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Así veo al entrenador ( extracto ).-Jorge Valdano-de ENTRENADORES, el Viernes, 10 de septiembre de 2010 a las 18:12Es deli...
con pretensiones adultas es mayor, porque nuestro deporte significa, para ellos, unaopción sana frente a las propuestas en...
gloria es de todos, el fracaso deje un solo cadáver. Los auxiliares de un entrenadortienen que compartir su idea y también...
de ganadores. El que gana un partido, gana puntos, dinero, prestigio y gana, además,tiempo para transitar sin angustias ni...
“indiscutibles” se encontraron en el banquillo con motivos para sentirse enfadados.Ustedes se la juegan con hombres y a lo...
posibilidades laberínticas de este juego. Sobre una cancha la influencia de unentrenador no podrá nunca ser mayor que la d...
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ASI VEO AL ENTRENADOR. JORGE VALDANO

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ASI VEO AL ENTRENADOR. JORGE VALDANO

  1. 1. Así veo al entrenador ( extracto ).-Jorge Valdano-de ENTRENADORES, el Viernes, 10 de septiembre de 2010 a las 18:12Es delicado, para un discípulo, hablar de sus maestros.No resulta fácil enjuiciar a quienes formaron mi juicio.Lo haré, sin embargo, con la tranquilidad de saber quenadie es capaz de emitir un diagnóstico más precisosobre un profesor que sus propios alumnos y yo he sidoalumno atento en España y en Argentina, en primera yen segunda división.Lo que diga aquí es el producto honesto de esaaplicación. Serán conclusiones discutibles, pero mías,fruto de observaciones propias y bien intencionadas. Elcamino del entrenador posiblemente lo recorra algúndía para poder seguir entrenándome, desde otra trinchera, a la pasión de mi vida. Perono estoy aquí para mirar hacia delante sino hacia atrás.... Y atrás vi a entrenadores quetocaban las cabezas afligidas de sus jugadores en tardes de derrotas y a entrenadoresque en otras tardes de derrotas le giraban la cabeza a sus jugadores. Me quedé con losprimeros: con los que utilizaban el cariño; y desprecié a los segundos, a los que usabanel miedo.Vi a entrenadores que ante periodistas ávidos, defendían a sus jugadores y aentrenadores que, en parecidas circunstancias, denunciaban a sus jugadores. Agradecíal que me ayudó y me repugnó el delator. Vi a un entrenador que descorchabachampagne en el triunfo y a otro que triunfaba sin ruido y sin sed. Me gustó más elprudente. Vi entrenar a las seis de la mañana y vi también, suspender unentrenamiento porque había muchos mosquitos. Uno pensaba que el fútbol era sólosacrificio y el otro pensaba que sólo era placer. Cumplí las dos órdenes pero no megustaron ninguna de las dos. Vi a entrenadores estudiosos que trasladaban recetas y aentrenadores estudiosos que inventaban recetas. Elegí a los que creaban. Vientrenadores que no tenían recetas, ni imaginaban, ni estudiaban y tuve la sensaciónde estar perdiendo el tiempo. Vi a entrenadores preparados, sensibles, apasionados ygracias a ellos creo en el futuro de esa profesión.Yo he confiado siempre en el hombre, en sus virtudes, en sus aspectos positivos y, porextensión, creo en los entrenadores que son capaces de elevar los mejores valores desus dirigidos, ayudándoles a amar lo que hacen....Un entrenador de futbolistas que no repare en la complejidad de los hombres a losque enseña, organiza y dirige será un entrenador incompleto. Este fundamento sedimensionará si se tienen a cargo a jóvenes jugadores en período formativo que seacercan al fútbol por el placer de jugar. El compromiso que se asume ante esos niños
  2. 2. con pretensiones adultas es mayor, porque nuestro deporte significa, para ellos, unaopción sana frente a las propuestas enfermizas de la sociedad actual (alcohol, droga,delincuencia). El fútbol, a esa edad, es materia placentera que consciente oinconscientemente, los ayudará a desarrollar el sentido de la libertad, de laresponsabilidad y del esfuerzo. El que sepa entender la magnitud docente de sufunción, entenderá que el fútbol es un vehículo de refinamiento cultural tan buenocomo cualquier otro, digan lo que digan aquellos que lo desprecian porque no loconocen, que lo subestiman porque no lo entienden.Tampoco en el profesionalismo la materia debe ser ardua, hay que adecuarla,sencillamente, al nivel de las máximas dificultades .El que vive de esta ilusión debepagar, con respeto, tributos incómodos pero, si no es un mercenario, seguiráasociando el fútbol a la diversión, a la alegría y al buen gusto. Como jugador reivindicoel placer de jugar y defenderé siempre a los entrenadores que luchan por rescatar labelleza olvidada del fútbol.No alcanza con el instinto y con las dotes de observación para improvisar. Quien másinformación tenga, hay que insistir, más recursos opondrá a las dificultades y máscimientos pondrá a su imaginación. Cada equipo es algo único, es algo nuevo y no escon fórmulas heredadas como hay que enfrentarse a ellas, sino creando. Seguir modastácticas es una equivocación peligrosa. Entrenadores estudiosos deben estar al tantode los progresos del juego para rescatar elementos aprovechables, pero será unatorpeza pretender imitar a la selección argentina sin tener un Maradona o emular aSantos de Pelé sin Pelé. Primero serán los jugadores y luego las tácticas. Es improbableque con una partitura en la mano reciban un talón en blanco para salir en busca de losintérpretes precisos. Lo normal es no encontrarse con una orquesta y tener que elegirel repertorio de acuerdo a las condiciones de los músicos. Así y todo Mozart sonarásiempre a Mozart, independientemente de quién lo ejecute. Los grandes entrenadoresson dueños de un estilo y terminan fijando su aire personal. Es grande quien defiendeconvicciones desechando opiniones periodísticas, partidistas o directrices.Al conductor de un equipo le llegan, desde fuera, rumores a veces interesados y casisiempre parciales porque germinan en el desconocimiento. La función de unprofesional de la dirección técnica no admite interferencias porque ustedes son losmáximos responsables, son los únicos especialistas y son quienes mayores elementosde juicio tienen sobre los valores reales de una plantilla. Siendo así, parece unacontradicción tener que ganarse el respeto y el reconocimiento frente a los máximospoderes de decisión de una institución. Contradicción o no, las cosas suelen ser así y laindependencia deberán defenderla ustedes con valentía, si no quieren ver devaluadassus atribuciones.Los consejos, que nunca sobrán, deberán buscarlos en ayudantes que respalden susproyectos futbolísticos hasta sus últimas consecuencias. El futuro deportivo debenjugárselo juntos el primer entrenador, el segundo entrenador y el preparador físico. Silas personas que os rodean no creen en vuestros medios serán una mala compañíapara conseguir los fines. Un entrenador debe tener a su propia gente, de lo contrario,tarde o temprano se sentirá sólo y, lo que es peor aún, se irá sólo. Es injusto que, si la
  3. 3. gloria es de todos, el fracaso deje un solo cadáver. Los auxiliares de un entrenadortienen que compartir su idea y también su suerte. Si un equipo de preparadores sequiebra por problemas esenciales, el camino digno de un colaborador es el de ladimisión, y el indigno el de la conspiración. Hay un tercero, elegido por eternossegundos: el de estar permanentemente en el medio del río sin elegir ni una ni otraorilla, sin comprometerse, haciendo las cosas con el único afán de durar. Entre unaidea y el sueldo se quedan con el sueldo y traicionan al dueño de la idea. Están deacuerdo con todo. Son especialistas en decir que sí.Vi también grupos que compartían una misma sensibilidad y trabajaban con la armoníade un ballet; entendí la tranquilidad que da esa confianza, la adopté como modeloinolvidable y lo cuento por si sirve.Lo heroico de la tarea de un entrenador es que una cultura cimentada en lacompetitividad y el exitismo los ha convertido en las víctimas favoritas del fútbol.Dicen que “la verdad nada tiene que ver con el número”, pero en este fútbol no haymás referencia que la de la eficacia porque no hay más meta que la de sumar puntos.Lo cierto es que ustedes pueden ser sabios maestros, trabajadores incansables,tácticamente astutos, conocedores de los secretos psicopedagógicos, inteligentes,respetuosos, capaces relaciones públicas, y van a seguir dependiendo de susresultados. Detrás de la ingenuidad aparente de este deporte se esconden múltiplesintereses políticos y los entrenadores suelen estar en medio de todas las tormentas.Por duras que sean las condiciones, la obligación de un entrenador es trabajar conmétodo, pasión y sensibilidad. La elección es ética: se puede trampear o ser honestoen ésta o en cualquier otra profesión. Hacer las cosas bien tendrá la belleza de loverdadero, de lo auténtico. “Hacer las cosas bien importa más que el hacerlas”, nosdejó Machado.Ustedes están sometidos, como nadie, a los incómodos vaivenes del éxito y el fracaso,y obligados, más que nadie, a mantener una conducta sensata. Un medio caracterizadopor la velocidad, por la urgencia y por la falta de paciencia, no parece el más adecuadopara ejercer un trabajo que requiere reflexión. Es como pedirle a un equilibrista quetome decisiones mientras camina por encima de la cuerda. Ni siquiera en losmomentos más difíciles se pueden dar el lujo de enfadarse, de ofuscarse o deemocionarse. Recuerdo, para ilustrar la idea, el segundo gol de Argentina contraAlemania en el partido final de México 86. El equipo entero volcado en el festejo yBilardo pidiéndonos por favor que no nos volviéramos locos, recomendándonosconcentración y dándonos instrucciones en medio del alborozo. Era el momento másesperado de su vida pero hasta el término de los noventa minutos tenía prohibidoperder la frialdad. Dicho así, no parece que la profesión de entrenador sea muyrecomendable. Los dejo, para animarlos, con la imagen de un Bilardo ganadordisfrutando el final feliz de la historia. Ocurre que ustedes están ubicados en el vérticede la cascada de responsabilidades y, desde ahí arriba, se convierten en transmisoresde estados de ánimo. Del comportamiento de un entrenador emergen ejemplos: suseuforias, euforizan; sus tristezas, entristecen; sus confusiones, confunden. Esa es larazón de la importancia de un proceder equilibrado y predecible.Lo contrario da comoresultado jugadores desconcertados. La tranquilidad, que todos buscan, es privilegio
  4. 4. de ganadores. El que gana un partido, gana puntos, dinero, prestigio y gana, además,tiempo para transitar sin angustias ni presiones.Vivimos de los resultados y no valequejarse, porque entrenadores y jugadores hemos fomentado el actual estado de lascosas. El fútbol es nuestro próspero negocio y en el mundo de los negocios mandan losnúmeros. ¿Quién duda de que ganar es lo más importante? Jugamos para eso. Nadiejuega para perder. Pero hay que preguntarse si en esa búsqueda desesperada por eltriunfo no se nos ha caído el aprecio a la belleza, el valor de la honestidad y es posibleque hasta el sentido común. En los periódicos y sin entenderlo, leo a quien dice: “ hayque ganar como sea” o esto otro, que ya es moda: “hay que ganar por lo civil o por locriminal”. Debe ser normal porque no se ruboriza el que habla ni se escandaliza el quemira. Esas frases están muy bien para una taberna pero en los medios decomunicación hacen escuela de dudosa ética. Se empieza divulgando lo chabacano, lovulgar, lo simple en el peor sentido y los menos preparados terminan reclamándolo.Entonces, no valen lamentos....Algo parecido pasa con la violencia. Si entrenadores y jugadores queremos,desaparecerá mañana y, si no queremos, sufrirán los huesos, los ligamentos y elespectáculo, y seguiremos diciendo, convencidos, que la culpa, la tienen los árbitros.De todos es la culpa y es tarea de todos regresar de esos extravíos. Los árbitros son alos violentos, lo que la policía a los delincuentes. Los indiferentes, en este lamentablecuento, serían cómplices.Caminamos juntos ustedes y nosotros, y somos socios de las grandes y las pequeñascosas. Cada uno desde sus propias obligaciones pero emparentados por el mismoobjetivo. Ustedes son generales y nosotros soldados, ustedes mandan y nosotrosobedecemos, ustedes son los dueños de la brújula y nos señalan el rumbo. Hayentrenadores que apelan al castigo y los hay que apelan a la razón. Si un jugadorpregunta “¿por qué?”, no se le puede contestar “porque lo digo yo”. Es conargumentos como hay que persuadir y no con órdenes. Quien hace las cosasconvencido de su utilidad responderá mejor que quien las hace porque sí. Si ustedesconsideran a los futbolistas sólo como trabajadores, los futbolistas los consideraránsólo como capataces; el trato será frío y el producto, posiblemente también. Quiensepa comprometer al jugador con ideas plenas y atractivas, logrará que el aprecio desus dirigidos trepe hasta otros planos y el producto de esa relación tendrá el calor de lonoble. A lo largo de una temporada ustedes deben ser amigos hasta de los jugadoresmenos recomendables. Es necesario contar con lo que no se puede reprimir. No sólopor amor se casa la gente, también hay matrimonios de conveniencia. Un célebreentrenador me dijo un día: “durante diez meses manda el jugador pero en los dosúltimos meses mando yo”. Él se reservaba el tiempo de vacaciones para hacer valer suautoridad extendiendo bajas.Tolerante y hasta obediente durante el campeonato perodrástico al final porque le asiste el derecho a quedarse con lo que más conviene a lasalud del equipo de acuerdo a su particular criterio. Aún en plena competición hay queser cariñoso con medida para que no les ocurra lo que a un amigo mío, que motivaba asus jugadores otorgándoles, en voz baja, la categoría de indiscutibles. La respuesta fuetan buena que se entusiasmó y un día se encontró con catorce “indiscutibles”. Tres
  5. 5. “indiscutibles” se encontraron en el banquillo con motivos para sentirse enfadados.Ustedes se la juegan con hombres y a los hombres se les habla claro. Entiendo que esdifícil porque el jugador sufre la suplencia como una humillación y su orgullo busca unculpable. Los elegidos, una vez más, son los entrenadores. Es un trabajo ingrato el deelegir once donde hay ventidós; la mitad de la familia queda dolorida. Acérquenle laoreja a los más afectados porque el diálogo es el único calmante eficaz. El jugador merece, de entrada, la presunción de inocencia. Premiados con dinerogrande y abrazos fáciles, a una edad en que no sabemos asumir responsablementetanta “importancia”, nuestros defectos son los propios de los hijos malcriados. Nadaque no pueda corregir la palabra amiga de un guía experto. No es verdad aquello deque “el mejor jugador es el último en engañarte”. Pensar eso significa relacionarse conuna desconfianza inicial que termina siendo mutua. Somos buena gente, otórguennossu confianza como germen de un vínculo fecundo. Sólo al alcance de grandes gruposestán los grandes propósitos. Un equipo anímicamente resistente, para soportar,unido, las agresiones; valiente, para avanzar, unido, agrediendo; honesto parareconocer errores y responsable para corregirlos, siempre unido, será un equipo devoluntad indestructible. No tendrá seguro de triunfo, pero tampoco dependerá sólo deél. Esa armonía también la gobiernan ustedes administrando órdenes, justicia eilusiones. No bajen nunca la guardia, no duden, estén siempre alerta porque el jugadorobserva y examina con más rigor que nadie. El que manda tiene esas servidumbres. De las tácticas voy a decir lo que Kipling de los versos:”hay 99 modos de escribirlos ycada uno de ellos es justo”. La meta es ganar y cada entrenador querrá lograrlo deacuerdo al tipo de persona que es. El conservador, defenderá; el valiente, atacará; elque tiene un compromiso estético, pretenderá belleza; quien crea “sólo” en laefectividad querrá dos puntos y nada más; el generoso pensará en el público; elinmoral en trampear y todos, absolutamente todos, dependerán de la categoría de losjugadores. Si personalizamos la transformación del juego desde que era unamanifestación espontánea, despreocupada y desordenada hasta el producto que esactualmente la figura del entrenador, ocupará el centro de la escena. Nuevos tiemposllegaron con nuevos logros y nuevas pérdidas y el fútbol, que no fue ajeno a estaevolución, cosechó ciencias y vicios con manos de entrenador. Ustedes recogieron eldictado de la sociedad, fijaron ideas, organizaron, abrieron de par en par las puertas dela preparación física y entreabrieron las de la psicología; fueron, en definitiva, artíficesde cambios fundamentales que tuvieron proyección táctica yestratégica. Racionalizaron el juego, no hay quien lo dude, pero les cabe el reproche dehaber puesto más empeño en defender que en atacar. Como si a la historia universalde los entrenadores le hubieran faltado personajes atrevidos. Los porteros, me parece,tienen más razones para estarles agradecidos, que los delanteros. Empujarcorresponde al oficio del entrenador tanto como sujetar. Sujeten ustedes y empujensin saltar las fronteras reglamentarias. Dentro del reglamento todo es docencia; fueradel reglamento nada es decencia. Es función del entrenador ayudar a que el futbolistaentre a una cancha en las mejores condiciones anímicas y físicas. Podrán, en lasemana, mejorar al jugador y al equipo, adiestrándolo, podrán, si lo desean, prever enlas pizarras las intenciones enemigas y dibujar los mejores deseos futbolísticos, podrántrazar, en líneas generales, un orden de partida, pero no podrán abarcar nunca las
  6. 6. posibilidades laberínticas de este juego. Sobre una cancha la influencia de unentrenador no podrá nunca ser mayor que la de los jugadores. La selección argentinallegó al mundial de México con chichones en la cabeza de tanto ensayar cornersdefensivos. Parecía, que de corners, no se nos podía hacer un gol. En la final, y decorner, nos metieron dos. Es sólo una observación anecdótica que sirve para concluir,que en fútbol, hasta lo simple es complicado, y que mientras sean hombres los quejueguen no habrá dos jugadas iguales. Esto le da grandeza al fútbol y no niega, sinoque contribuye a engrandecer el difícil trabajo de entrenador....Me voy homenajeando a aquel entrenador pueblerino que nos vestía de jugadoresserios con su sueldo humilde y nos guiaba con la fuerza de su amor por el fútbol y porlos niños. Fue el primero y no lo olvido. Homenajeando, también, a aquel entrenadorque, en juveniles, me pedía sudor, me exigía buenas notas y me sugería diversiónfutbolística responsable. Fue clave en mi vida y lo respeto. Homenajeando, por último,a aquel entrenador con quien tuve la suerte de ganar aprendiendo y de completar lalección, cuando, tiempo después, tuve la suerte de perder aprendiendo. Fueimportante y lo admiro. Los tres fueron buenos maestros y ante los maestros merindo.

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