de estos puntos para probar su aserto, lo cual nosotros tratare-
  33. 33. -c Sis- mos en capítulos especiales, en los que estudiaremos todo lo relativo á los puntos indicados por el Sr. Do- nadíu. Una vez que hemos visto que el hipnotismo no tie- ne más valor que una mera opinión; como dice el elo- cuente Prelado de Madrid Sr. Sancha, que en su nota- ble Pastoral sobre este asunto afirma asimismo que; «la hipnosis hasta el presente carece de títulos legítimos para aspirar á la nobleza y alta categoría de la ciencia, puesto que esta no consiste en meros experimentos y en la enumeración de hechos aislados y no todos verdade- ros, que son las únicas conquistas que presenta la histo- ria del hipnotismo:» debemos decir dos palabras sobre el fin que se propone ó á que tiende el hipnotismo. Los fines para los que se ha empleado hasta el día el hipnotismo, han sido varios según los que le han usado, ó en las manos en que ha caido. Muchos lo han practicado por adquirir riquezas, gloria y honores, ó para servir de espectáculo y diversión al pueblo en tea- tros y circos; como Donato, Zanardelli, Hausen, Pa- ria y el mismo Mesmer. En algunas manos ha servido para cometer varios delitos á los que tan fácilmente se presta, como veremos más adelante. Otros pretenden que, el hipnotismo ha revelado secretos, arrancados á la naturaleza, y se expresan como Donato, que sobre este punto dice lo siguiente: «En el concepto filosófico el magnetismo nos revela un nuevo mundo. Nadie pue- de preveer que ventajas recibirá de él la investigación científica. El magnetismo nos prepara tal vez el mayor de los estupores del siglo décimo nono y del siglo vigé- simo.» En otras manos el hipnotismo pretende ser un ariete formidable para destruir la indestructible forta- leza de la Iglesia, y reduce ó trata de reducir las. prue- bas de la Divinidad de esta, á simples fenómenos hipnó- ticos. Algunos aprovechan el hipnotismo para la expli- cación de los misteriosos fenómenos de la magaa; y
  34. 34. -25-^ por fin los más sabios y concienzudos, no ven en el hipnotismo sino un método de tratamiento de varias en- fermedades; á cuyo punto dedicaremos también un ca- pítulo especial. Tales son los fines principales del hip- notismo á )Uzgar,por las declaraciones de sus mismos partidarios; sin contar otras aplicaciones que se han que- rido dar á la hipnosis, como la de servir para el esclare- cimiento de los hechos criminales, la de poder servir de medio de educación, y otras de más ó menos impor- tancia. ¿EL HIPNOTISMO ES LA MAGIA? Muchos confunden ambas cosas y conviene fijar esta cuestión. El hipnotismo no es la magia, sino cuando más una variedad ó especie de la misma; como es la fas- cinación, la adivinación, los hechizos, etc.; y ya se sabe que la parte no es el todo. Para decidir la cuestión de si es ó no una forma de magia el hipnotismo, hay que ate- nernos á la manera como se considere á éste. Claro que los que solo ven en la hipnosis un conjunto de fenóme- nos naturales, no pueden asentir á que tenga ó pueda te- ner relación alguna con la magia; pero los que en la misma vemos un hecho innatural, por lo menos en parte de ella; no podemos menos de ver en el hip- notismo un fenómeno que pertenece á la historia de la magia, por lo menos en gran parte del mismo; y ahora no hacemos más que indicar nuestra opinión sobre este punto que desenvolveremos con más exten- sión al hablar de si el hipnotismo e.t itínatural. 5
  35. 35. K) Sé** VI ¿EL HIPNOTISMO ES EL MAGNETISMO ANIMAL? A nosotros nos parece esta una cuestión resuelta. Es indudable que el hipnotismo y el magnetismo animal son una misma cosa, aunque con nombre distinto. Ya ML'SIULT en sus clmrlalanescos experimentos llegó á dar pruebas de conocer los principales hechos que constitu- yen el hipnotismo; no sólo los llegó á conocer, sino que trató de explicarlos con cierta habilidad; y para nosotros el hipnotismo no es más que el magnetismo más des- arrollado, presentado bajo una forma moderna, y mejor conocido en cierto sentido; por más que en el fondo sub- sistan hoy casi los mismos misterios que en tiempos de Mesmer. Así que creemos que ligeras diferencias secun- darias no bastan para hacer dos hechos distintos de lo que es una sola cosa. El Padre Zeferino Goniále en su Filosofía, considera el hipnotismo como una especie ó rama del magnetismo, al que llama magnetismo hipnó- tico; y dice que éste apenas se distingue del vulgar, sino en que determina los fenómenos magnéticos por medio de la fijeza de la vista sobre objetos luminosos ó brillan- tes, sin necesidad de emplear los tocamientos, pases y demás medios de que hace uso el magnetismo vulgar. El Sr. Obispo de Madrid en su notable Pastoral, sobre esta cuestión, nos dice que: practicándose el hipnotismo en público y privado con los mismos fenó- menos que el magnetismo que describe detalladamente; empleándose en uno y en otro los mismos medios para producirlos, declara que son una misma cosa y que la condenación pronunciada contra el magnetismo debe alcanzar del mismo modo al hipnotismo. Y en otro lu-
  36. 36. -027*- gar de la misma Pastoral añade; que «siendo los fenó- menos de Ja hipnosis los mismos que los del magnetismo parece deducirse, sin inferir violencia alguna al criterio lógico, que la causa de la primera debe ser igual, al me nos específicamente, á la causa del segundo.» El señor Sánchez Freiré, aunque en su discurso so- bre la hipnosis parece querer prescindir de lo que pode- mos llamar historia empírica de la misma, no puede menos de tomar á Mesmer, el pretendido fundador del hipnotismo animal, como punto de partida en el cono- cimiento del hipnotismo; siendo muy extraña la razón que dá dicho escritor para distinguir ambos hechos; pues dice que si bien es cierto que los fenómenos del magnetismo podrían mu}' bien ser los mismos que los del hipnotismo, la explicación que se ha dado de estos, hace de la hipnosis una cosa distinta. Pero son más satisfactorias y razonables, preguntamos nosotros las explicaciones dadas del hipnotismo? Puede esa distinta explicación borrar la identidad que hay entre ambos hechos, que no varian sino en que se nos presentan ves- tidos con distinto traje, conforme á la época en qüc ambos se han presentado ante el mundo? El célebre Jussieu individuo de la Comisión nombra- da por la Academia Francesa para informar acerca del magnetismo, después de diversos experimentos sobre este asunto, admite que indudablemente se producia en estos experimentos un estado nervioso especial de di- versos grados, con eretismo, éxtasis, y ausencia de fa- cultades volitivas; afirmó que Mesmer estaba en camino de realizar un gran descubrimiento, y creia que los efectos magnéticos producidos eran un producto de la imaginación exaltada; y díganos cualquiera si no se pueden aplicar estas mismas palabras al hipnotismo de nuestros días. Además, desde Mesmer se sigue sm interrupción la liistoria del magnetismo hasta Braid, sin solución al-
  37. 37. -« 23o- guna de continuidad: después de Mesiner siguieron tra* bajando sobre el magnetismo, entre otros, D'EsIón, Tardy, Bonnefq/, Villerd, Piiysegur, V/olfart, Hu- feland, Sprengel, Faria, etc.; todos son continuadores unos de otros y forman ios anillos de una cadena que termina en Braid, que, según Freiré fuá él que susti- tuyó la palabra magnetismo, que induce á errores teó- ricos, por la de hipnosis, que simplemente significa sueño, y cimentó sólidamente la Hipnología. Ya en i8i3, Deleue, en su Historia crítica del mag- netismo animal, nos describa un conjunto de fenómenos que en nada se diferencian de los hipnóticos. También hace años que Foissac pidió á la Academia de Medicina de París que informase sobre el magnetismo, la cual nombró una comisión compuesta de distinguidos profe- sores, que después de seis años de experimentos, dijeron que; «merced á cierta técnica de procedimientos varia- bles se pruJucían en el magnetismo sorprendentes fenó- menos, como son el sueño, el sonambulismo, la debilita- ción y la energía de las fuerzas orgánicas anestesia gene- ral aun en las operaciones mayores, conservación en los sonámbulos de todas Jas facultades que tienen en la vigi - lia, olvido completo de cuanto ocurre en el sueño artifi- cial, y facilidad progresiva de los individuos para ser dormidos:» y vea cualquiera si esto no parece un retrato exacto del hipnotismo. Koestrañen nuestros lectores que tratemos con algu- na extensión este punto, pues hay algunos escritores qne rechazan todo parentesco entre el magnetismo ani- mal y la hipnosis. Pero si ambos son una misma cosa con dos nombres distintos, y un mismo fenómeno, ha- biendo sido el magnetismo animal condenado por la Santa Iglesia, ya pueden s&c?iV las consecuencias los que esto lean. Además estudíense los hechos, léanse con detenimien- to los fenómenos atribuidos al hipnotismo y los propios
  38. 38. -0 2 9 »• del magnetismo; y dígasenos qué diferencias verdade- ras existen entre unos y otros. Mesmer, Pujsegur, Pé- tin, y Faria, casi no han dejado nada que inventar á nuestros hipnotistas; y si nos fijamos en la cuestión de la interpretación de los hechos, el que vea esta cuestión con imparcialidad, no puede menos de confesar que á pesar de haber transcurrido un siglo, estamos poco más ó menos como en los tiempos de Mesmer. Y no crea nadie que los antiguos magnetizadores conocieran tan sólo los fenómenos que se llaman naturales de la hipno- sis, ó sea los más sencillos; sino que ya conocieron to- dos los del llamado hipnotismo superior ó trascenden- tal, y aun admitían algunos hechos no admitidos hoy por los modernos hipnólogos: así qu2 ya conocían la transposición de los sentid'js, la visión á través de cuer" pos opacos y de objetos lejanos, el conocimiento de las enfermedades internas y de los remedios que pudieran estas necesitar, sin tener estudios médicos; el conoci- miento del porvenir, la adivinación de los pensamientos de los demás etc:,... de modo que no se puede decir que se ha'laran muy atrasados en esta materia. Así que gran número de escritores modernos en vista de todo esto, afirman como el P, Franco: «que el mo- derno hipnotismo, no es otra cosa que el antgiuo mag- netismo despojado de los juegos de los fenómenos tras- cendentales.» Para el Dr. Calatraveño,t hipnotismo nació de Mesmer: el Dr. Sanche^ Herrero no solo cree esto, sino que según él, el hipnotismo na podría pres- cindir de los mesmerianos, descubridores añade de gran parte de los fenómenos hipnóticos: «El hipnotismo no es sino una reproducción en gran parte del magnetismo animal, hoy ya tan desacreditado;» escribe el Sr. Posad- illa. £a T^oM/'e//^!? ha escrito asimismo: «El magnetismo, animal, conocido hoy con el nombre de hipnotismo, el cual entra en la medicina como parte de la misma.» Bernheim por su parte ha dicho que;» el hipnotismo es-
  39. 39. - 8 0 - un hijo del magnetismo mesmeriano, del cual ha nacido como de la Alquimia nació la Química.» Richer dice lo que sigue: «El hipnotismo toca muj'de cerca á los he- chos atribuidos al magnetismo animal, ¿es acaso conve- niente poner una decisiva separación, colocando de una parte el hipnotismo, y el magnetismo de otra? Nosotros creemos que no; á lo menos por ahora.» «Mesmer, dicen los Sres. Maira y Benavente, con su esclarecido talen- to, erigió el magnetismo animal, como entonces se lla- maba eJ hipnotismo de hoj^, en doctrina médica y con- tribuyó poderosamente á su propagación, etc.» Y estos mismos autores cuya opinión comparten otros muchos hallan el origen del hipnotismo en los más antiguos pue- blos de la tierra. El Gobierno Italiano en su orden dada hace cuatro años prohibiendo el hipnotismo en v'sta del dictamen del Consejo Superior de Sanidad y de varias sociedades científicas, dice que: «El Consejo es de parecer que es- tos espectáculos de hipnotismo, (ó sea magnetismo, mesmerismo y fascinación) deben ser prohibidos.» Por lo que se vé que las sociedades científicas que informa- ron al Gobierno sobre esta cuestión hicieron una misma cosa ó fenómeno del magnetismo, mesmerismo y fasci- nación, que comprendieron bajo la dominación de hip- notismo. De modo que en vista de que la mayor parte de los autores de Hipnologia admiten la identidad entre el magnetismo y el hipnotismo, ó que á lo sumo les sepa- ran ligeras diferencias, propias del tiempo en que am- bos han sido presentados en escena: en vista de que los modos de producir ambos estados son casi iguales, como se puede ver en Debrejne, Rostan, y los modernos au- tores de la hipnosis: en vista d^ que los fenómenos pro- pios del hipnotismo y del magnetismo también son idén- ticos en el fondo; de que de ambos pretenden iguales re- sultados sus pai-tidarios, y que los dos hechos se CKplican
  40. 40. de un modo análogo; creemos poder dejar sentado como un hecho inconcuso, que el hipnotismo no es más que el magnetismo animal presentado hoy al público con un nombre nuevo; una vez que el antiguo se hallaba ya des- acreditado por sus escesos y locuras. V i l . ¿KL HIPNOTISMO ES EL HISTERIS.MO? Muchos han creído que la hipnosis era una simple afección histeriforme, pero es indudable que existen entre ésta y el histérico diferencias notables que les ha- cen dos estados distintos. El histerismo es espontáneo, el hipnotismo provo- cado; éste se puede presentar en la mayoría de los in- dividuos sometidos á las pruebas necesarias para ello, aquel no se desarrolla sino en ciertos estados, condicio- nes, edades y aún sexos; los síntomas ó formas que presentan ambos, son distintos; el hipnotismo depen- de de la voluntad el padecerle ó nó, el histerismo es in- dependiente de la misma: el primero se puede curar en absoluto evitando las causas que le producen; el segun- do aunque el individuo que lo padece quiera y ponga los medios para curarse de esta enfermedad, no le es posible su curación las mas de las veces; y por fin en la práctica se vé que si se hipnotiza á una persona his- térica, pueden presentarse los dos estados ó seguirse uno á otro; que se distinguen porque entre tanto que dura la acción del hipnotismo, la persona afectada de- pende ó está sujeta del hipnotizador; en cuanto queda solo el histerismo queda el paciente completamente in-
  41. 41. - 8 2 - dependiente de la acción del que le hipnotizó, que nó tiene influjo ninguno sobre el mismo. Así que el céle- bre Bernheim, dice en su tratado de la Sugestión lo si- guiente: «El estado hipnótico y el histérico son cosas absolutamente diferentes»; y en otro lugar añade: «La hipnosis no es una variante del histerismo.* De cuya opinión participan muchos y muy notables autores.
  42. 42. SEGUNDA PARTE. I. MÉTODOS Ó PROCEDIMIENTOS DE HIPNOTIZACIÓN. Son varios los métodos que se conocen para hipnoti- zar; es decir se han ensayado gran número de medios diversos para producir el hipnotismo en los sujetos en que se ha experimentado el mismo. El célebre Mesmer se servía de los pases en distintas regiones del cuerpo por medio de una varilla de vidrio, valiéndose al mismo tiempo del gesto, de la mirada y de la música por medio de un piano que con aires variados contribuía á producir el efecto que deseaba; el mismo Mesmer ponía en comunicación unos con otros por me- dio de una cuerda á todos los sujetos que se sometían á sus operaciones. En algunos sujetos se puede producir el hipnotismo por medio de impresiones psíquicas; una or- den imperiosa, una intensa impresión moral, ó miradas expresivas, bastan para producir en ellos el sueño hipnó- tico, y hasta se citan casos de individuos á los que se les hizo creer que á una hora fija se les haría dormir, y.bas*
  43. 43. - 3 4 - tó esto para producirles el sueño á la hora indicada; y omitimos citar algunos hechos demasiado extraordina- rios, como los relatados por el ür. UEslon, que ú mu- chos parecerían inverosímiles. Entre los hechos curiosos de hipnotismo producido por impresiones psíquicas, es notable el que cuenta Maira, de un joven bien consti- tuido que aseguraba que no era posible que á él le hi- cieran dormir por los procedimientos que él había visto hipnotizar; dicho autor le hizo creer que realmente su constitución le favorecía y no podría ser hipnotizado como los demás; p^ro que necesariamente sucumbiría, ó no podría resistir la acción de unos poderosos imanes que le iba á aplicar, y en efecto !e aproximó unos pe- dazos de hierro común á la cabeza, lo cual fué suficiente para que el individuo se durmiera en pocos minutos. El célebre abate Faria recorrió la Europa á princi- pios de este siglo hipnotizando por simple sugestión, mandando cerrar los ojos á las personas que se some- tían á sus experimentos y ordenándolas imperativamen- te que se durmieran. Hay individuos, como sucede con las histéricas, á quienes es más fácil hipnotizar fatigando su atención con repetidas y variadas preguntas. Las im- presiones sensoriales monótonas, repetidas y de poca intensidad, pueden asimismo producir el hipnotismo; una lámina brillante en la que se fija la vista atentamen- te, el sonido acompasado del tamboril, el de la rueda de un molino, y la presión en ciertas regiones muy sensi- bles del cuerpo, consiguen desarrollar el hipnotismo en varios individuos; y en otros produce este mismo efecto una sensación muy fuerte, como la vista de una luz muy intensa. El contacto de los dedos y ia presión en ciertas partes del cuerpo producen á veces la hipnotiza- ción; así Donato cuando quería producir hipnotizaciones rápidas y completas, apoyaba una mano en la nuca de los sujetos sometidos á dicha operación; procedimiento que le dio un resultado seguro muchas veces.
  44. 44. - 3 5 - Muchas personas se hipnotizan por la supresión de ciertas excitaciones sensoriales, como el colocarlas en la oscuridad; y otras si se las comprime los ojos, por la pre- sión intra ocular, ó por la convergencia de los ejes óp- ticos, colocando un objeto cualquiera á una distancia determinada de la vista, y haciendo que ésta se fije te- nazmente en el mismo. Algunos autores aseguran que basta la voluntad y la fé en el hipnotismo para produ- cirse la hipnotización; otros dicen que para esto sólo hace falta una voluntad enérgica; y según Dupoteí, no hace falta la fé para conseguir dicho objeto. Ciertos medios físicos como los imanes y la electri- cidad, pueden asimismo según algunos producir el hip- notismo; así como el uso de ciertas sustancias anestési- cas; como se ve á veces al emplear el cloroformo, que en algunos sujetos produce en ocasiones una especie de sueño hipnótico, pues si se les administr¿t»previniéndo- les que les va á producir el sueño, á las prjmeras aspi- raciones de dicha sustancia se quedan dormidoS^^in que se produzca el periodo de excitación y sin que el croro- formo haya tenido tiempo de producir sus efectos fi- siológicos; sueño que puede ser tan profundo que hasta origine la anestesia ó falta de la sensibilidad. El hipno- tismo puede ser producido asimismo por simple suges- tión, en individuos ya hipnotizados otras veces; y no fal- ta quien afirma que se puede producir también por la aplicación de ciertos vendajes en la cabeza, por las pala- bras suaves y persuasivas, por ciertos gestos, por órde- nes escritas, y algunos dicen haber empleado in precep- to mental. Bernheim dice sobre esta materia que, «cualquiera que sea la vía por la cual la sugestión llegue al entendi- miento produce su efecto;» y asegura que se puede pro- ducir la hipnotización por una carta, en la que se afirme al sujeto que se desea hipnotizar, que apenas la lea que- dará dormido; habiendo ocurrido casos de este género;
  45. 45. - 3 6 - y Liégeois dice haber producido el hipnotismo, por me- dio del teléfono. Concluiremos éste capítulo diciendo que se han visto casos de sujetos que han pretendido hipnotizar á otros y han sido ellos los que quedaron hipnotizados; y otros individuos que se han hipnotizado- uno á otro simultáneamente, quedando ambos sumidos en estado hipnótico, al intentar el uno la hipnotización del otro. n. ¿SE PUEDE APLICAR EL HIPNOTISMO Á TODOS LOS INDIVIDUOS, Ó, LO QUE ES IGUAL, SON TODOS SUSCEPTIBLES DE SER HIPNOTIZADOS? Los muchísimos experimentos hipnóticos hechos hasta el día, parece que permiten establecer, sobre esta cuestión las conclusiones siguientes. El hipnotismo puede ensayarse y se ha ensayado en toda clase de personas, sexos y edades, y ha dado los resultados que citamos á continuación. La mayoría de los autores que han escrito sobre esta materia, aseguran que hay individuos refractarios á la acción de la hipnosis; así lo afirman el célebre Braid y otros hipnotistas, Bernheim por su parte, dice que en la gran mayoría de individuos la esperiencia demuestra que se produce fácilmente el hipnotismo, y las personas re- fractarias á éste son la excepción; y en su obra «La Su- gestión, añade: «Creo que todos los hombres son hipno- tizables; pero no conocemos los procedimientos capaces de hipnotizarlos á todos. El día en que se haya descu- bierto un agente soporífero segai^Q y constante, provo-
  46. 46. —37— cando el sueño rápidamente, sin que este agente modi- fique la disposición psíquica, de manera que el sujeto pueda dormir con el pensamiento fijo en la persona pre- sente, entonces quizás ninguno escapará á la influencia sugestiva de otro.» Hay individuos en los que no se puede determinar sino cierto grado de hipnotismo y no otro: los niños desde que ya comprenden y tienen uso de razón, se hipnotizan como los adultos; entre estos, unos caen con la mayor facilidad en el hipnotismo, otros resisten más, y varios son más rebeldes y necesitan repetidas sesiones para ser hipnotizados; unos se hipnotizan mejor con la dulzura y persuasión, otros fon procedimientos enérgi- cos; se han hipnotizado sujetos neurópatas, mujeres his- téricas, hombres robustos, bien constituidos y poco im- presionables, y personas de buena inteligencia é ins- trucción: en cambio se ha notado que á los dementes, melancólicos, é hipocondríacos, es muchas veces difícil y hasta imposible hipnotizarlos. «Hay neurópatas é histé- ricas, dice Bernheim, difícilmente hipnotizables y hasta refractarios á la hipnotización; los dementes, los melan- cólicos, los hipocondríacos, las personas de imaginación móvil, que no saben fijar su atención, aquellas á quienes absorbe ift emoción y los que tienen preocupado el ce- rebro g^, ideas diversas, oponen á la hipnotización una resistencifi Tioral consciente ó inconsciente.... La gente del pueblo, los militares veteranos, los artesanos, los sujetos habituados á la obediencia pasiva, los cerebros dóciles, me han parecido más aptos para recibir la hip- notización.» Y Liébeaultañsidi por su parte lo siguien- te: «He notado que se prestan mejor á la hipnoti- zación la gente artesana, los labradores y los soldados mejor que la gente ilustrada, que á veces opone una gran resistencia moral para ello.» La siguiente estadística que reproducimos del doctor Liébeault, puede ilustrar á nuestros lectores sobr« este
  47. 47. _ 38 _ punto, teniendo en cuenta que dicho médico operó sobre personas sencillas, y que estaban predipuestas á la hipnotización. De dicha estadística resulta que de loii personas sometidas á la hipnotización, hubo 27 re- fractarias; 3o que llegaron tan solo á la somnolencia: ICO al sueño ligero: 460 al sueño profundo: 282 al sue- ño muy profundo: 3i al sonambulismo ligero: y i3i al sonambulismo intenso. De las estadísticas formadas re- sulta que la proporción de personas hipnotizadas es casi la misma entre hombres y mujeres, y que se encuentran hipnóticos en todas las edades de la vida, si bien hay mayor predisposición al hipnotismo en la infancia y en la juventud, que en las, eiftdes avanzadas de la vida. Debemos también consignar que entre los hipnotistas que no admiten la existencia de individuos refractarios á la acción hipnótica, se halla el Sr. Sanche^ Herrero; inventor de un aparato especial para producir la hipno- tización; aparato tal, que, según su autor, no hay indi- viduo alguno que resista su acción, por rebelde que ha- ya sido á dejarse hinoptizar. Y por creerlo de importancia, y como quiera que tnuchos han creído que la mayor facilidad para ser hip- notizado, dependía de ser los individuos nerviosos y de débil constitución, ó bien ser sujetos histéricos los so- metidos al hipnotismo; recordamos las palabras de Ber- nheim sobre esta materia, el cual dice: «No vaya á creerse que los sujetos impresionados por el hipnotismo son personas neurópatas, cerebros débiles, histéricas, mujeres; que ia mayor parte de nuestras observaciones han sido en hombres escogidos á propósito para respon- der á esta objección, Braid en sus experimentos, ya hipnotizó á gran número de sujetos de buena salud: Fila:{ier prefería para hipnotizar X lÓs campesinos y á los soldados: Hansen, hipnotizaba con predilección á los individuos fuertes, robustos y de espléndida salud, aunque fueran personas sabias é instruidas en la misma
  48. 48. - S é - medicina; y Donato hizo una cosa análoga; asi que éñ sus registros de hipnotizados se hallan los nombres de toda clase de personas de distinta edad, posición, salud, instrucción, etc. Así es que por lo general en la mayor parte de sesiones de hipnotismo se suele hipnotizar, ó intentarlo, á todos los que se presten sin distinción de sujetos. III. ¿SON APLICABLES A TODOS LOS INDIVIDUOS, CUALQUIERA DE LOS MODOS Ó MEDIOS DE PRODUCIR EL HIPNOTISMO? ¿EL HIPNOTISMO ES IGUAL EN TODOS LOS HIPNOTIZADOS? Estas dos cuestiones van resueltas en parte en el capítulo anterior. . No son aplicables á todos los individuos cualquiera de los medios de hipnotizar; unos se hipnotizan mejor fijando su vista en algún cuerpo brillante, otros por el contacto de los dedos y bajo el influjo de la mirada del hipnotizador, otros por la sugestión, etc... Los.diversos medios hiptiógeiios, ó productores del estado hipnóti- co, no obran del mismo modo en todos los sugetos; en unos se desarrolla mejor el hipnotismo por un medio determinado y en otros por otro distinto, y parece que el procedimiento más seguro para hipnotizar es aquel en el que se hace uso al mismo tiempo de la fijación de la vista y de la sugestión; debiendo tenerse en cuenta sobre este punto, que hasta se han inventado aparatos espe- ciales para producir la hipnotización, como el del señor Sánchei Herrero. «Parece, dice un autor de hipnología,
  49. 49. - 4 í > - que, si en algunos sujetos se consigue mejor producir el sueño hipnótico procediendo con dulzura, en otros re- beldes á la sujestión suave, es mejor emplear la energía; hablar con tono de autoridad para reprimir la tendencia á la risa ó á la veleidad de resistencia involuntaria que esta maniobra puede provocar.» Respecto á si el hipnotismo es igual en todos los su- jetos hipnotizados, parece que no en todos presenta igual carácter: se puede decir que cada individuo imprime una modificación especial al estado hipnótico ó que este estado se presenta en cada uno con diversa forma, y que el hipnotismo difiere en cada uno de los individuos sobre que obra. «Los hechos magnéticos producidos por una misma acción, dice Donato; pueden diferir según sean los suje- tos, y aun ser opuestos entre sí. Esta diferencia de ac- ción unos lo atribuyen al hipnotizador ó medio hipnoti- zante, otros al mismo modo de ser del sujeto hipnotiza- do, y otros á ambas causas al mismo tiempo.» Y Ber- nheim añade: «Cada hipnotizado tiene por decirlo así, su propia individualidad, su manera de ser especial.» IV. AUTOHIPNOTISMO Y AUTOSUGESTIÓN. Se hsi W&m&áo Autohipnotismo, al hipnotismo pro- ducido por el mismo hipnotizado sin auxilio de hipno- tizador alguno, como cuando un sugeto queda sumido en el sueño hipnótico por fijar la vista atentamente en alguna lámina brillante. Y se ha llamado por consiguien-
  50. 50. - 41 - te Aulohipnoíi^ación, á la operación de hipnotizarse ürt individuo á sí mismo como hemos indicado. Los casos di autohipnotismo, son conocidos desde la más remota antigüedad, si hemos de creer á los his- toriadores, que nos hablan de los religiosos cismáticos del monte Athos, de los Fakires de la India y otros muchos, que se hipnotiza,n con facilidad suma quedán- dose en contemplación fija de un objeto cualquiera aun- que sea imaginario, ó de alguna parte de su mismo cuer- po, como el ombligo; y hoy son ya muchos los casos de autohinotismo citados por los autores que han e"«:rito de la hipnosis; como el de que nos habla el Dr. Mosso, de una enferma que se hipnotizó fijando su vista en un bote de latón, y una vez que describió este*^cho, siem- pre que se sentía molestada por los dolores repetía la operación, para buscar un calmante á los mismos. Se ha Wamado Autosugestión, á la sugestión produ- cida por el mismo individuo y no por influjo alguno ex- traño á él mismo, la cual provoca fenómenos ó actos que parten de sensaciones ó ideas del mismo suges- tionado; las autosugestiones son muchas veces más enérgicas que las sugestiones comunes ó producidas por agentes extraños, y aun se suelen sobreponer á éstas, porque los que presentan las autosugestiones, á los cua- les dase el nombre de autosugesíionistas, muchas ve- ces son víctimas de sus mismas sugestiones, solo se sue* len hallar en relación consigo mismos, y es difícil domi- nar estas sugestiones con otras producidas por indivi- duos extraños. Entre otros casos prácticos que pudiéra- mos citar de autosugestión, indicaremos el de que nos habla Bernheim; de una histérica atacada de una pará- lisis psíquica, que fué hipnotizada repetidas veces con objeto de curarla su padecimiento, lo cual no se pudo llegar á conseguir porque la misma enferma se había pro> ducidó la autosugestión previa de que el hipnotismo ^oh podía curar, ó no lenía virtud para obrar en ella, 5
  51. 51. —42— como así sucedió; y dice el mismo autor que la autosu- gestión inconsciente producida en este caso era tal, que no fué posible hacérsela desaparecer. V . ¿ES POSIBLE HIPNOTIZARSE POR LA SOLA lAlAGhN'AClÓN? Parece indudable que en algunos sujetos puede pa- sar así efectivamente; y son varios los casos de indivi- duos á quienes se hizo creer que quedarían hipnotizados en cuanto sufrieran el influjo de unos poderosos imanes ó de una corriente eléctrica, como quedaron efectiva- mente sumidos en estado hipnótico cuando se les aplicó unos pedazos de hierro que ellos creían ser los imanes de que s'e les había hablado; qu2 es una cosa análoga á lo que sucede con mucha frecuencia al aplicar el clorofor- mo á ciertas personas que conocen ya sus efectos, que suelen quedar anestesiadas con sólo aproximarles dicho anestésico, y aun antes de que el mismo haya podido producir sus efectos físiotógicos en dichos sujetps. Entre los hechos curiosos de desarrollo del estado hipnótico por la sola imaginación que pudiéramos pre- sentar á nuestros lectores, tomamos el siguiente del Dr. Charpignón. (Estudios sobre la medicina anímica y vitalista): «Había malvados que creian tanto en los se- cretos que tenian para hacerse insensibles al dolor, que se constituían espontáneamente presos para h^cer desaparecer ciertas sospechas. Los hay que se sirven de ciertas palabras pronunciadas en voz baja, y otros de ciertos papeles que ocultan en cualquiera parte de su
  52. 52. —48— cuerpo.—El primero que conocí que se servía de esta especie de encantos, (refiérese el autor á hechos reuni- dos hace más de dos siglos) nos sorprendió por su cons- tancia superior á sus fuerzas naturales, porque después de aplicado el tormento por primera vez, durmió tan tranquilamente como si hubiese estado en una buena cama, sin lamentarse, quejarse ni gritar; y cuando se le aplicó el tormento por segunda y tercera vez, perma- neció inmóvil como una estatua de mármol, lo que nos hizo sospechar que estaba provisto de algún encanto, y para saberlo de cierto, se le desnudó completamente, y después de reconocido, no se encontró otra cosa sobre él, que un pequeño papel con el retrato de tres reyes, con estas palabras escritas en el reverso: «Bella estrella que has librado á los magos de la persecución de Hero- des, líbrame de todo tormento.» Este papel lo tenia me- tido en el oído izquierdo. Apesar de habérselo quitado, siguió siendo insensible á los tormentos, porque cuando se le aplicaban, pronunciaba en voz baja, entre dientes, ciertas palabras que no se podían entender, etc.» * Y no debe extrañar á nuestros lectores que la sola imaginación pueda producir el estado hipnótico en al - gunas ocasiones, cuando á ella han atribuido hombres eminentes la virtud curativa de gran número de sustan- cias de las más poderosas con que cuenta la medicina para la curación de enfermedades rebeldes, y aun de métodos enteros de terapéutica, como ha sucedido con Is Hidropatía, la Homeopatía, etcí
  53. 53. VI. <JEXISÍTE RELACIÓN ENTRE EL HIPNOTIZADO Y EL HIPNOTIZADOR? Parece un hecho cierto que esta relación existe y que el hipnotizado se convierte por completo en un autóma- ta en manos de su hipnotizador; así que sobre este pun- to dice. Bernhimí, que cuando el hipnotismo es profundo, el hipnotizado oye lo que le dice el hipnotizador y. no lo que dicen las demás personas, ni entiicnde lo: que se ha- bla á su «alrededor: sus sentidos no están en comunica- ción más que con el hipnotizador, pero son susceptibles de ponerse en relacióniCon todo el mundo. Y. en otra parte añade: «En todos .loa períodos hipnóticos el hip- notizado oye aj operador, tiene la atención y el oido fi- jos en él. Con frecuencia contesta á las preguntas; res- ponde casi siempre si se insiste y se le dice que puede hablar. Hasta cuando queda inmóvil, insensible, con la cara sin expíresióny extraño en apariencia al mundo ex- terior, oye todo, aunque más tarde, al despertar, con- sfirvc-ó no ,cl recuerdo. La prueba es que. sin tocarle, sin soplare en los ops, la simple palabra: (iDesj^rtad» le despierta. E hipnotizado no es más que un autómata, según la frase común, en manos del que le ha colocado en aquel estado; y son tantos y tan repetidos los hechos que prueban esto que dejamos expuesto, que nadie se podrá atrever á negarlo; aun cuando hay algunos casos qije pudieran considerarse como dudosos en esta cuestión, que son los de aquellos hipnotizados que caen en un sueño profundo sin recordar nada d^ este estado guando
  54. 54. _ 4 l ^ despiertan, y los que, mientras duermen por machó que se les pregunte, no dan señales de entender nada, que en ellos se produce difícilmente la catalepsia; su- gestiva, y no realizan al despertar las ilüsidnes, aluci- naciones y sugestiones; pues eátos mismos individuos que parecen excepciones de la regla general, examinán- doles bien y haciendo varias pruebas con los mismos, se vé que conservan la misma relación que todos con su hipnotizador, y que en este punto siguen la ley común. Otra de las pruebas del absoluto dominio que ejer- ce el hipnotizador sobre él hipnotizado, es él que hay casos en la que este último escucha todo lo que se ha- bla á su alrededor y sin embargo no obedece más que á la persona que le ha hipnotizado, que es la única con la que parece conservar relación. Esta relación es tal, que se citan casos de personas hipnotizadas por sí so- las y á las que fué posible hacer volver á su estado nor- mal, por la intervención de algún individuo que otras veces las había hipnotizado y que en aquella ocasión en nada había intervenido para producir aquel estado hipnótico. El Dr. Puga Borne, refiere el caso de un individuo en estado de catalepsia generalizada por cau- sa de una gran contusión; y con el que, ni Fbs médicos ni las hermanad de la caridad del hospital, podian ha- llar forma de comunicarse; y fué preciso acudir para esto á la mediación de otro enfermo á cuyo único in- flujo obedecía el catalépticoj y que- fué tal vez" el que le vio caer en dicho estado. ' El dominio del hipnotizador sobt»e él hipnotizado parece extenderse casi siempre',—¡-y es importante el .síiberlo,^^hasta más allá de la hipnotización; así es que casi todos loa' bipínotizad6s conservan un afectuoso ca- riño hacia el qüfe loV hipnotizó, c&mo se ve en los ex- perimentos; -de Donato, y otros muchos hipnotlstas. Obsérvase también'qüc al que ha'hipnotizado una Vfó á-'*1gtmap8ísotía¡ lees'flíuyfátít: volverle á hipncítii^
  55. 55. Us'veces que quiera, quizás aun contra la voluntad de esta, como decimos en otro lugar. Y por fin, téngase en cuenta que hoy la inmensa mayoría de hipnólogos, rechazan la existencia de todo fluido como causa productora del hipnotismo; lo cual parece confirmarse por el autohipnotismo y otras varias razones; y si esto es así; si en la hipnotización, el hipnotizador no es sino una causa secundaria y de nin- gún modo esencial para la producción del estado hip- nótico, y al mismo tiempo es indudable el influjo ó do- minio del hipnotizador sobre el hipnotizado en las ope- raciones producidas por medio de otra persona ó de otro sujeto distinto del hipnotizado, es inexplicable, naturalmente hablando, dicho influjo ó dominio ejer- cido por el hipnotizador, siendo uno de tantos misterios como abundan en el estudio de la hipnosis. VII. ¿CÓMO SE REALIZA LA VUELTA AL ESTADO NORMAL DESPUÉS DE LA HIPNOTIZACIÓN? Algunos hipnotizados vuelven á su estado natural de un modo espontáneo; otros en cuanto el hipnotizador se separa de su lado; muchos ante el mandato impera- tivo de este último, que á veces tiene que repetir más de una vez, y los hay también á quienes es preciso que el mismo hipnotizador sople sobre los ojos, ó les eche algunas aspersiones de agua fria en el rostro. La vuelta al estado normal, ó el despertar del hip- notizado, no es siempre fácil; sobre todo si se ha hip- notizado por la autohipnotización ó por medio de una
  56. 56. - 4 í - persona no conocedora del asunto; y se citan yd thuchos casos de graves compromisos sucedidos por esta causa» y entre otros, haremos mención de un joven hipnotizado espontáneamente por la acción de una luz de magnesio que encendió un niño. Viendo que no volvía en sí, inten- tó repetidas veces despertarle un individuo que se halla- ba presente, muy conocedor de la acción hipnótica, y que además ya le había hipnotizado otras varias veces, y con gran sopresa tanto de éste, como de todos los que presenciaban el caso, nada pudo conseguir, y el hipno- tizado continuó cu su sueño hipnótico, h^^sta que se le ocurrió á uno de los allí presentes que le despertara el niño que había encendido la luz y había sido causa oca- sional de aquel suceso; y efectivamente despertó el hip- notizado tan sólo bajo el influjo del infantil mandato. Curioso es asimismo lo que»nos caenta. Zanardelii, el cual dice que le ha sucedido repetidas veces ser llama- do á toda prisa para despertar á sonámbulos impruden- temente magnetizados por algún aficionado; y asegura que salía fácilmente del paso valiéndose de la placa eléc- trica Fechner; y nos habla de uno de estos casos que le sucedió en Madrid en una aristocrática mansión á la que fué llamado para despertar á una señorita sumida en un estado cataléptico por la hipnosis, estado que había alarmado notablemente á su familia al encontrarse con la joven, pálida, rígida é inmóvil, cual si la vida la hu- biera abandonado por completo, ¡Justo castigo, añadi- mos nosotros, de los que se meten á lo que no deben ó pueden meterse. Parece que la mayor facilidad para despertar del es- tado hinóptico, está por lo general en relación con el número menor de veces que el individuo se ha sometido á la hipnotización: los sujetos hipnotizados por primera ó segunda vez tienen gran tendencia á despertar fácil- mente, y el hipnotizador tiene que* seguir ejerciendo cierta acción ó influencia sobre los mismos para que
  57. 57. - 4 é - ho despierten, ó mandarles de cuando en cuando qué duerman; esto en el caso que quiera prolongar el sueño hipnótico: en cambio los hipnotizados ya repetidas ve- ces suelen tardar en despertar, ó necesitan ser desper- tados por el hipnotizador, á quien muchas veces no basta para conseguirlo decirle: Despertad, orden que suele ser suficiente en la gran mayoría de hipnotizados; sino que tiene que decirle que ya sus ojos se pueden abrir, ó bien valerse del soplo ó de la aspersión de agua fria. El despertar del hipnotizado suele ser como el del que vuelve de un profundo sueño del que no conserva recuerdo alguno. Aunque se halle bajo el influjo de un estado hipnótico muy graduado y un fenómeno de so- nambulismo, suele despertar repentinamente ante la orden del hipnotizador, y despierta sin idea alguna, ni recuerdo de nada de lo ocufrido. También se le puede decir á un hipnotizado que cuente una cantidad deter- minada de números y que despierte al llegar al que se le indique, como así sucede; con la particularidad, que si no ha concluido la cuenta, sigue contando despierto co- mo empezó dormido y sin saber lo que hace. Bueno es advertir asimismo, que á la mayor parte de los hipnotizados al despertar les queda algún mal- estar, otras veces somnolencia, ó bien vahídos, ó pesa- dez ó dolor de cabeza; y que según algunos, basta decir á un hipnotizado: Despierta bien y sin molestia algu- 7ia;n para que suceda así efectivamente.
  58. 58. —«— vm. ¿PARA LA HIPNOTIZACIÓN, ES PRECISA LA VOLUNTAD Ó COOPERACIÓN DEL HIPNOTIZADO? Esta cuestión es de suma tascendencia en el estudio del hipnotismo, dado lo mucho que éste se ha genera- lizado', pues son ya muy numerosos los médicos y char- latanes que han practicado cientos y miles de hipnotiza- ciones cada uno de ellos, y claro es que convendría fijar con claridad un punto tan importante. Los hipnólogos dicen que para la hipnotización no sólo es necesario que la persona que va á sufrir dicha operación dé su consentimiento; sino que hasta tiene que cooperar para que dicha acción se produzca: así el célebre Braid, dijo que el estado hipnótico no puede ser determinado ó producido en alguno de sus períodos sin el consentimiento de la persona operada.» La mayoría de los autores que se han ocupado en esta cuestión con- vienen'en que cuando se quiera hipnotizar á un indivi- duo por primera vez hay que empezar por prepararle, hacerle comprender que aquella operación que se va á practicar con él es un mero entretenimiento, ó le va á resultar algún beneficio de la misma, y aun engañarle diciéndole; «que se le va d producir un simple sueño^ sueña tranquilo y bienhechor que restablezca el equili- brio del sistema nervioso:» una ve? obtenido el consen- timiento del interesado, el procedimiento más común para hipnotizarle, es sentarle en una silla frente al ex- perimentador, que le coge los pulgares y pone sus ro- dillas en contacto con las de aquel; luego se recomienda al ofMscado que se abstraiga de todas las cosas y qué st
  59. 59. - f c o - ocupe tan solo del sueño que le va á sobrevenir, y qué se persuada que se dormirá pronto; luego el hipnotiza- dor fija tenazmente su mirada en la del hipnotizado, y le manda en tono imperativo que se duerma, cuando crea que ya está preparado para ello. A veces no basta una sola sesión para producir el sueño hipnótico á pesar de todos estos actos, y es preciso repetir la operación dos ó más veces, antes de llegar á hipnotizar á ciertos sujetos. Hay individuos como los epilépticos y las histé- ricas que quedan dormidos tan solo por la simple pre- sión de algún punto de la cabeza de los mismos, pero no sabemos si este es un verdadero sueño hipnótico, ú otrr. variedad de sueño. Parece que en la gran mayoría de los casos no sólo es necesario que el sujeto que se va á hipnotizar preste su voluntad á dicho acto, para que la hipnotización se produzca, sino también su atención fija y sostenida á las operaciones del hipnotizador, sin lo que parece que «s muy difícil ó imposible en muchos casos hipnotizar á ciertos individuos, á no ser que estos tengan lo que se llama Educación hipnótica. Por la relación que tiene con la materia este ca- pítulo, conviene que nuestros lectores se fijen en lo que decimos en el dedicado á si el sueño natural puede pasar á hipnótico, para imponerse bien en esta cuestión, para nosotros de notable importancia. Pero ahora vamos á presentar á los que nos lean, el que podemos llamar reverso de este asunto; para que vean lo difícil que es darle una solución satisfactoria, y que no podemos guiarnos por lo que digan ciertos auto- res, por más que sean eminentes en otras materias, ó en estas mismas. De gran fuerza y autoridad son algunos otros escri- tores y hombres de ciencia, que nos citan algunos casos en los que se ha producido el hipnotismo sin la voluntad , ¡¡ti Q1 consentimiento de la persona hipnotizada, como el
  60. 60. —il— tan célebre y repugnante citado por Despine, que dio lugar á la correspondiente causa ó proceso; caso ert ver- dad sumamente complejo, pues sobre la joven, víctima del mismo, obraron una porción de causas diversas, de gran fuerza para ella; por o que se explica que desapa- reciera fácilmente su voluntad, en la tristísima situación en que se llegó á encontrar, y en la que fué hipnotizada forzosamente. El Sr. Donadiu dice sobre el asunto de este capítulo por su parte lo siguiente: «¿No afirman también unos que es necesaria la voluntad y fe para la eficacia del hip- notismo, otros que basta lasóla fe, y otros que puede obtenerse dichos fenómenos hipnóticos con voluntad, sin ella y aún con voluntad contraria?» Pero hay auto- res, como Beaunis, que afirma que de nada sirve la re- sistencia del sujeto á ser hipnotizado, que aunque pueda evitar la mirada del hipnotizador, siempre encontrará éste algún procedimiento para dormirle. Y asegura que esta sumisión no solo se extiende al sueño hipnótico, sino también al estado de vigilia. El Dr. Voi^in, nos refiere el caso de una joven de muy desarreglada vida á la que trató de hipnotizar, y la cual resistió de tal modo al hipnotizador, que no había forma de hacerla fijar la vista y llegó hasta escupir al médico. El médico, empe- ro, después de una porfiada y tenaz lucha consiguió por fin hipnotizarla, hasta el punto que llegó á revelar algu- nos hechos que hasta entonces había tenido muy secre- tos. La Tourétte en su obra, El Hipnotismo; asegura que puede una persona ser hipnotizada, sin que ella lo consienta, Bertrand, muy práctico en estas cuestiones, dice que quizás haya magnetizado sin pretenderlo. El Padre Franco afirma que se dan muchos casos de hip- notizados contra su voluntad. Cullerre y otros autores, nos citan varios hechos de hipnotización por sorpresa y sin el consentimiento de los interesados. El Dr. Ro- bone^m hipnotizó asimistno i varios enfermos á pesw
  61. 61. - 5 2 - dt ellos misinos y de toios sus esfuerzos en contra, Husón y Lafontaine, nos dicen que se puede hipnoti- zar á un sujeto por sorpresa y hasta contra su determi- nada voluntad; y no falta un escritor que afirma, que, alos fenómenos magnéticos, se pueden obtener con la voluntad., sin la voluntad,j ' contra la voluntad.» De todo lo que parece resultar, que si bien es cier to que en la gran mayoría de ios casos es precisa la vo- luntad y cooperación del hipnotizado para que la hip- notización se produzca, puede en algunos casos produ- cirse el hipnotismo en algunos sujetos, sin la voluntad ni cooperación de los mismos, ó quizás aun contra su misma voluntad. IX. ¿EN UN SUJETO YA HIPNOTIZADO OTRAS VECES, ES PRECISA SU VOLUNTAD . PARA HIPNOTIZARLE DE NUEVO? Sobre este punto se puede asegurar que'parece indu- dable que lá facilidad para ser hipnotizado un individuo cualquiera, está en relación directa de las veces que el mismo individuo ha sido hipnotizado. Para la primera ó primeras hipnotizaciones, es preciso/?or lo común, la voluntad y atención del que se hipnotiza; pero para las hipnotizaciones sucesivas, si la operación se repite varias veces; ya se puede hipnotizar á un sujeto sin que el mismo coopere á ello, y en especial si tiene lo que los autores llaman Educación hipnótica; que no es más qiie«l héhlxo de hipnotizarse, ó el haber sido bipnoti-
  62. 62. - 8 S - zado varias veces: entonces se puede llegar á dormir á dicho sujeto, ó hacerle caer en el sueño hipnótico, auií contra su voluntad; y pudiéramos citar numerosos ejem- plos de hechos de este género. Además, de los repetidos experimentos hechos sobre esta materia, resulta una cosa mucho más grave, y e s que algunas personas que tienen Educación hipnótica, adquieren una gran tendencia á dormirse espontánea- mente, ó á quedar á disposición de cualquiera, que las puede hipnotizar con suma facilidad valiéndose de cual- quier sencillo medio, como por ejemplo cerrarles los párpado?; por más que á la mayoría de hipnotizados sólo suele sucederles esto con su hipnotizador habitual, que dispone en absululo de ellosj' cuyo influjo no les es posible contrariar. Hechos son estos que encierran no- table gravedad y que deben ser meditados por los que se prestan á dejarse hipnotizar, como si esto fuera un juego cualquiera, y quizás sin comprender el alcance y consecuencia de tales actos; y también por los gobiernos á quienes incumbe poner los remedios consiguientes. ¿EL SUEÑO NATURAL PUEDE PASAR Á HIPNÓTICO? Esta cuestión es de grande interés práctico, porqué cualquiera comprende fácilmente las consecuencias á que esto puede dar lugar. Pues á ser cierto que al que se hallara durmiendo naturalmente, pudiera hacérsele caer con masó menos facilidad en el sueño hipnótico, ¿quién puede calcular los abusos que esto podría origj-
  63. 63. - B i - nar, sobre todo si las leyes no castigaran severamente las prácticas y espectáculos hipnóticos? Sobre el objeto de este capítulo escasean los hechos que nos pudieran servir de fundamento para sacar con- clusiones decisivas; sin embargo, parece poder afirmar- se que en sujetos que han sido ya hipnotizados; ó son fácilniente hipnotizables, es posible en algunos, si no en todos; que cogiéndoles durmiendo el que alguna otra vez les haya ya hipnotizado, pueda producir en ellos por sugestión el sueño hipnótico, con los fenómenos de ca- talepsia, anestesia, etc., de lo cual ya hay algunos he- chos que pudiéramos citar. Así que el 6>. Garrote, en sus Observaciones acerca del Hipnotismo, dice: «Las autoridades hipnóticas aseguran que puede aprovecharse el sueño natural ófisiológicopara hacer pasar á los suje- tos, desde él al sueño hipnótico; y por consiguiente, sin la voluntad del individuo.)^/?icAer en su ^Grande Hieté- rie,n nos presenta casos de hipnotización durante el sue* no de ciertos sujetos. Noi:{et, Liébeault, Bernheim y otros hipnólogos, nos refieren asimismo algunos hechos de personas que hallándose en sueño natural, fué trans- formado éste en sueño hipnótico; y el último autor dice lo siguiente sobre este punto: «El sueño natural es trans* formado en hipnótico Me ha sucedido con frecuen- cia encontrar á un enfermo dormido en mi sala de clínica y decirle: «No se despierte V,..., continúe dormido;» enseguida le pongo los brazos en el aire, y quedan asi en catalepsia sugestiva. Le doy una sugestión para cuan- do se despierte, y la ejecuta sin acordarse de nada; sin saber que le hablado.» Estos hechos encierran en sí una inmensa gravedad, sobre todo si han sido producidos en sujetos nunca hasta entonces hipnotizados. También creemos conveniente hacer mención de un hecho aducido por varios autores, según los que, hay individuos como sucede en algunas histéricas, que si se comprífiíen ciertas partes de su cuerpo en tanto se ijaf
  64. 64. lien en estado de sueño hipnótico, es probable ó fácil, que este sueño se convierta en sueño histérico, sobre el que no tiene influjo alguno el hipnotizador por lo común. Pero pueden los sujetos que tengan la llamada Edu- cación hipnótica, ser sumidos en el sueño hipnótico ha- llándose en estado de sueño natural, por la influencia de su hipnotizador habitual ó de un individuo cualquíe* ra, ¿Y lo que es mucho más grave, la transformación del sueño natural en hipnótico, puede tener lugar en un individuo cualquiera no hipnotizado otras veces? Espe- ramos nuevos hechos que vengan á fijar esta cuestión, que en nuestro corto entender encierra no pequeña gra- vedad. XI. ¿EXISTEN ZONAS HIPNÓGENAS? Son llamadas :(onas hipnógenas, por los que las ad- miten, ciertas regiones del cuerpo cuya presión ó ex- citación produce el sueño hipnótico. Se ha observado efectivamente, en ciertas histéricas, que existen en las mismas, ciertas partes ó puntos de su cuerpo cuya pre- sión produce una- especie de sueño; pero se ha notado también que esto no sucede en todas las personas hip- notizadas, y que aún en las en que esto se verifica, co- mo quiera que, antes de caer en el sueño hipnótico, se las previno que al tocarles tal ó cual punto de su cuerpo caerían en dicho sueño, se cree, ó hay motivo para creer, que este sueño producido en estos casos es debido á la sugestión, y no á la presjóijpi del punto d$l
  65. 65. —ce- cuerpo del sujeto que se haya comprimido. Pero espe- remos á que nuevos experimentos acaben de fijar esta cuestión. X I I . ¿ RECUERDAN LOS HIPNOTIZADOS LO OCURRIDO DURANTE SU HIPNOTIZACIÓN? Sobre este punto diremos que la experiencia ha confirmado que existen dos clases de hipnotizados: unos que conservan más ó menos completo el recuerdo de lo sucedido en tanto se hallaban hipnotizados; y otros que no conservan al despertar, memoria alguna de lo que ha ocurrido durante su sueño. «El hipnotizador por medio de los sentidos, dice el Dr. Verga, reduce al • hipnotizado á un simple ser pasivo, ejecutor inconscien- te de cuanto se le impone, sin que naturalmente recuer- de lo ocurrido.» Parece que el recuerdo de lo ocurrido durante el sueño hipnótico, subsiste en los primeros grados de hipnotización, ó sea cuando ésta no es muy graduada; que en tos grados avanzados de la misma, cuando hay sonambulismo, algunos individuos pueden recordar con- fusamente que han oído algo en ciertos momentos, se les puede hacer recordar algunos hechos, esto cuando ha habido un sonambulismo ligero; pero cuando éste es profundo, la memoria de lo sucedido durante el sueño, desaparecjB por completo, y por lo menos espontánea- mente, es imposible que el hipnotizado se pueda acor- dar de nada. Parece asimismo que el número de indivi- duos hipnotizados, á los que se puede hacer olvidar el

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