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14 febbraio 2018 esp

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  1. 1. ¡Salir,Encontrar,Serprójimas! Roma, 14 de febrero 2018 Queridas hermanas, Estoy feliz de llegar a vosotras en este nuevo 14, sobre todo porque hoy, Miércoles de Ceniza, en comunión con toda la Iglesia, iniciamos el Tiempo de la Cuaresma. Tiempo que nos ofrece la ocasión para mirar la vida, los acontecimientos y las personas con esperanza y confianza. Tiempo que nos hace vivir la dinámica de la conversión [misionera] y nos prepara a revivir los grandes misterios de la vida de Jesús que, abandonado en la voluntad del Padre ¡camina decidido hacia Jerusalén! En el mes de enero nos detuvimos en el mensaje del Papa Francisco para la104a Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado: “Acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes y a los refugiados”. Además, nos hemos comprometido a conocer las experiencias migratorias dentro de nuestras comunidades y a dedicar un espacio concreto, físico, al proyecto “Para una casa común en la diversidad de los pueblos”. Seguramente estos dos compromisos nos han ayudado a hacer espacio dentro y en torno a nosotras para acoger la diversidad, lo diferente, lo extranjero. En este Miércoles de Ceniza, quisiera evidenciar cuanto el Papa Francisco dice en su mensaje para la Cuaresma, considerando nuestro horizonte: ¡los jóvenes migrantes, los menores no acompañados! El Papa Francisco nos propone en su mensaje una reflexión sobre la caridad: «Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (Mt 24,12). Citando a Dante Alighieri en su descripción del infierno, el Papa propone que nos interroguemos: “¿Cómo se enfría en nosotros la caridad? ¿Cuáles son las señales que nos indican que el amor corre el riesgo de apagarse en nosotros?”. Dice el Papa Francisco que “También la creación es un testigo silencioso de este enfriamiento de la caridad: la tierra está envenenada a causa de los desechos arrojados por negligencia e interés; los mares, también contaminados, tienen que recubrir por desgracia los restos de tantos náufragos de las migraciones forzadas; los cielos —que en el designio de Dios cantan su gloria— se ven surcados por máquinas que hacen llover instrumentos de muerte”. Todas sabemos que estos “instrumentos de muerte” son una de las causas del fenómeno migratorio actual que ponen en movimiento a millares de personas, que las obligan a escapar de la violencia, de la guerra y de todas sus consecuencias; a abandonar casa, tierra, patria, cultura… es decir ¡la propia historia! Son los “instrumentos de muerte” que destruyen la paz y la armonía entre los pueblos porque el amor, lamentablemente, se ha enfriado… ¡porque la humanidad ha perdido la humanidad! Queridas hermanas, os invito a leer y meditar el mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma haciendo un ejercicio práctico: aquel de cambiar la mirada hacia los migrantes. ¡Cambiar la mirada dentro y fuera de la comunidad! La Cuaresma 2018 es para todas nosotras una invitación a quitar de nuestra mirada todo prejuicio, toda actitud de condena, rechazo o indiferencia.
  2. 2. ¡Salir,Encontrar,Serprójimas! Para concretizar el deseo de cambiar nuestra mirada, probemos a identificar dentro de nuestras obras o presencias, personas que han vivido la experiencia migratoria. Probablemente ya hemos estado en contacto con personas que han experimentado o todavía viven el drama de la pérdida de las propias raíces, de la distancia de la propia tierra… ¡y no nos hemos dado cuenta! El proyecto “Para una casa común en la diversidad de los pueblos” desea ayudarnos a vivir en profundidad la conversión: en las relaciones interpersonales, en el ordinario de la vida, en el encuentro con quien es diferente, con quien es desconocido, dentro y fuera de la comunidad, mirando más allá de la ventana de nuestra casa y comprometiéndonos en primera persona a vivir tres actitudes: ¡SALIR, ENCONTRAR, SER PRÓJIMAS! Para que el amor no se enfríe en nuestras comunidades y en relación a los migrantes, en especial a los jóvenes y a los menores no acompañados, dejo una vez más la palabra al Papa Francisco: «Nuevos rostros de hombres, mujeres y niños, marcados por tantas formas de pobreza y de violencia, están de nuevo ante nuestros ojos y esperan encontrar en su camino manos tendidas y corazones acogedores […]. Los emigrantes ciertamente necesitan buenas leyes, programas de desarrollo, de organización, pero siempre necesitan también, y sobre todo amor, amistad, cercanía humana; necesitan ser escuchados, mirados a los ojos, acompañados; necesitan a Dios, encontrado en el amor gratuito de una mujer que, con el corazón consagrado, es hermana y madre. ¡Que el Señor renueve siempre en vosotras la mirada atenta y misericordiosa hacia los pobres que viven en nuestras ciudades y en nuestros países!». (Vaticano, 9 diciembre 2017. Audiencia a las Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús en ocasión del primer centenario de la muerte de Santa Francisca Cabrini). Os agradezco, hermanas, por vuestro corazón encendido y habitado por el Amor; porque cada una, en el encuentro con Jesús, Pan y Palabra, se reconoce hija de Dios y hermana de quien ha dejado la propia tierra, abandonando sus raíces culturales para afrontar un viaje privado de certezas; hermana de quien ha debido atravesar el desierto, el mar, las fronteras, los muros… en búsqueda de una vida más digna, más humana. Nosotras somos, y verdaderamente deseamos ser, hermanas de los migrantes porque ¡los migrantes son nuestros hermanos! ¡El Señor nos ayude a combatir toda forma de iniquidad para que no se enfríe el amor en nosotras y a nuestro alrededor! “Él nos regala siempre nuevas ocasiones para que podamos volver a amar”. Con todo cariño os envío muchos saludos y permanecemos en comunión de oración, abrazando unidas a toda la humanidad herida, especialmente a nuestros hermanos y hermanas migrantes. Consejera para las Misiones

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