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lec. ho fijo.  Con esto lo reconoce su esp...
RAPSODIA PRIMERA

CONCILIO DE LOS DIOSES.  EXHORTACION DE ATENEA A TELÉMACO

HABLAMrz,  MUSA,  de aquel varón de multifonn...
2 ¡ronnaun

caso con la mujer legítima del Atrída,  y mato a este cuando tornaba a
su patria.  no obstante que supo la ter...
4 llttMlzktl

escabel para los pies_ y acerco para st una labrada silla;  poniéndolo todo
aparte de los pretendientes para...
5 HOMERO

231 Telímaca-¡Huesped!  Ya que tales cosas preguntas e inquieres, 
sabe que esta casa hubo de ser opulenta y res...
8 HOMERO

doncella a cada lado.  Y arrasandoscle los ojos de lagrimas,  hablóle as¡
al divinal aedo: 

337 Penélope-¡Femio...
1o nomear)

Ops Pisenórida,  la de castos pensamientos,  a la cual habla comprado
Laertes con sus bienes en otro tiempo,  ...
12 HOMERO

40 Telemaco-¡Oh,  ancíano!  No esta' Iejos ese hombre y ahora

sabrás que quien ha reunido al pueblo soy yo,  q...
14 HOMERO

semejante orden.  Si os indigna el ânimo de lo que ocurre,  salid del
palacio,  disponed otros festincs y comeo...
Odisea de homero editorial  porrua
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Al no haber, los suficientes libros aqui en Chile,me he visto en la obligación de publicarlo, para las niñas del mejor liceo
de mi pais

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Odisea de homero editorial porrua

  1. 1. f' f! , rã r J . _ 1 4¡ / , w¡ "llWl-. l-'U l FLCjhl_ ÍÍÀCQ . -_ nwawz Áawuâháâ ; à www l "e i u l' i' " . - ' _ vírí. ,. _- w l i ' ¡ ' í l Í _no / ' . »4/ 4 l x. __ "x q: « , .., r" . f¡ “u ' ' . J (Í) 1 “ : - l 1 __ D 'v' e i * o e * 1 z' “ a N ~ . a f» l i ÍX * -i Este libro es un poema de retorno integrado pur J veinticuntro rapsodias. en las que se narran las aventuras a las que se enfrenta Ulises, uno de los heroes de Lu [lá/ Ida, para regressar a ltaca, una v* M Ú vez concluída la guerra troyana. _R1 . “Hgslxfâ ^ Compuesta dc 12.110 versos, La (Jr/ isca cs ? R106 nmnuunruumvmn _ , . ¡ ' '› ~ 1- . d. , 0 0 auumnautumn una Lpopeya iomema que Lomaina v. manera MANUEL ALCALÁ alterna cuentos, tradiciunes y relatos folklóricos. De lu flLílt/ Ulllld Mox/ run. : de la Longa. : con ciertu mariz novelístico. Los siglas que nos scparan de la Creación dc esta obra maestra. en nada han menguadu el 4 goce y la lección que todo ierdadero clasicn) “' q” '° EDITORIAL PORRÚA l l ! l í AV. REPÚBLICA ARGENTINA 15. MÉXICO l rnrruki . i. 1 i | '()_RRl v vsàibuúsazvs NHK* “SEPAN CUÀNTOS. ..” NÚM- 4
  2. 2. HOMERO LA ODISEA Venión direta¡ 7 literal de¡ gritga POI LUIS SEGALA Y ESTALELLA DOCPOI ! N FILOSOFIA Y LETRAS Y EN DEREOJO. CATEDRATIOO Dl LA UNIVERSIDAD DE IARELONA DB LENGUA GIJEGA Y LATINA. ACADÊMICO DE I. A AQDEMIA DE BUENAS LETRAS DE BARCELONA. MEMBRO DBL INSTITUI' IÍBSTUDIS FATALANS, Y MEMBRO DE MULTITUD DE INSTITU- CIONES Y ACADEMIAS BXTIANJEIM Próloga d: MANUEL ALCALA Yhgrésxlnaprimera adia-ida EDITORIAL PORRÚA Av. REPÚBLICA ARGENTINA. IS MÉXICO, 2012
  3. 3. Primera cdiçiun' Barcelona I9l0 Primer. : edición d: lu Ediiorial Porrúa. S. A. cn Li colecciún "Sepan Cuanios. I960 Copyright D 2012 Las características de est¡ ediciórn son propiedad de la EDITORIAL PORRÚA. S. A. DE C. V.-03 Av. República Argentina i5. 06020 México. D. F. Queda hecho el depósito que marca Ia ley Derechos reservados ISBN 978-970-07-5827-3 (Rústica) ISBN 978- 970~07«5937-7 (Tela) ntnuom uLnm PIINTIDIN 111x100 PROLOGO
  4. 4. PROLOGO A la memoria d: Alfama Re- yu, beluirta, mama, miga. Omsu. (Qué lengua modema no ha aoogido, en su léxico de todos los dias, esta palabra? Al leerla o escucharla, el hombre del siglo xx ve de inmedíato una serie de aventuras, desventuras, correrías, es- fuerzos, obstáculos vencidos, obstáculos vencedores. José Vasconcelos, al dar por vez primera a ln estampa en 1935 la historia de su propia vida, no halla mejor título que aplícarle que el de Uliszs Criollo. Trece años antes, el irlandês James Joyce nos ofrece con su Ulysses una de las novelas importantes de nuestro tiempo. Es ella una síntesis pujante, si bien confusa, de todas las inquietudes men- tales y ansias búsqueda de nuevas formas ue agitam al hombre recién salido de la primera guerra mundiaLqY eIIo con una téc- nica microscópicas y de câmara lenta. Pues si, en efecto, diez son los años durante los cuales se alarga el regreso del Ulíses griego a su hogar (más los die: del asedio de Troya. que es cosa de la Ilíada), el irlandês leopold Bloom encuentra todas las aventuras que llenan este voluminoso libro tan sólo desde la mañana en que deja a su e¡ . hasta la noche del mismo dia en que vuelve a su hogar. Por lgsademás, la obra griega está constantemente m el trasfondo de la de Joyce. Así, en ese retorno al hogar _de diez años o de un día-, cuatro son las muieres que los protagonistas mcuentran en sus peegrinadones. Esc mista-lose ninfa Calipso, ea para Bloom la mecanógrafa Clifford; Nnusícaa, 1a joven ' ce- sa que aooge a Ulises en ln playa, es In jovencita GertyMa ell que. también en la playa, inquieta a Bloom; Cima. ln erlcantadora, en la obra de Joyce se transforma en la dueña de un prostibulo; finalmente. Ia fiel Penélope será para el Ulises moderno su infiel esposa Molly. Por esos mísmos años _desde 1925 a 1938-, el escritor griego Nilros Kazantzakis laboriosamente escribe una contínuación moder- na de la Oiiísea en 53.333 versos. Es decir, casi dos veces y media más extensa, aunque dividida también en veinticuatro libras como aquélla. Toma la narración en el punto en ue Homem la temiina, para lleva: - nl héme a mor-ir -después e ¡nnumerables aven- tm-ns- en los hielos del Polo Antárüou.
  5. 5. ¡ PIÓLOGO e Kazantzakis, Dame, 911 e] Cam', XXVI de . CCS . - › su ; Éh-ms _com n alias vagos antecedentes en Horacio. Gwen" Y › _ I d b" Ulises de su recobrada paz en ãazzapaxãlssaiisaa°, ::; '.: ;°“ig: a1mmze. ,en mas mas anlárticas del Atlântico, frente a la montana del Paraiso. _ Hay, en ese viaje dantesco de Ullses, 1m Prellldw ya de 'mas tra América. No falta. e” 59330- *Wim b” preumdidc' que C016" haya sacado la idea de su expedicíón de las leyendas dantescas , em de los últimos Viajes del héroe W980?, . . . ° Tom e' 'l'°*”° azrszyrgfsããlêr; saiba 105 3009 hbms deus" Eml- a a' a Sam l Ilíada los seis homéúcos. La Odisea 00h11¡ l°5 5°” lmmems' y a últimos. . . _ Fecundidad asombrosa ln del t_en¡a. :Un reciente hbromláa es: «lindo su aaapmbmaaa y_re¡>er°“5“°. “°5' Pa. ” ? gba °°° 355,, gumarnos de dónde le viene tan vital fasclnãcl 1! Y Palma h na: porque hasta en los familiares octosilalaos de un romance] : Ml: mos ecos suyos! Adelantcs la para_ al: as 131:; zpia. s” es 1a primera novela amp”. La] l 'l os magníficos hexà. tiene esta hermana -annarnantada en os ELlSln es e Ya tmg. .. que quiere ser dasunta. 1D logfa, y ya 'w _ _Pupa- me ' t T E Lawrence -el "Lawrence de Arabia . cuya ppplêmm ela , Jeraàam odisea- dedica los ocios que le dela la nda] [i'm un Aérea Britânica a traducir la Odixea. Su versión ve Fealuz ldnerllslueva York en 1932, después de cuatro años de labor. [ea acompaña ma nota suya con la Que quiere sorprender y es- candalizar. Ni surpresa escândalo, smo vefídaggzã; Pullflfls-“EZ ao dice lo que he anticipado, asaber: que _ a Il» la na lidad e interés sigue siendo el libro máS_8Ym8“° 'We "a 9a pe . , leu-se por 1o que nos cuenta, y la primera_ novela de Europa . Hennanas, ello supone que tienen el mismo oadre: Hofnegã. con mao_ a las pobres se les ha puesto en tela deulucio su em - 'd d La Ilamada “cuestión homénca" las ha traxdo a mal trael', ; i à . _ l a (131 siglo xvlr. Hasta se lia llegado a camlnarle n Copíoslsínu n. bibliografia sobre 1. cama, no abriu -quí n¡ _síquím hurt un: sclección de ella. Bus nous no pretender¡ 561' ! NNW “'15” P311 las líoas ínu-oductoriu. lntentan sólo. Il N10 d* l” M? ” “lwm” Mt"" 'm' ma. " _Hu-u ¡| [mm que quien díscurrirpor su propio pie por : l mundo de l¡ 03km. _ A _ _ _ _ G. Finali. Crinó/ om Calanlm a : I viaggio d¡ Ulm: nel poem¡ d¡ Dayse. 1893. l W_ B. Stanford, Tb: Ulyun Theme. A ; Indy ur lb: Aduplahlrly af a Tvditioul Ham. Ver también: John A. Scott. Haruno y u iu/ lnenria. Editorial Nova. Buenos Aires (1946). _ l a william j. Enrvrísdz. "L4 01km, [tale _dci mma: : del Cond: Dnlor . En índio: delicada¡ 1 Marini: : PÍJJ. Mldnd, 1950. Vol. S. PF 26511273- 4 vu; m est¡ mismn selection, el próloso d# MWM R979! l L' l m** vnóLoco x¡ el sexo al padre y hacer de él una autora. ” Medíado ya nuestro siglo xx, la cueslión dista aún mucho de estar zanjadaf En lo único que hay acuerdo es en reconocer que la mayor es la Ilíada. Pero de considerarla un poco anterior a la Odísea se llega a ver basta ' los de diferencia ente las dos. La discrepancia de opinio- nes en echa probable de composición oscila entre el siglo rx y el vn, antes de Cristo. La salud y belleza de ambas no se ha visto am ada por este manoseo y disección interminables de la crí- tica. por ello Goethe exclamaba: "1011 vosotros, grandes 'egos, y tú. Homme, Homero! , así tnducido, comentado, extracta o. des- meollado; tan lastimado, molido, dilacerado; arrastrado, empujado, nrrebatado por piedras, polvo y diarcos. . . la corrupción no toca tu carne. ni el gusano 1a me, porque los dioses bienaventurados cuida! ! de ella aun después de la muertef” H Nos RECUERDA Alfonso Reyes, en su prólogo a la Ilíada de esta ooleccíón. que “hay que penetrarse de que Homem es un poeta 'arqueológicoí Pinta un pasado que lo precede en unos cuatro si- glos, y la Ilíada es, con respecto a la guerra troyana que nos des- cribe, lo que sería hoy un poema sobre Hemán Cortes v la Con- quista de México". El caso de la Odisea es. a este viso. distinto. No tiene. en efecto, el fundamento del episodio histórico de su herma- na. Su mundo, con todo, se proyecta en un pasado remoto tam- bién, con respecto a su autor. Por otra parte, no es el estático de los cincuenta y un dia del décimo año de la guerra frente a los muros de Troya. No. Es el dinâmico de todas las aventuras posibles por la amplia cuenca del Mediterrâneo. Surca sus azuladas ondas, metafóríca y realmente hablando, con paciencia de benedictino v tesón de marina, Victor Bérard (1864-1931), en busca de las hue- llas de Ulises, ' identifica los lugares de las aventuras, identifica- 5 Samuel Burle! , TI: : Anthony a] tb: 0:17:11). 1887. Ver par: esto: Sir john L Myres. Homer nd bi¡ Cri/ iu. lloutledge a: Kcgzn. Paul. Londres (1958). ' Ya se imaginar¡ que la bibliografia sobre este aspecto rs abrumadora. El meio: resumen de l: "mudou". y en español por añadldura, nos ln d: Alfonso Itps. De una clarldad mcridíana, sin omitir la tsencial. est¡ rn las pp. 28-32 de su [nn/ a d: Sambar. EI Colegio Nacional. México. 1949. Se publico primero e¡ pp. 11-36 de la RlJIlIftttÍIÍ/ l de Homero; induzida del francês por A. Alamân. México. Editorial Jus. 1945. 7 Citado por josé M. Pabón. Hanna, Editorial Labor, S. A. Barcelona (1947). p. m. ' Nos da Bénrd el resultado de sus invrstigacíoncs_ viayes c hipótesís en ! nos doce volúmenes cuyz ediríón definitiva v¡ de 1924 e 1929. Resume él mismo 81|: teorias. demasiado seduclons. cn dos volúmcnes que llevan el título de IA Rlmmrrion ! Homem Grand, París. [931, De estos últimos hay l: uadutcíón em Flñola mencionada en la nota 6.
  6. 6. n¡ rnónooo ción que los homeristas en general se resistai_ a a tar. Reporte larüáiíea entre tres autores y pone de manifiesto 11151121103 onmhln lo que va del siglo, las excavaciones y estudios him 131195?” de manifiesto ese pasado “aiqueolüzlm del 130938, a¡ “e Alfonsol Reyes. Unhreciente 11510,' m"? °da É; enfoca os poemas oinencos en su perspec va _ ; _ _ adre de nuestros dos poemas a un homeruíd, @Qendlenw hiazarm primer Homero, y, como Índia de redaccion de ambas o ras. los alrededores del año 650, antes de Cristo. _ _ __ _ Sorteando las múltiples liípótesis, a más ingeii-Osêu Y 95m' dose a las conquistas de la arqueologia y de la historia, 55 1105 ; even todo un pasado _hasta hace poco menos qu; ignow- que ilumina con su : calidad la Odisea! ” IV-Iomero esta, como Jana bifronte romano, con una cara _que_ aviz0ra_y<ji_la Çrecâa Sã' siga_ y la otra, que otea el mundo micenio. Esa civilización_ ef_ - cenas, o micenia, se bunda en m¡ Pmfund° 19'59"30 11393 dmesl del siglo xn, antes de Cristo. Y no sólo ella, sino casi to o Ê mundo civilizado de entonces: el imperio I-lititauen ! a AMP a central, se &fuma; el hasta entonces puyarite y victoi-ioso Egipto¡ se debilita y aisla del El resurgir de ese mundo no se vera sino hacia mediados del siglo viii, y taidra sufoco eu De entre las minas del impeno Hitita se levantam, rico y bulls-ri- ta, el reino de Frígia. Egipto, junto con Sina, Palestina y FmlCl/ ña recibirá también esa viviíicadora influencia oriental. Y_ésta lie gará, claro, hasta la Grecia micenia. Los fenicios -o sidonios, como ellos mismos se llamaban y como Homero los llama a veces- sin'- can entoiices el mar Egeo. Comerciantes, y piratas a sus rat-OS. diseniínan durante unos dos siglas _ más que sus marcam-las: ideas, leydas, hombres. En el siglo v1, en el curso de _unos cincuenta años, se ven poi' completo rem laudos por_ los gnegos. Estas entran entonces contacto con el to resuutado y fun- dan, en una de las desembocaduras del Nilo, la importante column de Naucratis. . Eu ese constante trasiego llegan hasta nuestro poema las más remotas influencias. El tema central de la Odzsea, el del retorno, no lo inventa, claro, el autor. Los nostoi, o poemas del regfesüy son numerosos. El tema, además, no se cirainscnbe_ al mundo griego. Nuestro Chimalpain dice: "asi bablaban los vie]os de tiem- pos antiguos -en verdad vive el mismo Quetzalcóatl, no ha inun- to aún; una vez más bebi-á de volver, habrá de venir a reinar. " y &me; de Queualcóad_ el Tloquenahuaque, que llevó la música ' Emile Miruux. Lu pain: : bamêríqut: el Pim/ air: gnrqnc. Paris. Albin Michel (1948-1949). Dou toi-nos. ia uma_ P", 5g . spam ma: Emile Minoru. l; vir qlolilínu n¡ Imp¡ IHanên. Paris. Hacliette (1954). M. P. Nilsson. Hauer all Myrna. Lomba. 1933. T. B. C Webster. Fm¡ Myrna: Io Hunt. mam. Medium s: Oi. . 195a. pnónoco nn y la escritura a Tamoanchan, se fue de ahi con sus sacerdotes, pero oon la pmmesa de volver. Gabriel Germain ha rastreado sagazmente esas insospeàadas influencias. " Nos rnuestra, así, como Penélope, que en el Li- bro EC¡ promete casarse con aquel de los pretendientes que triunfo en una competencia de tiro al arco, no hace otra cosa sino repetir un rito real de matrimonio de las lejanas estepas mongólicas. Y el eco no va a a garse en este mundo griego, sino que re cu- tirá después en as Êpopeyas de la India, y llegará por a via oral basta la Rusia d sigo nx. En cuanto a la aventura con el Ciclope _Libro IX-, queda, mi rimer lugar, enmarcada en el inmenso conjunto de leyendas so re ogros; en segundo lugar, contaminada con otro tema folklórico: el del engaño acerca del nombre; finalmente, con el episodio de la liuida escondidos Ulises y sus compañems entre las tas de los carneros, unida a un rito arcaico africano de iniciacion al culto del camera. La transfon mación de la niitad de los compañeros de Ulises en cerdas, por obra y ma ' de Circe, en el Libro X, responde a un primitivo rito agríoo a, por el cual las potencias del animal, en el que los hombres se transformam se transniiten a los labradores. La bajada de Ulises al Hades y 1a nekyia o interrogación a las sombras de los muertos _Libro XI-, constituye el punto cul- minante de sus aventuras. En efecto, hasta entonces ignoraba Ulises si volvería a ver su patria. Abora, Tiresias le ha asegurado que hay posibilidades de ese retorno. Es, además, la piedra angu- lar, pues ahi afirma Ulises que prefiere su mujer a la inmortalidad. Y aqui toca el poeta uno de los temas de más amplia repercusión. E1 viaje al más allá 1o tendremos en Virgilio, lo tendremos en Dante, para no citar sino los más importantes. Aunque e] caso del florentino, con ecos árabes, como lo habia intuido el gran arabista es ñol M' el Asin Palacios. Jano bifmnte, el poeta, lo sigue sien o aqui. ?ill faz del pasado descubra otros Viajes seme- jantes; la tradición sumerio-acadia, la epopeya asiria de Gilgames en especial. El conocido episodio de las sirenas representa el antiquisimo tema de la tentación del saber. Los egípcios lo tenían en su Libro de lo: muertos. Siri sirenas, es el mismo del Gênesis con su árbol de la ciencia del bien y del mal. Y es esa tentación del saber, esa Sed de ia ciencia, la que mueve al Ulises del Dante y de Kuant- zakis que mencione al principio de estas páginas. Circe -personaje que i-_ecoge y amplifica Inpe de Vega en 1624- es de los que más mterpretaciones ha originado. En ella Homero se hace eoo de viejas leyendas indoeuropeas que aflora- ránenelRigVedqyrecogeoscurasraícesasn-iasysumeio- seiniticas. u Gabriel Germain, Gain de füljrle. L1 Fat/ alia¡ : I le mui. Pai-is, I'm-a Universitaria d: France, 19:4.
  7. 7. nv rnóLoco III Humanas. las dos epopeyas homéricas maritienen, no obstante, cada una su clara personalidad. La Ilíada, la mayor en edad lo e: también en extension: 15,693 versos. La menor se contenta con 12,110. Leer aquélla en una prolongada lectura. requiere una ten- sión especial. "Novela", la Odisea se toma y se deja con más facili- dad. Parece, por otra parte. tener más unidad de conjunto, pues los varios episodios han sido escritos para ocupar cabalmerite el lugar que tienen. Carece de la violencia y rudeza de la Ilíada. En ésta la muerte violenta se ensaña frente a los muros de Trova; el hedor de los cadáveres, obsesionante. no deja al lector. En la Odi- sea hay muertes, sí, en especial esa matanza final de los preten- dientes; pero hay largas páginas de aire puro: los sotos y los pastizales de ítaca, las blancas islas en el mar azul, la ciudad de los feacios. Los compañeros de Ulises perecen, cierto, y el héroe vuelve solo a su hogar. Pero eran más bien sombras vagas, sin ros- tro ni nombre. No teníari la fuerte personalidad cautivadora de los muertos de la Ilíada. Aquí, se respira el polvo de la guerra; en la Odisea, un ambiente de calma más sereno. El hombre no tiende su esEuerLo en Ia lucha contra el hombre; noblemente combate contra el destino y el medio ambiente. [os dioses mismos se comportar¡ de distinta manera. Ya no lu- clian tan violenta ni tan directamente unos con otros como eri la Ilíada. Minerva y Neptuno, más sumisos, buscan en el juicio de Júpiter la solución a sus disputas, en la Odisea. En ella el héroe depende menos de los dioses; es ya más y más el "arquitecto de su ropio destino". Con la Odixea entra en la literatura la vida sencilla de todos los días: los afectos familiares por el hijo. la esposa, el ancíano padre; el perro fiel; la bija mismzi del rey, Nausícaa, va al rio oon sus compañeras a lavar la ropa. Son menos los personaies importantes de la Orlísea que los de la Ilíada. Podemos reducirlos a tres: Ulises. Penélope _v Telêmaco. Ulises nos era ya coiiocido en la Ilíada. Es quien detiene a los griegos, a punto de volver a su patria, para que sigan luchando hasta la caída de Troya; es el conseiero Sagaz y prudente; es el atleta que triunfa en la carrera a pie con motivo de los iuegos fúnebres de Patmclo. Del latin Ulysses, grafia incorrecta de Ulizes, hemos venido en español a llamarlo como generalmente solemos. La forma griega Odyssey: se presta a sutiles juegos de palabras, dificíles de conservar en las traducciones. (No olvidemos lo que de ellas decia Cervantes _y lo aplicaría aún a las excelentes, como la de Segalá que aqui se ofrece al loclnr» cuando_ afirmaba “que el tradu- cir de una lengua un otra. .. es como quien mira los ta ices fla- mencos por el revés, que aunque se ven las figuras, son lenas de hilos que las oscurecen, _v no se ven con la lisura _v tez de la liaz". rnóLooo xy Bien es ciento, para proceder contada lionradez, que, donde yo he puestopuntos suspensivos en la cita, él exceptuaba las traducciones del griego y del latin. Así, en_ el verso 62› del Libro I, e] nombre del, b"? :0475-'975- sugiere e] aoristo oodisao del vabo Odytsomaz, encendeise en cólera", Minerva reguma entonces a Jupiter por ué el nombre de Ulises lo encien e eri ira- por ué el nombre de disco lo enodirea, para dar una idea burda. Enqlos versos 406-409 del Libro XIX _que pertenecen a un çemán in. terpolado de 3_94~ a 466-3 ballamos otro juego parecido_ Con é] se Pfetende efphçar el Origen nombre del héroe. Autólico, su vuleào, habíadido a verlo recien nacido. Ordens a su yerno y a ã" 1 lê C36 l glàselziel nombre del pãueno: Odysseís, el "liijo "e. a 1-1,? ¡_ e _O50 › Ya _que el cora n del abuelo se lia visto _airado , ericendido en odio". Que ta] es el sentido del pax-ud. pio usado, odyssámenos, del verbo ya mencionado odio-sumiu'. La fiel esposa Penélope o Penelopea, Peznelápeia nos recuerda el nombre peenélapr, que es el de un pato descrito por Aristóteles en su Historia de lo: animales, y que, paciente, sufre en nuestros dias' el_ nombre que la ciencia le ha dado: Fulix nrroca L. Pero gque) tiene que _ver un pato con esa prudente y amante oornpa. neta. Mucho. Bien sabido es que los patos viven y vuelan en are- jas insetparables. En Cluna, el pato mandarín era el símbolo e la fidelida oonyugal, y el recién casado tenia la obligación ritual de regalarle uno a_ su esposa por conducto del padre de esta. Sim. bolo, a' vez, universal, 'la tela de Peiiélope. S( ya que ; E13 o m_ É se oe en griego peenee, hay quien ha visto en esa palabra Origen del nombre de la madre de Telêmaco. Pero, más bien, contrario: que el principio del nombre de Penélope _OL ã¡ la _vla su senudtrpnmitiyo -haya dado Origen a la leyenda e M te a que se teyia de dia y se desteiia de noche. Telémencionago ; ola en dous lugares de la Ilíada, queda todavia a maço ímezuzánachos, el que combate desde le]os”; opuesto “el É” › que wmbate cuerpo a cuerpo '--, así llamado, pues nació cuando su padre estaba a punto de parti¡- para 1a me_ rm de Trova. Sus aventuras eu búsqueda de aquél -Ia Tele- "WWIM- llenan los_ cuatro pnmeios libras de la obra. FJ hijo no está solo. partir Ulises para Trova había encargado su casa à: : 11f11118P_ MEMOI: : con frecuencia se le verá intervenir en a Tá, e a 311111111 del 5,9106; a veces Minerva misma, para ayuda¡- tms 1510300. ? Dãará la figura de Mentor. Por ello. varias de nues- engtms m amas europeas ban vemdo a transformar ese nom- propio eri comun. Mentor, con cambio del acento, llamamos e? 551731101 81 ay? , a¡ Bula, al oonsejero fiel. La Telem uía ha ? do oon frecuencia considerada como un pomna aparte e poça importancia, más o menos mal cosido al resto de la obral No Por 89s ntnnerosas oomparaciones, llenas de sentido con la Ilíada bons. htuía para el auditor-io contemporâneo el enliice l 'oo damn-a] entre ambas epopeyas. Telêmaco, además, se sale de O isea para
  8. 8. xv¡ pnónooo Ilegai- hasta el mciclopediszno francês. Y ello po obra y grade de Fénelon. Su Télénmque, publicado subrepticiaxmente en 1699, al mismo tipo que sintetiza el "ar-s gubernandi" del autor, es- conde una bien fundada crítica de Luis XIV y anuncia ya los cuentas filosófico-politicos de Voltaire y de Mannontel. IV CLARO qu): no se iba a esperar hasta el siglo xvn francês para que el obispo de Cambra¡ desentrañase el sentido pedagógico de la obra. Los as homéricos fueron ra el mundo grie lo que la Biblia ha sido para el nuestro occi ental. " Pero no só o la anti- giiedad griega; bien sabido es que el mundo latino se nutrió du- rante dos ' los -hasta la época de Augusto- de la sabiduria ho- mérica en a traducción latina que de la Odísea hizo Livio An- drónico. Horacio nos cuenta, en una de sus Epístolas, sus recuerdos de niño, y cómo su maestro Orbilio, lmeta en mano, les dictaba los versos de Livio. Más allá del ám ito de la férula del maestro, la Odisea se refleja y brilla en la plástica de la antígüedad. Los ocres, negros y blancos de la cerâmica gxiega recogen a ríía las escenas numéricas. " [os frescos romanos les dan más co orido, ya que no- variedad. Los mármoles nos conservam, en la pureza de sus bajorrelieves, la apoteosis de Homero. Y quedan todavia los mosai- cos y las gemas. .. Empero no cabe aqui dejarse llevar por tan tentadora senda. In- teresa, en cambio, considerar lo suerte que la Odisea ha tenido en lengua española, menor, desde luego, que la de Ia Ilíada: En el siglo xv, Pero González de Mendoza, a sú hca de su padre el marques de Santillana, traduce la Odia-ea. Se a erdido, ero íue hecha “con harto primor y elegancia", nos dice Sa azar de endoza. Pam la rimera versión publicada de la Odisea al español se debe a 1a puma del secretario de Felipe II, Gonzalo Pérez. _Es la primera también que en lenguas modernas se haya hecho direc- tamente del griego y en verso. Pues si bien ya en 1537 Simon Schaidenreisser hizo una traducción en prosa alemana, la tomó, 1¡ Ver par¡ esto: Wemer jneger. Paideia: Io¡ ideal: : de la tllllllll griegc. Fondo dc Cultura Económica (1957). Los capítulos 2 y 3 del Libro l. pp. 50-66. Félix Buffiàre. Lu mylbu JHnmên e! 1¡ pnuée gnrqtu. Paris. Société : :Yédition "les Bellas Lami-es". 1956. “ Ver a este propósito los dos hermosos volúmenes: :: uma ílluurée par ln rémmrque grcrque. Dcssins de Notar, Delma: (Buxdeos, 1951) y ¡Jlliudt illunré: [mr 14 rémmiqu: gruqnt. Dessíns de Notar. Delma: (Burdeos, 1911). Llevnn sendo: Prólogo¡ del poem Paul Claude! y texto en francês, inglés y español. Ofrecen una abundznlíslma y bien selecciomd¡ colección de l¡ cerâmica griega, muy singulnrmeníte de la del siglo v, que ilustn_ npsodi¡ por npsodia, las dos epo- peyus. L p n ó L o c o “n con todo, de versiones lat' d 1 ' ' letier du Mans tradujo erinlãêtll gl) ¡ÃnÊÊÍÍÊsOÍEÊHÊliÀÍÍÊÍ y la versión completa a esa lengua no se tenninó sino en 1577, por _Amadis Jamyn. La primera versión inglesa, completa en vers. ; ; E11 directa del gnego, es la de George Chapman, publicada, en 1614-, decããíülffíareâllyygetumanista espanol llamó a su versión en en- De ella se conocer¡ varias ediciones: De Ia Ulyxea de Homero XIII Libros tmdugidg; de Gn¡ _ › go en lslfergltãgee Igãgellano, por Gonçalo Perez. Anvers, en casa de Juan Parece que h bo t ed' " 1 - _ porvNdíía daàonoliãíais. mon e" Sa amam' de] 'mm' a"" . *em* UÊB° Ulyrea de Homero repartido en 13 libras. Tra- '#221951' '$393 mãlílbnñjeltglellano por el Señor Gonçalo Pérez. 1553. x e a ne toldo de Ferraris y sus hgnngnos_ , E" este mi5m° ññü de 1553 ve la luz en Amberes otra edición 33252132233: §§, l§5%a°°: ':'”tí§; ã“°g° e] ? idade na hasta entonces trece lilims. q i se Ve, 50° able Uaducldu La primera traducción integra es- [a Ul 12a d H -da d G . - 1V E Omfro. tradw sem; &Anzíãízzznleggzzkfüíézfa m' e' Goncalo “his-as posteriores ediciones contienen ya todas los veinçicuau-o Lo Ulyzea de Homem traiu-ida de grie . v , 4- _ g0 en Iengua castellano P07' irgteocreítãgâ Gonçalo Perez. Venezuz, en casa de Francisco Y llegan hasta el si lo xvx 1 ed' ' - sión: La Ulyzea de Hongzero, trzduíida 4113035152228: IÊÂÊÍÍÉCÃÍàHana por el Secretario Gonzalo Pérez. Con licençfa- 2,¡ MMN¡ en Ia Imprento de Francisco Xavier García año 1767 Dos tomas, P815: que hubolotra reproducción de esta en 1785.. _ 133m0 SÍR 0 XV¡ hay unos fragmentos de los libras D( y XI hdàllügosl por el humanista Pedro de Valencia (15554620). l go xvn noofrece nada, y precisa esperar hasta el xvn¡ E: : Vdel' llñjratlytlcclon en verso -"con admirable fidelidarl y con msuerxsú: : $332:: d* Lift” *Wámm dàMmaün- de mm _ P0 - _ um e os )esu¡tas espanoles expulsos, panel-o _de desgracia de nuestro veracruzano Francisco Xavier Y (quien tmduw¡ como se sabe, la Ilíada al latin). _mesesya entrado el siglo xxx, cuando volvemos a encontrar nuevas Mariano Espana la traduce en verso De ella exist ' ' . _ r ~l e una ed¡ ó a à: ?alggsuklrxfllãlolãsâ ã: (IÉ/ liíãicrilwr ¡Àrevalo en 1837. a n' - . ne a ' &ll mdirecla. Se sirvió para 8113 lie gãgiloãesl) uifintzzgllc;
  9. 9. xvn¡ raónooo inglesas. El magnífico ejemplo dado por Gonzalo Pérez eu el xv¡ se habia olvidado. Inédita permaneció la versión en verso suelto que” Francisco Estrada y Campos dejó al morir en 1868. También en el siglo pasado se publica, en Barcelona. Biblio- teca Jane', la traduoción de R. Canales. Es una versión en prosa, heclia de una traducción literal francesa. Para volver a las tmducciones directas de] 'ego se necesita la sombra nrotectora de Gonzalo Pérez. En e ecto. la Biblioteca Clásica de Madrid preparaba una reedición de la Ulyzoa. Se en- carga de la revision de la misma Federico Baráibar v Zumármlza (muerto en 1918), el cual nos dice: “Di princinio a la corrección; pero fue tanto lo que tuve que enmendar en los cuatro primero: libras. que apenas si llegamn a cuarenta los versos aprovecliados en cada unn de ellos. Por lo cual, no aueriendo que mis errores y faltas nudieran imnutarse al buen Secretario. me decidi a l-acet una versión exclusivamente mia. Revisé los cuatro primeros libras, bar-ré ln poco que en ellos no lrabia de mi mano, v termine. irra- cias a Dios y no sin grandísima fatiqa el 8 de iulio de 1685 la traducción de los veinte restantes. " Esta üadurción se publico en los tomos 95 y 96 de la Biblioteca Clásíca, Madrid. Libreria de Perlado, Páez y Cia. 1910. Pero dejemos a este lrelenista oon su "grandisima fatiga" y continuemos con la nuestra. En la "Biblioteca económica de clásicos unirersales". de Paris (Editions LrruisMichaud). ve la luz la uaducción en prosa de Gus- tavo Vivem. Una traducción parcial en pmsa del Libro VI ve la luz eu 1913. Su autor: Femando Crusat y Prats, Catedrático de Griego en la Universidad de Granada. En la Editorial Prometeu. de Valencia. aparece la versión en prosa de Nicasio Hernández Luquem. Está liecha sobre la francesa de Léconte de Ljsle. El chileno Guillermo Iiinemann traduíáxpen endecasílabos vn~ rios fragmentos de los cantos V. VI y VIII. . publicaram en la An- tologia Universal de los mavores genios literarios. Friburgo de Brisgovía. Editorial Herder. 1910. El argentino Leopoldo Lugones ha traducido en versos elefan- drinos los Libros V y VI. La versión que el lector tiene en las manos es la primera integra. literal v directa en prosa española Su autor, Luis Senzala y Estalella (1373-1938), distinguido lrelenista mtalán, la publioó en 1910. Once años después se la incluve en la colección de clá- sioos que lanzó José Vasconcelos cuando era Redor de la Uni- versidad Nacional de México. Desgraciadamente. no sólo se omite el nombre del traductor. sino que se impor-nen al texto nolables alteraciones. Segalá corrige esa su primera edición de 1910. ooteja su versión con el mejor texto griego. que es el cuidado por Mouro PRÓLOGO xlx _vy Allen eu la Scriptorum Classicomm Biblíorheca Ozoniensis y, oon esa ayuda de Oxford, publica su segunda edición. Que es ter- ozra, si se cuenta la de Vasconcelos de 1921. Esta edición definitiva Hza tenido varias reimpresiones. De la última, y debidamente auto- rizados, los editores ofrecen aqui el texto exacto. V Pero antes de de'ar al lector frente a él, conviene, sin duda, que queden encendidos os fatos que lo guien. " Dos críticos alejandrinos agru ron en seis partes, de cuatro cantos cada una, los veinticuatro ibros o rapsodias de la obra. La grimera parte, Libros I-IV, es la ya mencionada Telemaquía o aventuras de Telêmaco. La segunda, libras V-VIII. nos cuenta llas aventuras de Ulises desde la isla de Calipso hasta la isla Heacia. La ter-cera, Libros IX-XII. es una mirada retrospectiva a los diez años de aventuras de Ulises, ue éste narra al rev de llos feacios, Alcinoo. La cuarta, Libros IILXVI, la llegada a lllaca de Ulises y su estancia en la cabaña de su porquerizo. Eumeo. [La quinta, Libros XVII-XX, nos lleva con Ulises a su palacio, en d cual, durante Ja sexta Sana, Libros XXI-XXIV, asisüremos a U: matanza de los preten imtes y a la reintegración de Ulises a¡ su reinado. Diez años dura la Guerra de Troya, la Ilíada no da cabide a¡ sus liexámetros a todos esos tres ' seiscientos y'tantos dias. Cluenta, tan sólo, los episodios consiguientes a “la cólera de Aqui- lks", que llenan cincuenta y un dias del décimo y último año de 1h campaña. Diez años duran también las aventuras de Ulises, desde que me Troya hasta que regresa a su hogar. Pero la acción propia- mente dicha de la Odisea se concentra aún más ue 1a de la Ilíada: a1 treinta y tres días. Ello es, en tres novenas e dias, lo que re _ ta un número sagrado. Alfonso Reyes menciona, en su antes aiudido prólogo a la Ilíada en esta colección, cómo “los homerís- hs advierten ciertos ritmos y simetrías numéricas en el poema". Es un ritmo decerrario que altema con uno terciario, y ambos se mmbinan con el de trece, producto de sus sumas. La Odisea se nnueve igualmente con esos ritmos. ” _ Ulises era rey de ítaca. rocosa islita entre la costa oocidental de Grecia y la actual Cefalonia. Recién casado y recíén nacido au hijo Telêmaco, empieza la Guerra de Troya. Ninguno de los “ A este respecto, aunque no seguido Iqul, y por ello mismo : gçomgndado pues : :frete otra visión. el libro de Victor Bérard. Bodyuéc lHomên. End¡ el Mulyu. París. Mcllorrée. Edrleur. 15 Ver, sobre esta. Gabriel Gem-ruin. Hum? " : r Ia Mynigw du nombru. Kris. Presse: Universitzírcs d: France, 19H.
  10. 10. xx PRÓLOGO jefes griegos va a ella de lugar más remoto que Ulises. Termi- nada, pues, la guerra, su viaje de regreso era el más largo y peli~ g-mso. Después de la caída de Troya, Ulises y los suyos atacan y saquean a Ismaro, ciudad de los cicones en la Tracia. Saqueo que en la Odisea aparecerá sólo en el Libro IX. Rechazados luego r los cicones, prosiguen su navegación. Los viemos del norte llevan sus barcos hasta el promontorlo de Malan, el modemo cabo Maleo, extremo sur del Peloponeso. A haber podido doblarlo, hubie- se vuclto en pocos dias a ítaca, hubiese encontrado a Telêmaco diez años más joven y a Penélope no molestada aún por los pre- tendientes. Pero entonces no hubiéramos tenido Odisea. .. Los “da- ñosos viemos" lo empujan, al contrario, durante diez dias por el mar para irlo a arrojar a tierras de los lotófagos, en el mundo de lo ignoto. En efecto, Egipto, conocido ya de los griegos en Ia época del poema, caia tan sólo a cinco días de navegación de Malea. Diez dias nos llevan más allá, al mundo inexplorado de la fanta- sia y de la realidad al mismo tiempo; hacia la costa occidental de Líbia. Empiezan asi, pues, las aventuras de Ulises, pero no la Odisea. En un flash-back de técnica cinematográfica, que comprende las Rapsodias o Libros IX a Xll, inclusive, y que constituye como dije la tercera parte de Ia division alejandrina, Ulises cuenta en el palacio de Alcinoo esas lejanas peripecías. La Odisea empieza con la Telemaquia, ue enlaza, repito, las circunstancias de esta epopeya con las de la linda. Rapsodia L-Concilío de los dioses. Ezhortación de Minerva a Telémaco. Estamos en el décimo año después de la caída de Troya. Minerva habla en el Concílio de los dioses de ese Ulises a quien Neptuno, ausente del Concílio, ba perseguido tanto tiempo. Impedido, en la isla de Calipso, los pretendientes en ítaca asedian a su esposa y saquean su hacienda. Minerva, "la deidad de oíos de lechuza", implora a Júpiter. El padre de los dioses decide enviar a Mercurio a Calipso. Entre tanto, la propia Minerva, en figura de Mentor, irá a ítaca para ayudar y aconseiar a Telêmaco para que retina la asamblea del pueblo en protesta contra los pretendientes, oon el objeto de echarlos, y parta en busca de su padre. Raprodia IL-Ágora de los itacenses. Panída de Telêmaco. En la asamblea -el ágora-, Telêmaco no tiene el valor de seguir el oon- sejo de Minerva y arroiar de su hogar a los pretendientes, junto con su madre. Tímidamente acude a la conciencia de aquéllos y les anuncia su propósito de irse en búsqueda de su padre. Ellos le contestan con burlas y desprecio. Antinoo concreta que se irán tan pronto como Penélope dé su mano a alguno de ellos. El vicio Hali- terses les vaticina el regreso de Ulises y la matam: que en ellos hará. Telêmaco pide se le proporcione un barco para irse, pero Leó- crito, uno de los pretendientes, disuelve 1a asamblea. Minerva, siem- re baia el djsfraz de Mentor, le Consigue ese barco, en el cual, a urtadillas y de noche, zarpa el hijo de Ulises. PRÓLOGO u¡ Rapsodía [IL-En P? . Es ' t 1 ' ' ne» mesmo. a no , fszzgãàfaazzzsxrxíílzsz el rege” de Vañ°5 Íefes y la muerte de Agamenon. Siigiere que tal “t, .reagem de ae 19980.5 um . o E: ras os de M _ cp. BSRIÍIÉHYECODOCE la divuudad que se esconde en Telémgco aco e” ÊTvdY d erva desaparece. A la mañana siguiente Espana a mParla 0 e Plslstrato, !n10 de Nestor, sale nunbo a RÚPSOJÍa IV. En Laczdemonia Das dos ami ' . ~ gos llegan al palacio gãdlã/ lãlêeslãoàigoqulãn entípientran celebrando el banquete de la doble Telêmaco. no] a: !à su 1 1a. Helena reconoce de mmediato quién es Ulises ta. Convex _ene aq; quien sólo lo hace al oir el nombre de a _ - rsacion so re este embarga a todos de pena, que se dpacllãua cuando Helena les ofrece el nepente de Egipto. Al siguiente Via3 enelaà dtiice haber cido de Proteq, el_ viejo del mar, que Uüsgs mn élperounos à; vo en] una diísla. Luego mvita a Telemaco a quedarse todo severa' u? O me 'ãsl Perqieste declina -la mvnfqclúm CW inadlvertenciaqd Pemmneu mas uellnln' ¡Cambló de °PWÕH 0 fue . el meu? 1318111105 Crmcos se apoyan en esto para nrguir pluraltdad _de autores. Mientras tanto, los retendientes sabe- gues ya ? e l°s mlesde Telêmaco. deciden ten erle una embosca- a en la Isla de Astens. Todo ello llega a oidos de Penélo ' rompe en ! hm 7 es °°1150lada en su sueño por Minervape, quien Rdgsodm V. La balsa de Ulises. Volvemos al Olimpo donde Mi. ãlerêrmsiste en la liberacíón de Ulises. Mercúrio lleda a la isla “em _haâze saber ã esta la_ orden de los dioses. La acata, si f . 337m¡ 5› Kay" a 9 Ulises a construir una balsa. Júpiter pm “É que_ despues de vemte dias de navegación arribará Uli. ?sua (FHM, con los hospztalanqs feacios, quienes le av-udarán egar malmente a ítaca. El decimoctavo dia después de babe¡- 'arpadm 3' 31 “ÍSÉSÍ-Tnü segundo después de que Minerva viene ; gugr a Telêmaco, Ulises está a la vista de las costas de Esque. haée neaiimoârqunme regiimba de] país d° 1'” ? ÚWGS- 1° Ve v 1o E - u o 7 maltrecho, es autuado por las ola; a 1 desembocad " - - . timido m 180!: rêírpaun no. Logra medio cubnrse de h0]3S y cae __ Rapâodiu Vl. Lt add d UI' ' › . hmddelcdrlev Alcinetf). vaca! ii: : : I ÍÊÃCZÊÊQKÃÊÊÍÂÊÍ; sus ' . Voces (dnespieiftariadellltlías hs mms se sem"" Nega" a 'a Palma Y 5115 su presencia hace h Ecs, qmdn se les presenla en' busca de avuda' 10 Cla alimento vesltlid a m] al' “cep” a Namma* La Prínfieia Al eae¡- h¡ tarde): e] nálgêrzgoeniêidâc: el CÊLYIHIO a la casa del rev. DE: en Íasñfregas dl; 1a ciudâd. “n sque consagrada a M1' W041_ a . nlr de Ulises en el palacio de AI ' ' nen . . cmoo. M1- sibleñimbgoelavteastggãncidei Ide pna muchacha. lleva a [Ilises ínvi. "Pentinammte a los oa e fatima de Alclnm. Am' se les aparece som ra os ojos de todos e imploro pmwc.
  11. 11. xxn PRÓLOGO ción a la reina Aiete. El re y la reina se la ofrecen, lo mismo ue un barco para que lo eve a su pais. Les cuenta su viaje esde la isla de Calipso, pero no les dice todavia su nombre. Rapsodin VIIIx-_PÍPSÊÍIÍHCiÓH de Ulises a los feacios. En una competencia atlética, Ulises triunfo en el lanzamiento del disco. El aedo__Dernódoco canta durante el festin los amores de Marte y Venus. Por la tarde se le traen regalos a Ulises y Demódoco vuelve a cantar. Lo que ahora canta es la toma de Troya. Al oirlo, Ulises vierte calladas lágrimas que no pasan inadvertidas a Alcínoo. Ordena el rey silencio al aedo, “ ues quizá lo que canta no le sea grato a todos los oyentes", y pide a Ulises les diga quién es y cuales son sus desventuras. Hapsodia IX. _Relatos a Alcinoo. Cifra. Con el libro nono se abre la tercera parte de la ya mencion división bedia por los criticas alejandrinos. Desde este libro, hasta el duodécimo inclusive, vamos a escuchar de boca de Ulises, que la cuenta a Alcinoo, la historia de sus aventuras anpezadas hace diez años. Y comenza- mos, en esta ojeada retrospectiva, por el ' cipio. Es decir, la llegada al pais de los cicones y la perdida de setenta y dos de sus hombres en 1a toma y sa ueo de su ciudad; el viaje tempestuoso hasta la tierra de los lotó agos; luego, la llegada a la isla de los ciclopes con las peripecias babidas en ella y que culminar¡ cuando le sacan su único ojo al gigante y logran escapar, no sin haber dejado a seis de sus compañeros en e! vientre del monstruo. Rapsodia XÍ-Continún el relato de Ulises con Io referente z¡ E010, a los Iestrigones y a Circe. Habiendu escapado de la isla de los cíclopes, Ilegan a la de Falo, rey de los vientos. Este le entrega a Ulises, bien atados en cueros de buey, los viemos que puedan ayudarlo en su navegación. Sus hombres. creyendo que en esos pellejos se escondian tesoms, los abreu. Sueltos los vientos en pre dpitada fuga, los arrastran al pais de los lestrigones, unos gigantes antmpôfagos. De los doce barcos que llevaba Ulises, pierde once alli. La próxima escala es en una isla toda de fantasia y belleza: la de 1a Circe. Esta convierte a los oompañeros de Ulises en cerdas, y lo time enredado en sus amorosos lazos durante un año. Le dice que antes de volver a su hogar, debe visitar la región de los muertos y consultar allí el alma del adivino Tiresias. Rapmdía XL-Continúa el relato de Ulises. la nequia o evoca- ción de lo: muertos. Lleãa Ulises, en su viaje al más allá, al pais de los cimeràios, don e ofrece un sacrifício. Las sombras se juntan alrededor e la sangra del sacrifício, pero no permite beber a ninguna basta que llegue Tiresias. Las sombras se le apareceu en este orden: Elpénor, uno de sus compañerus muerto en un accidente al caer semiborracho desde una azotea donde dormia en casa de Circe; viene luego su madre, Anticleia; finalmente, Tiresias, quien le vaticina el porvenir. Luego, en procesión, las hermosas y los heroes del pasado. Aya: o Ayante no le quiere ba- blar. Posteriormente se le apareceu Mino: y Orión y aquéllos, oon- paónoco um gigzfgãsror sus pecados: Tiro, Támalo, Sísifo y 1. sombra de R psod' XIL-T ' ~ . _ Cmbadis, ;nas uma_ ãefillgiñ Ellis. Slãffulls. Esc-ria, tos, vuelve oon Circe. La bediicera le] redicemsgtjionf e as n91?" le advierte que sobre todo no mate a 1:5 vacas dsl uiums Wales' os cantos de las sirenas, atado al mástil de la emiaso i gye luego Sião “mas “path 1°5 °íd°S de sus hombres Sortelacaiblgnjpelrgrosx ha- e cila Ca 'bdig d d ~ ' . rempesmd os aÍroia a ? lfíãadnfk o saããâí “E0332 “pfmpãããã I' ¡n°5- TOW-rados por el hambre sus oomliañeros matan la un de¡ 5°] “mm” Ulises 30min, Huven de inmediato al niarvacljd mmPestad _se desata y hunde el barco oon toda su tri ulació “l” a Uhses- Em! , arrojado de nuevo a Caribdis 5:1 afn, ;Todo al mástil y a la quilla. v llega a la Isla de , Cãfípsovadondeg o tr al - - - - v . y @CPÍÉÊÊEÉS de] tgggpgfe la Obra, es decir. de 1a Telemaqum, a ' XIIL-P 'da de ' ' ~ llegada a_ Igora. Habiieriiiio terngâgdz É¡ fâlâmdelázs m5 yfm ceu a Uhses sus regalos. Y al anocbecer siguienie e d "i5 o “à Antes de¡ amanecer nega al Puerto de Forcis ls _ _a ad a vela. Cau haY una caverna de las Ninfas. Ulises se ãueldlaeltdo elkimar; la playa. _El barco de los feacíos que lo conduio es tranlsrfldl O ãn en un Penasco por Neptuno, durante el viaje de o 5m; o plena _Ulises. pero no reconoce a su propia üànfeíin eh es_ que Minerva, en figura de muchacha se lo lica Lu o¡ “É” fraza de viejo mendigo. ' up ' em ° als' Rapmdía XIV . -C 3,, de ' . u» mamae. uetfíaãím 1. mc". á'. ”a. _.°a. ,f$w°e: : ma* reconoce y. le recibe como si fuese un axu-año d Lil? e Y éste se inventa historias: dice oue e: É 1.55' ¡ Uhses_ quim promo mtomnrá Eumeo Cree e y que a visto como su padre han muerto, te¡ pamaneàuãetlanm Telémaco “Mid XV--Uexada de Telêmaco a la mamae E WGÕBÕO ya dicbo que la accíón de la Odísea se bon trauma). h 7 m* di” 7 q” @Pim con los vitae: de Tai? m um' qa; padre e mio van a encantam! eu h) _ ãemaco. Ahora viene precisar la Cronologia No de Cabal” _ e Eumeo. con. aventuras del hijo, aunque s. ; 1. obra bemmson 1° coífsldexar que las "Effa. sean en realidad anteriores a las del Pari-fm que 5°. 'm5 "Kel Uh» V oon 1a de 1. 151a de cziipso' gti? ?? treina¡ m5 d¡ . . . - _ _ e os “nas seYmmn ãaãugem lgoccàóltñãedseilncromzan ambos _viajem Sus m” Quedan tan sólo dos dias pam: °ma°, ¡'m°l¡nm“°°“°. °“' E11 Wvsimosegunao, lo llenará la llegada de eUljses e¡ 1°-, Íd°°'°"' 13:11:10, 1a : Mariza de los pmendientes. a a c: ad Y mmímw. v “n°119” de este libro. ; Lacedonmnia, do a 1¡ . ejado a gelérnaco la rapsodia IV. Minerva le pliâigâ.
  12. 12. :: nv enónoco de la emboscada que le tienden los pretendientes. Re el hijo de Ulises con Pisístrato al palacio de Menelao y al de éstor. Deja a su compañero y se hace acompañar entonces del adivino Teoclí- meno. Sortea la emboscada y regresa a ítaca. donde Minerva le aconseja no Vaya a la ciudad sino a la cabana de Eumeo. Rapsodía XV L-Reconocimiento de Odiseo por Telêmaco. Llega Telêmaco a la cabaña de Eumeo y éste lo presenta con Ulises, sin que el hijo vea todavia, debajo de los harapos del mendigo, la fi a del padre. Telêmaco manda a Eumeo con Penélope para que e lleve nuevas de su regreso. Ya solos padre e hijo, aquél _recuperada su propia figura por obra de Minerva-, revela quién es. Juntos preparan la lea contra los pretendientes. El barco de éslos vuelve de su allida emboscada. Eumeo regresa a la cabaña. Iiapsodia XVlL--Vuelta de Telêmaco a ítaca. Con Teoclimeno como invitado, r Telêmaco al palacio. Informa a su madre lo que de boca de Menelao escuchó; a saber, que informado por Proteo sabia que Ulises estaba en vida, aunque cautivo. Teoclime- no profetiza que Ulises vive. Llega éste, disfrazado de mendigo. Su cabrero Melanteo lo insulta y le da una patada. Sólo el fiel y viejo erro Argos, moribundo en un montón de estiércol, reco- noce a Blises, uien no puede contener una lágrima. Durante el banquete se le an algunas sobras, como era costumbre hacer con los mendigos itinerantes. Alcinoo le arroia un banco. Ulises de- cide hablar a Penélope esa mismo noche. Rapsodia XVIIL-Pugilato de Ulises con Im. Arneo, mendigo de ítaca, pordioseaba también en el banquete. Los pretendientes lo habían apodado Iro, ea decir el "con-eveídile". Y ello por iro- nia con el nombre de Iris, mensajera de los dioses para efectos caseros. Incitan, pues, a Iro, para que arroje del palacio al otro, a Ulises. Sólo faltó un íris a que éste acabara con Arneo. Pe- nélope increpa a los preten ientes por su maltrato al mendigo y les obliga a llevarle regalos, como todo pretendiente debe hacer. Una de las esclavas de Penélope. Melanto, zahiere a Ulises; Eu- rímaco, uno de los pretendientes, que tenía relaciones con la es- clava, insulta a Ulises y le arroja un escabel. Rapsodía XIX-Coloquio de Ulises ; r Penélope. El lawzlorío o recanocímíento de Ulises por Euriclea. Ulises, ayudado de Telé- maco, saca las armas de la habitación. Melanto se sigue mofando de Ulises; Penélope lo llama, sin haberlo reconocido, y le cuenta su estratagema de la tela para demorar a los pretendientes. Pero estos han descubierto el truco de destejer de noche lo tendo du- rante el dia, y no quieren esperar ya más. El padre de Telêmaco cuenta a su esposa que él es un cnatense y que Ulises volverá "este año, al terminar el corriente mes y comentar el próximo". Es decir, mañana mismo. La vieja esclava Euriclea lava los pues de Ulises y lo reconoce r una cicatriz en la_ rodilla. Este le intima silencio y discreci . Penélope dice a Ulises que propon- PRÓLOGO nv drá a los pretendientes casarse con aquél de todos ellos que logre m el arco de Ulises, y eugarce una flecha por el ojo de doce as. Rapsodia XX-Lo que precedió a lzz malanza de lo: preten- dienles. Se tiende a dormir Ulises en el vestíbulo de la casa, pero no puede conciliar el sueño oyendo los lloros de Penélope. Miner- va o reconforta. Se prepara el lacio para la fiesta en honor de Apolo y de la luna nueva en solsticio de invierno. Los preten~ dientes conspíran en el agora contra Telêmaco, pero funestos pre- sagios los aterran y vuelven a Ia fiesta. Uno de ellos arroja una Sata de res a Ulises. Teoclimeno resiente una repentina oscuri« ad en el vestíbulo, y Sangre y loros, y huir de ánimas hacia las tinieblas. los pretendientes se burlan de el, y éste los deja. _ Rapsodia XXL-La propuesta del arco. Saca Penélope el vie- 10 arco de Ulises y propone la competencia a los pretendientes. Eumeo y el fiel boyero Filetio lloran pensando en su amo. El primero en tratar de armar el arco es Leodes, arúspice de los pretendientes. No lo logra. Luego otros, igualmente en vano. Mien- tras tanto Ulises, fuera, se descobre a Eumeo y a Filetio. Eurí- maco se esfuena inútilmente también con el arco. Antínoo pos- ne toda otra tentativa hasta después de la fiesta. Entonces pide se le permita probar él también. No lo quieren los pretendientes, pero Penélope insiste. Eumeo le da el arco. Euri- clea cierra las sólidas puertas de las estandes, Fileúo las del tio. Ulisa tiende el arco y cerleramente lanza a flecha a través e los ojos de las doce hachas. Telêmaco, a una señal de su padre, se pone en pie a su lado, armado de pias a cabeca. Rapmdia XXIL-Matanza de [os pretendíentes. Se despoja Uli- ses de _sus andraws y, gritando "ahora apuntaré a otro blanco donde ¡amás t1ró vanõn alguna", dispara a Antínoo una flecha que le atraviesa la garganta. Telêmaco ha traído armas para cua- tro, con las que Ulises, Euxneo, Fileho ymãl propio Telêmaco se arman. Los retendientes, por su parte, mandado al cabrero Melanteo a scar amias. Tráelas para doce. Los otros cabreros 1o atrapan, lo atan, _lo suben _a una columna, le cortan las narinas y las orejas y lo munlan homblemente. [os pretendientes caen uno tras otro, _con excepción del an¡ ice y del heraldo, que eran íno~ centes. Minerya, en forma de pa uma, contempla la matanza. Uli- ses manda retirar los cadáveres y oolgar a las doce esclavas infieles. Luego, con azufre, purifica el vestibulo y la casa toda. . Rapsodiq XXIIL-Reconocimíento de Ulises por Penélope. Eu- nclea desprerta a Penélope y le cuenta lo ocurrido. Ba'a esta al vestíbulo y sus ojos no pueden creer lo que ven. Ulises ace dan- zar y cantar a sus hombres y esclavas fieles, para que 1a ma. tanza no trascienda fuera. Penélope pone a prueba a Ulises dicen~ do a Euriclea le saque de la estancia su cama. Ulises dice que eso es imeposible, a menos que lo baga un dios: la cama está labrada nor propio Ulises en el tocón de un olivo que tiene aún 51g
  13. 13. nv¡ rnóLooo raios en tierra. La liabitación se construyó luego en torno a ese lec. ho fijo. Con esto lo reconoce su esposa, quien, oon lágrimas, se arroja en sus brazos. Juntos, por la noche, Ulises le cuenta todas sus aventuras. A la mañana siguiente se pone en marcha oonsuhijoysuspastoresparairaverasupadreLaertes. Ilapsodia XXIV. -La. r PIEBS. Las almas de los retendientes, guiadas por Merturio. bajan a la pradera de asfód os donde re- siden los difuntos. Allf se encuentran oon las de Agamenón y Aquiles a quienes cueritan su suerte. Mientras tanto Ulises llega a casa de su padre a uien encuentra empobrecido, cultivando su huerto. Le revela quien es. La noticia de la matanza ha circu- lado y los familiares de los pretendientes afluyen a la casa de Iaertes en busca de venganza. Los encabeza Eupites, padre de Antinoo. Se traba la pelea en la que Laertes mata a Eupites. Mi- nerva pone fin a la luclia y hace jurar la paz a los contrincantes. VI Y ¡el autor? gHomem? Siete dudades se disputaban en la anti- ¡züedad el honor de haberlo visto nacer: Esmirnn, Rodas, Colofón. , Salamina, Quíos, Argos, Atenas. Esa nómina, además, no fue la mis- ma siempre. Una vieía leyenda nos dice que era ciego. Y esta es, tal vez, la más fundada de las noticias que sobre él tenemos. Ya se puede ver que, con toda humildad, hay que resignarse a no saber nada suyo. Eratóstenes de Cirene (hacia 274-194- antes de Cristo). temer "director" de la Biblioteca de Alejandria, da r sentado que Human era contemporâneo de los sucesos ue canta. lo lo haría haber vivi- do en el siglo im, antes de Cristo. descubrimientos arqueológicos han dmiostrado que hay que oolocarlo mucho des ués. Heródoto se inclina en favor 'del siglo rx. Teopompo de Ouios ? siglo cunrto antes de Cristo), sugiere el vn. Entre esos tres siglas han navegado -y naufrazado. también_ los liomerístas. Hoy, el consenso general es el de situarlo en los años de 700. Más o menos localizado en el tipo. ya que no aclarada 1a ne- bulosa de su personalidad, ;vamos por lo menos a respetarle esta o seguir despedazándola como por siizlos se lia venido haciendo? ¡Va- mos a deiar tm Homem la Ilíada y otro -u otros- para la Odisea? Ya en 1906 el alemán F. Blass. en su estudio sobre las in- terpolaciones de la Odirea, decla que "sólo nuestra ignorancia de los tienipos antiguos nos dificultaba el ooncebir un solo v mismo Homero oomo autor tanto de Ia Ilíada como de la Odia-ea". Más reciententa -l954_, el helenista J. . Davison afirma que "la . posición Indi- cional (en contra de la cua no ballo argumento decisivo alguna) de la unidad de autor para la Ilíada y la Odism. implica que la misma generación que vio aparecer la Ilíada vio también la Odilrm". PRÓLOGO xxvu AWWCÍÕHS. la escritura _que _va existia entonces- no las fija, 001113110. rioãotxos. Se aprendian de memoria v se transmitían 0m eme. f_ uan o se las copia por vez pnmera? Otra nebulosa. Aunque tradicionalmente se dice que fue el tirano Pisístrato quien en Atenasy en el siglo vi antes de Cristo organizó una comisíón _d É que fijara definitiyamente el texto de ambas epopeyas, en rea- moa todas nqestras ediciones _desde la_ primera que vio 1a luz en d ãencêããien 3-88, al cuidado de Demetno Chalcondylas _arrancam de os' ces_ e Venecia. Para el texto de la Iliada, uno del siglo x EP1"? de Q5519, Y, para su hennana menor, otro de la siguiente centuria. Por otra parte, desde 'lines del siglo pasado se han venido descubnendo no lejos de las margenes del Nilo, en Ia antig-ua Oxj_ 31-1100 _O Pimat, como la llamaban los egípcios, enormes cantjdades c; Papiros grecorromanos. Su fecha osc a entre unos 150 antes de nossliab' ; ãse:3:d2:: :.“°^“: :.: i; Ma" de de eno- om ri ' los ? nos mditâmlmeãttrle acfgtadozlnwé que o recen variantes con _ _,307 00!¡ 0 y_esos ro emas sobre su autor, sobre 1a uam. hmlslomg; y níâãzísltrucción Ide texto, la _Odzsza se muestra a los ojos del Por eua los ve- i: $11,10 o queesencialmente es: una obra maestra. _bl y_ e e o vemtiocho siglas que nos separan de aquel asi e ciegáo que la _creó, no amenguan en nada el goce y lecciórr que desilntleresadélafieiililãlw reserva a] actor que se 1° acenlue 5559113 Y MANUEL Amam México, febrero de 1960. u T' W' M15* "M". ¡b! Origin a¡ Ibo Turminha. Oxfam_ anna_ Pau. 1924.
  14. 14. RAPSODIA PRIMERA CONCILIO DE LOS DIOSES. EXHORTACION DE ATENEA A TELÉMACO HABLAMrz, MUSA, de aquel varón de multifonne ingenio que, después de destruir la sacra ciudad de Troya, anduvo peregrinando larguisímo tiempo, vio las poblaciones y conoció las costurnbres de muchos hom- bres y padeció en su ânimo gran número de lrabajos en su navegación por el ponto, en cuanto procuraba salvar su vida y la Vuelta de sus compañeros a Ia patria, Mas ni aun asi pudo librarlos, como deseaba, y todos perecieron por sus propias locuras. ¡Insensatos! Comiéronse las vacas del Sol, hijo de Hiperión; el cual no permitió que les llegara el dia del regreso. ¡Oh diosa, hija de Zeus! , cuéntanos aunque no sea más que una parte de tales cosas, l| Ya en aquel tiempo los que habian podido escapar de una muerte horrorosa estaban en sus hogares, salvos de los peligros de la guerra y del mar; y solamente Odiseo, que lan gran necesidad sentia de restituirse a su patria y ver a su consorte, hallábase detenido en hueca gruta por Calipso, la ninfa veneranda, la divina entre las deidades, que anhelaba tomarlo por esposo. Con el transcurso de los años llegó porñn la época en que los dioses habian decretado que volvíese a su patria, a ltaca, aunque no por eso debía poner Fin a sus trabajos, ni siquiera después de juntarse con los suyos. Y todos los dioses le compadecian, a excepción de Posidón, que permanecio' constantemente irritado contra el divina] Odiseo hasta que el héroe no arribó a su tierra. 22 Mas entonces habíase ido aquél al Iejano pueblo de los etiopes -los cuales son los postreros de los hombres y fonnan dos grupos, que habitan respectivamente hacia el ocaso y hacia el orto de Hiperión- para asistir a una hecatombe de toros y de corderos. Mientris aquél se deleitaba presenciando el festín, congregáronse las otras deidades en el palacio de Zeus Olímpico. Y fue el primero en hablar el padre de los hombres y de los dioses, porque en su ânimo tenía presente al ilustre Egislo, a quien dio muerto el preclaro Orestes Agamenónida. Acordán- dose de el, dijo a los inmortales estas palabras: 32 Zeus: ¡Oh Dioses! ¡De que' modo culpan los mortales a los númenes! Dicen que las cosas malas les vienen de nosotros, y son ellos quienes se atraen con sus Iocuras infonunios no decretados por el destino. Así ocurrió a Egisto, que, oponiéndose a la voluntad del hado
  15. 15. 2 ¡ronnaun caso con la mujer legítima del Atrída, y mato a este cuando tornaba a su patria. no obstante que supo la terrible muerte que padeceria luego. Nosotros mismos le habiamos enviado a Hermes, el vigilante Argifontes con el fin de advertirle que no matase a aquél, n¡ pretendiera a su esposa; pues Orestes Atrida tenía que tomar venganza no bien llegara a la juventud y sintiese el deseo de volver a su tierra. Así se 1o declaro Hermes; mas no logró persuadirlo, con ser tan excelente el Consejo, y ahora Egisto lo ha pagado todo junto. 44 Respondióle Atenea, la deidad de ojos de lechuza: 45 Arenea. -¡Padre nuestro, cronida, el más excelso de los que imperan! Aquel yace en la tumba por haber padecido una muerte muy justificada. ¡Asi perezca quien obre de semejante modo! Pero se me parte el corazón a causa del prudente y dsgraciado Odiseo, que. mucho tiempo ha, padece penas lejos de los suyos, en una isla azotada por las olas, en el centro del mar; isla poblada de árboles, en Ia cual tiene su mansión una diosa, la hi ja del terrible Atlanta de aquel que conoce todas las profundidades del ponto y sostiene las grandes columnas que sepamn Ia tierra y el cielo. La hija de este dios retiene al infortunado y afligido Odiseo, no cejando en su propósito de embelesarlo con tiemas y seductoras palabras para que olvide a Ítaca, mas Odiseo, que está dseoso de ver el humo de su pais natal, ya de morir sicnte anhelos. ;Y a ti, Zeus Olímpico, no se te conmueve el corazón? ;No te era grato Odiseo cuando sacriñcaba junto a las naves de los argivos? ¡_Por que asi te has airado contra el, Zeus? 63 Contestóle Zeus, que amontona las nubes: 04 ZeuL-¡Hija mia! ¡Qué palabras se te escaparon del cerco de los dientes! ;Cómo quieres que ponga en olvido al divinal Odiseo. que por su inteligencia se señala sobre los demás mortales y siempre ofrecio' muchos sacriñcios a los inmortales dioses que poseen el anchuroso cielo? Pero Posidón. que ciñe la tierra, le guarda vivo y constante rencor porque cego al ciclope, al deiforme Polifemo; que es el más fuerte de todos los ciclopes y nació de la ninfa Toosa, hija de Forcis. que impera en el mar estéril. después que esta se unió con Posidón en honda cueva. Desde entonces Posidón. que sacude la tierra, si bien no intenta matar a Odiseo, hace que vaya errante lejos de su patria. Mas, ea, tratemos todos nosotros de la vuelta del mismo y del modo como haya de llegar a su patria; y Posidón depondrá la cólera, que no le fuera posible contender solo y contra Ia voluntad de los dioses, con los inmortales todos. B0 Rspondióle enseguida Atenea, Ia deidad de ojos de lechuza: 31 AIenem-¡Padre nuestro, cronida, el mas excelso de los que imperan! Si les place a los bienaventurados dioses que el prudente LA ODISEA -RAPSDDIA r 3 Odiseo vuelva a su casa, rnandemos en seguida a Hermes, el mensajero Argifontes, a la isla Ogigia; y maniñeste cuanto antes a la ninfa de hermosas trenzas la verdadera resolución que hemos tomado sobre la Vuelta del paciente Odiseo, para que el héroe se ponga en camino. Yo. en tanto, yéndome a ltaca, instigare vivamente a su hijo y le infundire' valor en el pecho para que llame al agora a los melenudos aqueos y prohíba la entrada en su casa a todos los pretendientes, que de continuo le degüellan muchlsimas ovejas y flexlpedes bueyes de retorcidos cuernos. Y le llevaré después a Esparta y a 1a arenosa Pilos para que, preguntando y viendo si puede adquirir noticias de su padre, consiga guiar honrosa fama entre los hombres. 96 Dicho esto, calzóse los áureos divinos talares que la llevaban sobre el mar y sobre la tierra ¡nmensa con la rapidez del Viento; y asió la lanza fomida, de aguda punta de bronce, pesada, larga, robusta, con que la hija del prepotente padre destruye ñlas enteras de heroes siempre que contn¡ ellos monta en cólera. Descendió presurosa de la cumbre del Olimpo y, encarninándose al pueblo de Ítaca, detúvose en el vestíbulo de la morada de Odiseo, en el umbral que precedía al patio: empuñaba la broncínea lanza y habia tomado la figura de un extranjero, de Mentes, rey de Im taños. Hello a los soberbios pretendientes, que para recrear el ânimo jugaban a los dados ante la puena de la casa. sentados sobre cueros de bueyes que ellos mismos habían degollado. Varios heraldos y drltgentes servidores escanciábanles vino y agua en las crateras; y otros lrmptaban las mesas con esponjas de muchos ojos, colocabanlas en su sitio, y trinchaban came en abundancía. | ›|3 Fue el primero en advertir la presencia de la diosa el deiforme Telemaco, pues se hallaba en medio de los pretendientes con el corazón apesadumbrado, y tenía el pensamiento fijo en su valeroso padre por si, Volvierrdo, dispersaba a aquéllos por la casa y recuperaba la dignidad real y el dominio de sus riquezas. Tales cosas meditaba, sentado con los pretendientes, cuando vio a Atenea. A la hora fuese derecho al vestthulo, "II-ly indignado en su corazón de que un huésped tuviese que esperar tanto tiempo a la puerta, asio' por la mano a la diosa, tomóle la broncínea lama y, hablándole, le dijo estas aladas palabras: '13 Telénraca- ¡Salve, huésped! Entre nosotros has de recibir amis- ¡050 acogimrento. Y despues que hayas comido, nos dirás de que estás necesrtado. 125 Hablando así, empeao a caminar y Palas Atenea Ie fue siguiendo. Ya entrados en el interior del excelso palacio, Telêmaco arrimo la lanza 3 Una alta columna, metiéndola en la pulimentada lancera, donde había muchas lanzas del paciente Odiseo; hizo sentar a la diosa en un sillón, despues de tender en el suelo linda alfombra bordada y de colocar el
  16. 16. 4 llttMlzktl escabel para los pies_ y acerco para st una labrada silla; poniéndolo todo aparte de los pretendientes para que al huésped no le desplaciera la comida, molestado por el tumulto de aquellos varones soberbios, y e'l, a su vez, pudiera inlerrogarle sobre su padre ausente. Una esclava les dio aguanianos, que tiara en magnífico jar-ro de oro y vertió en fuente de plata, y les puso delante una pulimentada mesa. La veneranda despensera trájoles pan y dejó en la mesa buen número de manjares, obsequiándoles con los que tenía guardados. El trinchante sírvióles platos de came de todas suertes y coloco a su lado áureas copas. Y un heraldo se acercaba a menudo para escanciarles vino. 144 Ya en esto, entraron los orgullosos pretendientes. Apenas se hubieron sentado por orden en sillas y sillones, los heraldos diéronles aguamanos. las esclavas amontonaron el pan en los canastillos, los mancebos coronziron de bebidas las crateras, y todos los comensales echaron mano a las vizindas que les habian servido. Satisfechas las ganas de comer y de beber, ocupáronles el pensamiento otras cosas: el canto y el baile, que son los omaiiienlos del convite. Un heraldo puso la bellisima citara en las manos de Femio, a quien obligaban a cantar ante los pretendientes. Y mientras Femio comenzaba al son de la cítara un hemioso canto, Telêmaco dijo estas razones a Atenea la de los ojos de lechuza, después de aproximar su cabeza a la deidad para que los deniás no se enteraran: 158 TeIémaca-¡Caro huesped! @Te enojarás conmigo por Io que voy a decirte? Estos solo se ocupan de cosas tales como la citara y el canto; y nada les cuesta, pues devoran ímpunemente la hacienda de otro, la de un varon cuyos blancos huesos se pudren en cl continente por la accíón de la Iluvia o los revuelven las olas en el seno del mar. Si le vieran regresar a ltaca, todos preferirian tener los pies li geros a ser ricos de oro y de vestidos. Mas aquél ya murio. a causa de su aciago destino, y ninguna esperanza nos resta, aunque alguna de los hombres terrestres afirme que aun ha de volver: el dia de su regreso no amariecera jamas, Pero, ea, habla y responde sinceramente: ;Quien eres y de que' pais procedes? ;Donde se hallan tu ciudad y tus padres? ¡_En que linaje de embarcacion llegaste? ;Como los marineros te trajeron a ltaca? ;Quie- iies se precian de ser? Pues no me figuro que hayas venido andando. Dime también la verdad de esto para que me entere: ;Vienes ahora por vez primera o has sido litiésped de m¡ padre? Que son muchos los qtre conocen nuestra casa, porque Odiseo acostumbraba visitar a los demzis hombres. 178 Respondio Atenea, Ia deidad de los ojos de lechuza: 179 AIz-nerL-De todo esto voy a informarte circunstanciadamente. Me jacto de. ser Mentes, hijo del belicoso Anquialo, y de reinar sobre LA ODISEA -RAPSODIA l S los taños, amantes de manejar los remos. He llegado en m¡ bajel, con rn¡ gente, pues navega por el vinoso ponto hacia unos hombres que habian otro lenguaje: voy a Témesa para traer bronce, llevándoles luciente hierro. Anclé la embarcación cerca del campo, anta de llegar a la ciudad, en el puerto Retro que está al pie del selvoso Neyo. Nos cabe la honra de que ya nuestros pr-ogenitorm se daban mutua hospita- lidad desde muy antiguo, corno se lo puedes preguntar al héroe Lau-tes; el cual, según me han dicho, ya no viene a la población, sino que mora en el campo, atorméntanle los pesares. y tiene una anciana esclava que le apareja la comida y le da de beber cuando se le cansan los miembros de arrastrarse por la fértil Viña. Vine porque me aseguraron que tu padre de Vuelta en la población, mas sin duda lo impiden las deidades, pomendo obstáculos a su retomo; que el divinal Odiseo no desapareció aún de la tierra, pues vive y esta' detenído en el vasto ponto, en una isla que surge entre las olas, desde que cayó en poder de hombres crueles y salvajes que lo retieneri a su despecho. Voy ahora a predecir lo que ha de suceder, según los dioses me lo inspiran en el ânimo y yo creo que ha de , verificarseporque no soy adivino ni hábil intérprete de sueños: «tAquel no estara largo tiempo fuera de su patria, aunque lo sujeten ferreos vínculos; antes hallará algún medio para volver, ya que es irigenioso en sumo grado», Mas, ea, habla y dime con sinceridad si eres el hijo del propio Odiseo. Eres pintiparado a él así en la cabeza como e" '05 591105 OJOS: y blen lo recuerdo, pus nos reuníamos a menudo antes de que se embarcam para Troya, adonde fueron los príncipes argivos en las cóncavas naves. Desde entonces ni yo he visto a Odiseo ru e'l a mt. 213 Contestóle el pmdente Telêmaco: 214 Telêmaco-Vaya hablarle, 011 huésped. con gran sinceridad. Mi madre añmiaque soy . ltljç de aquél. y no se' mas; que nadie consiguió ? Dater por st supropio linaje, ¡OjaIa' que fuera vástago de un hombre ichoso que envejeciese en su casa, rodeado de sus riquezasl; mas ahora dtcen que desclendo. ya que me lo preguntas, del más infeliz de los mortales hombres. 221 Replicóle Atenea, la deidad de ojos de lechuza: 122 Atenea-Los dioses no deben de haber dispuesto que tu linaje : ea oscuro, cuando Penelopea te ha parido cual eres. Mas, ea, habla y _Ime con franqueza: ;Que comida, que reunrón es esta y que' necesidad tienes de darla? ;Se celebra convite o casamiento? , que no nos hallamos evidentemente en un festin a escote. Paréceme que los que comen en el palacio con tal arrogancia ultrajan a alguien; pues cualquier hombre sensato se indignaria al presenciar sus muchas torpezas. 130 Contestóle el prudente Telêmaco:
  17. 17. 5 HOMERO 231 Telímaca-¡Huesped! Ya que tales cosas preguntas e inquieres, sabe que esta casa hubo de ser opulenta y respetada en cuanto aquel varón permaneció en el pueblo. Mudóse despues la voluntad de los dioses, quienes, maquinando males, han hecho de Odiseo el más igno« radode todos los hombres; que yo no me afligiera de tal suerte si acabara la vida entre sus compañeros en el pais de Tmya o en brazos de sts amigos luego que termino la guerra, pues entonces todos los aqueos le habrían erigido un túmulo y hubiese dejado a su hijo una gloria inmensa. Ahora dsapareció sin fama, arrebatado por las Harpias; su muerte fue oculta e ignora; y tan sólo me dejó pesares y llanto. Y no me lamento y gimo unicamente por e'l, pues los dioses me han enviado otras funestas calamidades. Cuantos próceres mandan en las islas, en Duliquio, en Same y en la selvosa Zacinto, y cuantos imperan en la áspera Itaca, todos pretenden a mi madre y arruinan nuestra casa. Mi madre ni rechaza las odiosas nupcias, ni sabe poner ñn a tales cosas; y aquellos comen y agotan mi hacienda, y pronto acabaian conmigo mismo. 252 Contestóle Atenea muy indignada: 253 Atenea-¡Oh dioses! ¡Que falta no te hace el ausente Odiseo, para que ponga las manos en los desvergonzados pretendientes! Si volviera y se mostmra ante el portal de esta casa, con su yelmo, su escudo y sus dos lanzas, como 1a primera vez que le vi en la mia, bebiendo y recreándose, cuando volvió de Étira, del palacio de Ilo Mermérida -allá fue Odiseo en su velera nave por un veneno mortal con que pudiese teñir las broncíneas ñechas; pero Ilo, temeroso de los sempiternos dioses, no se lo procuro y entregóselo mi padre, que le queria muchisimo-; si, pues, mostrandose tal, se encontram Odiseo con los pretendientes, fuera corta la vida de estos y bien amargas sus nupcias. Mas esta' puesto en manos de los dioses si ha de volver y tomar venganza en su palacio, y te exhono a que desde luego medites cómo arrojaras de aqui a los pretendientes. Ea, oyeme, si te place, y presta atención a mis palabras. Mañana convoca en el agora a los heroes aqueos, háblales a todos y sean testigos las propias deidades. Intima a los pretendientes que se separen, yéndose a sus casas; y si a tu madre el animo le mueve a casarse, vuelva al palacio de su muy poderoso padre y alli dispondrán las nupcias y le aparejarán una dote tan cuantiosa como debe llevar una hija amada. También a ti te dare' un prudente consejo, por si te decidieras a seguirlo: Apresta la mejor embarcación que hallares, con veinte remeros; ve a preguntar por tu padre, cuya ausencia se hace ya tan larga, y quiza' algún mortal te hablará del mismo o llegará a tus oidos la fama que procede de Zeus y es la que mas difunde la gloria de los hombres. Trasládate primeramente a Pilos e interroga al divinal Nestor; y desde de alli ve a Esparta, al rubio Menelao, que ha LA ODISEA VRAPSODIA I 7 llegado el postrero de los argivos de broncineas colazas. Si oyeres decir que tu padre vive y ha de volver, súfrelo todo un año más, aunque estes afligido; pero si te participaren que ha mueno y ya no existe, retoma sin dilación a la patria, erigele un túmulo, hazle las muchas exequias que se le deben, y búscale a tu madre un esposo. Y asi que hayas ejecutado y [levado a cumplimiento todas estas cosas, medita en tu mente y en tu corazón cómo matarás a los pretendientes en tu palacio: si con dolo o a la descubierta; porque es preciso que no andas en niñerías, que ya no tienes edad para ello. ;Por ventura no sabes cuánta gloria ha ganado ante los hombres el divinal Orestes, desde que hizo parecer al matador de su padre, al doloso Egisto, que Ie habia muerto a su ilustre progenitor? También tú, amigo, ya que veo que eres gallardo y de elevada estatura, se' fuerte para que los venideros te elogien. Y yo me voy hacia la velera nave y los amigos que ya deben de estar cansados de esperarme. Cuida de hacer cuanto te dije y acuérdate de mis consejos. 306 Respondiólc el prudente Telêmaco: 307 TeléI›inca. -¡Oh, forastero! Me dices estas cosas de una manera tan benévola, como un padre a su hi jo, que nunca jama's podre' olvidarlas. Pero ea, aguarda un poco, aunque tengas prisa por irte y después que te bañes y deleites tu corazón, volverás alegremente a tu nave, llevándote un regala precioso, muy bello, para guardarlo como presente mio, que tal es la costumbre a seguir con los huéspedes amados. 314 Contestóle Atenea, la deidad de ojos de lechuza: 315 Arantes-No me detengas, oponiendote a mi deseo de irme en seguida. El regalo con que tu corazón quiere obsequiarme, me lo entre- garas a la Vuelta para que me lo lleve a mi casa, escógelo muy hermoso y será justo que te lo recompensa con otro semejante. _ 319 Diciendo asi, partió Atenea, la de ojos de lechuza: fuese la diosa, volando como un pájaro, después de infundir en el espírita de Telêmaco valor y audacia, y de avivarle aún mas la memoria de su padre. Telêmaco, considerando en su mente lo ocurrido, quedóse atónito, porque ya sospechó que habla hablado con una deidad. Y aquel varón, que parecia un dios, se fue en seguida hacia los preten- dientes. 325 Ante estos, que le oian sentados y silenciosos, cantaba el ilustre aedo la Vuelta deplorable que Palas Atenea habia deparado a los aqueos cuando parneron de Troya. La discreta Penelopea, hija de Icario, oyó de lo alto de la casa la divinal canción, que le llegaba al alma; y bajo por la larga escalera, pero no sola, pues la acompañaban dos esclavas. Cuando la divina entre las mujeres llegó a donde eslaban los pretendien- tes. detúvose junto a la columna que sostenía el techo solidamente construido, con las mejillas cubiertas por esplêndido velo y una honrada
  18. 18. 8 HOMERO doncella a cada lado. Y arrasandoscle los ojos de lagrimas, hablóle as¡ al divinal aedo: 337 Penélope-¡Femio! Pues que sabes ouas muchas hanñas de hombres y de dioses, que recrean a los mortales y son celebradas por los aedos, cántales alguna de las rnismas sentado ahi, en el centro, y óiganla todos silenciosammte y bebiendo vino; pero deja ese canto u-iste que constantemente me angustia el corazón en el pecho, ya que se apodera de mi un pesar grandísimo que no puedo olvidar. ¡Tal es la persona de quien padewo Soledad, por acordarme siempre de aquel varón cuya fama es grande en la Hélade y en el centro de Argos! 345 Replicóle el pmdente Telemaco: 346 Telêmaco. -Madre mia. ;Por qué quieres prohibir al amable aedo que nos divierta como su mente se lo sugiera? No son los aedos los culpables, sino Zeus, que distribuye sus presentes a los varones de ingenio del modo que le place. No ha de increparse a Femio porque canta 1a suerte aciaga de los danaos, pues los hombres alaban con preferencia el canto mas nuevo que llega a sus oidos. Resignate en tu corazón y en tu animo a oir ese canto, ya que no fue Odiseo el único que perdió en Troya la esperanza de volver; hubo otros muchos que también perecieron. Mas, vuelve ya a tu habitación, ocúpate en las labores que te son propias, el telar y la meca, y ordena a las esclavas que se apliquem al trabajo; y de hablar nos cuidaremos los hombres y principalmente yo, cuyo es el mando en esta casa. 360 Volvióse Penelopea, muy asombrada, a su habitación, revolvien- do en el animo las discretas palabras de su hijo. Y asi que hubo subido con las esclavas a lo alto de Ia casa, lloró a Odiseo, su caro consorte, hasta que Atenea, la de ojos de lechuza, le infundio en los parpados el dulce sueño. 365 Los pretendientes movían alboroto en la escura sala y todos deseaban acostarse con Penelopea en su mismo lecho. Mas el prudente Telemaco comenzó a decirles: 363 Telémaca-¡Pretendientes de mi madre, que os portais con orgullosa insolencia! Gocemos ahora del festin y cesen vuestras gritos; pues es muy hermoso escuchar a un aedo como este, tan parecido por su voz a las propias deidades. Al romper el alba, nos reuniremos en el agora para que yo os diga sin rebozo que salgáis del palacio: disponed otros festines y comeos vuestras bienes; convidándoos sucesiva y reci- procamente en vuestras casas. Mas si os pareciese mejor y mas acertado destruir ímpunemente los bienes de un solo hombre, seguid constuniém dolos; que yo invocaré a los sempitemos dioses, por si algún dia nos concede Zeus que vuestras obras sean castigadas, y quizás murais en este palacio sin que nadie os vengue. LA ODISEA -RAPSODIA l 9 331 Así dijo: y todos se mordieron los labios, admirándose de que Telêmaco les hablase con tanta audacia. 333 Pero Ant-Inca. hijo de Eupites, le repuso diciendo: 384 Anrínoa-¡Telémaco! Son ciertamente los mismo dioses quie. nes te enseñan a ser grandílocuo y a arengar con audacia; mas no quieta el Cronión que llegues a ser rey de Ítaca, rodeada por e| mar, como re consponde por el linaje de tu padre. É Colreitestóle el prudente Telemaco: Te 'maca-¡Antlnoo! *Te enojaras acaso | decir? Es verdad que me gustari: serlo, si Zeus me lo ti-Jãricetdíg: &dia; porventura que el reinar sea la poor dmgracia para los hombres? No es maio Êrrey, porque su casase enriquece pronto y su persona se ve más M"" ' pe” m“°h°s PÚWP* M1305. entre jóvenes y ancianos, viven en ítaca, rodeada por el mar: reine cualquiera de ellos, ya que murió e] divinal 9411560, yo serve' señor de mi casa y de los esclavos que éste adqumo para mi como botin de guerra. 399 Respondiole Eurlmaco, hijo de ponho; 40° E"'¡"mc°-“¡Te1Ém3C01 Esta' puesto en mano de los dioses cual m: : 311300323 de ser el rey de Ítaca, rodeada el mar; pero tú sigue hat? ! : a tus bienes, manda en tu palacio y jamás, mientras ítaca sea Ita , venga hombre alguna a despojarte de tus riquezas contra tu querer. Y ahora, optimo Telemaco, deseo preguntarte por el huésped. i. De 40111113 Vlno tal sujeto? ;De qué tierra se gloria de ser? @En qué pais ; se hallan su familia y su patn›a'. '_ LTe ha traído noticias de la Vuelta de u padre o ha llegado con el uruco propósito de cobrar alguna deuda? 355m0_ se leigantó y se fue tan . rapidamente, sin aguardar a que le AtÊiemmosqDe su aspecto colijo que no debe de ser un miserablg, 4B Contestole el pmdente Telêmaco; _ Telemaca-¡Eunmaco! Ya se acabó la esperanza del regreso de m¡ W512i y no doy fe a las noticias, vengan de donde vinieren, ni me '35 Pfôdwumfes que Haga un adivino a quien mi madre llame e de Tafãsue en el palacio. Este huespedmio lo era ya de mi padre y viene sobre l ' 5° ? W013 dC SCI' Menlü, hijo del belicoso Anqulalo, y reina 42o : hi-¡Oñamantes de manejar los remos. dba ¡nmí mljb TCÍÊWICO. aunque en su mente habia reconocido a la e¡ dela' orta . Volvreron los pretendientes a solazarse con la danza y vim às” W310, Y 351 Esperaban que llegase la escura noche. Sobre- en sus rescuan o aun se drvetman. y entonces partieron para acoslarse é] se habíapectivas . casas. Telemaco subio al elevado aposento que para toda construido dentro del hermoso palio, en un lugar visible por cosaípãgâá Y Siglo derecho a la cama, meditando en su animo muchas pana ale, con teas encendidas en la mano, Euriclea, hija de
  19. 19. 1o nomear) Ops Pisenórida, la de castos pensamientos, a la cual habla comprado Laertes con sus bienes en otro tiempo, apenas llegada a la pubenad, por el precio de veinte bueyes; y en el palacio la homo como a _casta esposa, pero jamás se acostó con ella, a ñn de que su mujer no se lrntase. Aquélla, pues, alumbmba a Telêmaco con teas encendldas, por ser la esclava que más le amaba y la que le habla criado desde m_ño; y, llegando. abrió la puerta de la habitación solidamente construida. Tele- maco se sentó en la cama, desnudóse la delicada túnica y dlósela en las manos a la prudente anciana; la cual, despues de componer los phegues, la colgó de un clavo que habia junto al tomeado lecho, y al ptmto salto de la estancia, entomó la puerta, tirando del anillo de plata, y echo (el cerrojo por medio de una correa. Y Telemaco, bien cubierto de un vellon de oveja, pasó toda la noche revolviendo en su mente el viaje que Atenea Ie lmbía aconsejado. RAPSODIA II AGORA DE LOS ITACENSES. PARTIDA DE TELÉMACO Cuando apareció la hija de la mañana, la Aurora de rosáceos dedos, el cam hijo de Odiseo se levantó de la cama, vistióse, colgó del hombre la aguda espada, ato a sus nltidos pies hermosas sandalias y, semejante por su aspecto a una deidad, salió del cuarto. En seguida mandó que los lteraldos, de voz sonora, llamaran al ágora a los melenudos aqueos. Hlzose el pregón y empeuron a reunirse muy prestamente. Y así que hubieron acudido y estuvieron congregados, Telêmaco se fue al agora oon la bronclnea lanza en Ia mano y dos pet-ros de ágíles pia que le seguían, adomándolo Atenea con tal gracia divinal que, al verle llegar, todo el pueblo le contemplaba con asombro, y se sento en la silla de su padre, pues le hicieron lugar los ancianos. 15 Fue el primero en arengarles el héroe Egiptio, que ya estaba encorvado de vejez y sabia muchisimas cosas. Un hijo suyo muy amado, el belicoso Ántifo, habia ido a Ilión, Ia de hetmosos corceles, en las cóncavas naves con el divinal Odiseo; y el feroz Cíclope lo mató en la excavada gruta e hizo del mismo la última de aquellas cenas. Otros tres tenía el anciano -uno, Eurínomo, hallábase con los pretendientes, y los demás cuidaban los campos de su padre, mas no por eso se habla olvidado de Ántifo, y por el lloraba y se afligía. Egiptio, pues, les arengó, denatnando lágrimas, y les dijo de esta suerte: 25 EgiptitL-Oíd itacenses, lo que os voy a decir. Ni una sola vez fue convocada nuestra agora, n¡ en ella tuvímos sesión, desde que el divinal Odiseo partió en las cóncavas naves. ;Quien al presente nos reúne? LF; joven o anciano aquél a quien le apremia necesidad tan grande? ;Recibió alguna noticia de que el ejército vuelve y desea manifestamos publicamente lo que supo antes que otros? LO quiere exponer y decir algo que interesa al pueblo? Paréceme que debe de ser un varón honrado y proñcuo. Cúmplale Zeus, llevándolo a feliz término, lo que en su ánimo revuelve. 35 Así les habló. Holgóse del presagio el ltijo amado de Odiseo, que Ya no permanecio mucho tiempo sentado: deseoso de arengarles, se levantó en medio del agora, y el heraldo Pisenor, que sabia dar prudentes Consejos, le puso el Cetro en la mano. Telemaco, dirigiéndose primera~ mente al viejo, se expresó de esta guisa:
  20. 20. 12 HOMERO 40 Telemaco-¡Oh, ancíano! No esta' Iejos ese hombre y ahora sabrás que quien ha reunido al pueblo soy yo, que me hallo sumamente afligido. Ninguna noticia recibí de la Vuelta del ejército, para que pueda manifestaros publicamente lo que haya sabido antes que otros, y tam- poco quiero exponer ni decir cosa alguna que interese al pueblo: tratase de un asunto particular mio, de la doble cuita que se entro por mi casa. La una es que perdi a mi excelente progenitor, el cual reinaba sobre vosotros con blandura de padre; la otra, la actual, la de más importancia todavia, pronto destruirá mi casa y acabará con toda mi hacienda. Los pretendientes de mi madre, hijos queridos de los varones más señalados de este pais, la asedian a pesar suyo y no se atreven a encaminaise a la casa de Icario, su padre, para que la dote y la entregue al que él quiera y a ella le plazca; sino que, viniendo todos los días a nuestra morada, nos degüellan los bueyes, las ovejas y las pingües cabras, celebran banquetes, beber¡ locamente el vino tinto y así se consumen muchas cosas, porque no tenemos un hombre como Odiseo, que sea capaz de librar a nuestra casa de tal ruina. No me hallo yo en disposición de llevarlo a efecto -sin duda debo de ser en adelante débil y ha de faltarme el valor rriarcial-, que ya arrojaría esta calamidad si tuviera brios suñcientes. porque se han cometido acciones intolerables y mi casa se pierde de la peor manera. Participad vosotros de mi indignación, sentid vergüenza ante los vecinos circundantes y temed que os persiga la cólera de los dioses, irritados por las malas obras. Os lo ruego por Zeus Olímpico y por Temis, la cual disuelve y reúne las ágoras de los hombres: no prosigáis, amigos; dejad que padezca a solas la triste pena; a no ser que mi padre, el excelente Odiseo, haya querido mal y causado daño a los aqueos de hei-musas grebas y vosotros ahora, para vengams en ml, me queráis mal y me causéis daño, incitando a estos. Mejor fuera que todos juntos devorarais mis inmuebles y mis rebaños, que si tal hicierais quizás algún dia se pagaran pues iría por la ciudad reconvi- niéndoos con palabras y reclamándoos los bienes hasta que todos me fuesen devueltos. Mas ahora las penas que a mi' corazón inferls son incurables. 50 Así dijo encoleriudo; y, rezumándole las lagrimas, arrojó el Cetro en tierra. Movióse a piedad el pueblo entero, y todos callaron; sin que nadie se atreviese a contestar a Telemaco con ásperas palabras, salvo Antinoo, que respondió diciendo: 35 Antínoa-¡Telémaco altilocuo, incapaz de moderar tus irnpetus! LQue has dicho para ultrajarnos? Tú deseas cubrimos de baldón. Mas la culpa no la tienen los aqueos que pretendeu a tu madre, sino ella, que sabe proceder con gran astucia. Tres años van con éste, y pronto llegará el cuarto, que contrista el ánimo que los aquivos tienen en su pecho_ A LA ODISEA -RAPSODIA ll [3 todos les da esperanzas, y a cada uno en particular le hace promesas y le envia mersajes; pero son muy diferentes los pensamientos que en su inteligencia revuelve. Y aun discurrió su espíritu este otro engano: se puso a tejer en palacio una gran tela sutil e interminable, y a la hora nos hãbló de “É guisa: «¡Jóvenes, pretendientes míos! Ya que ha muerto el divinal Odiseo, aguardad, para instar mis bodas, que acabe este lienzo -no sea que se me pierdan inútilmente los hilos-, a fin de que tanga sudario el héroe de Laertes cuando le sorprenda la ? arca de la aterradora muerte. ;Nose me vaya a indignar alguna de las aqueas del pueblo, si ve enterrar sin mortaja a un hombre que ha poseído tantos bienesí» Así dijo, y nuestro animo generoso se dejó persuadir. Desde aquel instante pasaba el día labiando la gran tela, y por la noche, tan luego como se alumbraba con las antorchas, deshacía lo tejido. De esta suerte logró ocultar el engaño y que sus palabras fueran creidas por los aqueos durante un trienio; mas, así que vino el cuarto año y volvieron a sucederse las estaciones, nos lo reveló una de las mujeres, que conocía muy bien lo que pasaba, y sorprendímosla cuando destejia la espléndida tela. Así fue como, mal de su grado, se vio en Ia necesidad He acabaria. _0ye, pues, lo que te responden los pretendientes, para que lo alcance tu ingemo y lo sepan tambien los aqueos todos. Haz que tu madre vuelva a su casa, y ordenale que tome por esposo a quien su padre le aconseje y a ella leplazca. Y siatormentare largo tiempo a los aqueos, confiando en las dotes que Atenea le otorgo' en tal abundancia -ser diestra en labores primorosas, gozar de buen juicio y valerse de astucias que jamás burros oído decir que conocieran las anteriores aqueas Tiro, Alcmena y Mlcene, la de hermosa diadema, pues ningtma concíbió pensamentos Semejantes a los de Penelopea-, no se habra' decidido por lo mas conveniente, ya que tus bienes y riquezas serán devorados mientras siga con las trazas que los dioses le infundieron en el pecho, Ella ganará Clertamente mucha fama, pero a ti te quedará tan sólo la añoranza de 'OS Coplosos bienesque hayas poseido; y nosotros ni volveremos a nuestros negocios, m nos llegaremos a otra parte, hasta que Penelope: : 110 se haya casado con alguno de los aqueos. 129 Contestóle el pmdente Telemaco: DO T'lé'"”°°~'*¡^““n°°! NO CS razón de que eche de mi casa, m? ? S" _V°_l| lnlñd. a Ia que me dio el ser y me ha criado. Mi padre : aufsdeste vivo en otratierm, quigs haya muerto; Femme sen¡ gmvoso m¡ n23: restituir a Icario mucliisimas cosas si voluntanameme Ie envió “send : :CY _entonces no solo padecere infortunios a causa de | ¡¡ madre 3:1 lrriicpadre, sino_ que los dioses me causaran otros; pues mi m¡ h , indsa ir_ . e la casa, Imprecara las odiosas Entries¡ caerá sobre ignacion de los hombres. lamas, por consiguierite, dare' yo
  21. 21. 14 HOMERO semejante orden. Si os indigna el ânimo de lo que ocurre, salid del palacio, disponed otros festincs y comeos vuestras bienes, convidándoos sucesiva y reciprocamcnte en vusuas casas. Pero si os parece mejor y mas acenado destruir ímpunemente los bienes de un solo hombre, seguid consumiéndolos; que yo invocaré a los sempitetnos dioses por si algún dia nos concede Zeus que vuestras obras sean castigadas, y quizás murais en este palacio sin que nadie os vengue. 146 Así habló Telemaco; y el largovidente Zeus envióle dos águilas que echaron a volar desde la cumbre de un monte. Ambas volaban muy juntas, con las alas extendidas, y tan rápidas como el Viento; y al hallaise en medio de la ruidosa agora, anduvieron volteando ligeras, batiendo las tupídas alas; miráronles a todos a la cabem como presagio de muene, desgarráronse con las uñas la cabeza y el cuello, y se lanzaron hacia la derecha por cima de las casas y a través de Ia ciudad. Quedáronse todos los presentes muy admirados de ver con sus propios ojos las stuodichas aves, y pensaban en sus adentros que fuera lo que tenía que suceder, cuando el anciano héroe Haliterses Mastórida, el único que se señalaba entre los de su edad en conocer los augurios y explicar las cosas fatales, les arengó con benevolencia, diciendo: 161 HaIiterSes. -Oid, ilacenses lo que os voy a decir, aunque he de referirme de un modo especial a los pretendientes. Grande es el infor- tunio que a éstos les amenaza, porque Odiseo no estará mucho tiempo alejado de los suyos, sino que ya quizás se halla cerca y les apareja a todos la muerte y el destino; y también les ha de venir daño a muchos de los que moian en Ítaca, que se ve de lejos. Antes de que asÍ ocum, pensamos cómo les haríamos cesar de sus demasias, o cesen espontâ- neamente, que fuera lo más provechoso para ellos mismos. Pues no lo vaticino sin saberlo, sino muy entendo; y os aseguro que al héroe se le ha cumplido todo lo que yo le declare, cuando los argivos se embarcaron para Ilión y fuese con ellos el ingenioso Odiseo. Dijele entonces que, después de pasar muchos males y de perder sus compañeros, tomaria a su patria en el vigésimo año sin que nadie le conociera; y ahora todo se va cumpliendo. 177 Rapondióle Eurimaco, hijo de Polibo: 178 Hartmann-¡Oh, anciano! Vuelve a tu casa y adivinales a tus hijos lo que quieras, a fin de que en lo sucesivo no padezcan ningún daño; mas en estas cosas se' yo vaticinar harto mejor que tú. Muchas aves se mueven debajo de los rayos del sol, pero no todas son agoreras; Odiseo murió lejos de nosotros, y tú debieras haber perecido con el, y asi no dir'ias tantos vaticinios ni incitarías al irritado Telemaco, esperan- do que mande algún presente a tu casa. Lo que ahora voy a decir se cumplirá: si tú, que conoces muchas cosas antiqulsimas, engañares con LA ODISFJL-RAPSODIA n 15 tus palabras a ese hombre más mozo y le incitares a que permanezca ainda. Primeramente sera' mayor su aflicción, pues no por las predio. ciente le será dable proceder de otra suerte; y a ti, oh anciano, te unpondremos una multa para que te duela el pagaria y te cause grave pesar_ Yo nusmo. delante de todos vosotros, claré a Telemaco un oonsqo: ordene a su madre que vuelva a la casa paterna y 3111 [e dispondrán las nupcias y le aparejarán una dote lan cuantiosa como debe llevar una hija amada. No creo que hasta entouces dmistamos los ¡óvenes aqueos de nuestra laboriosa pretensión, porque no tomamos absolutamente a nadie, ni siquiera a Telemaco a pesar de su facundia' ni nos cuxamos de la vana profecia que nos haces y por la cual has de sei-nos aun mas odioso. Sus bienes serán devorados de la peor manera, como hasta aqui sin que Jamais se le resana el daño, en cuanto ella entretenga a losaqueos con diferir la boda. Y nosotros, esperando dia "fã (lia. Competiremosunos con otros por sus eximias prendas y no nos dmgiremos a otras mujeres que nos pudieran convenir para usamos_ 208 Contestóle el pmdente Telemaco: 209 Telémaca-¡Eurimaco y cuantos sois ilustres pretendientes! No os he de suplicar ni arengar más acerca de esto, porque ahora ya están mtmd°s l°s 'n°555 Y l°5 34W” Í°d°S~ M25. ea. aprestadme una embarcación muy velera y veinte compañeros que me abran camino acá y aculla del ponto. Ire' a Esparta y a la arenosa Pilos a preguntar por el "Blesode m1 padre, cuya ausencia se hace ya tan larga; y quizás algún mortal me hablará de el o Ilegará a mis oidos la fama que procede de ? cus y es la que más difunde la gloria de los hombres. Si oyere decir que m¡ vive y ha de volver, lo sufrire' todo un año más, aunque 35m? 3Íl1g1d0;_ pero si me participaren que ha muerto y ya no existe, regresare sin dilaclon a la patna, Ie erigire' un túmulo, le haré las muchas exequias que se le deben, y a mi madre, le buscará un esposo. M? ” Cuando_ asi hubo hablado¡ tomó 'asientn Entonces levantóse “'01”. el amigo del preclaro Odiseo -este, al embarcalse, le habia encom_ andado su casa entera para que los suyos obedeciesen al anciano Y el se lo guardara todo y lo mantuviese en pie-. y benévolo les aren ó del siguiente modo: g 229_ Méntor. -Oid. _itzcensçs lo que os voy a decir. Ningún rey que “Pinte cetro sea benigno, m blando, ni suave, ni ocupe la mente en °°5?5 1115335: antes, a¡ 6001mb, obre siempre oon cmeldad y lleve a cabo : :n°35 11991111135; ya que nadie se acuerda del divinal Odiseo entre los 'amlidadanos sobre los cuales reinaba oon blandura de padre_ Y no abonuw um: : lo: orgullosos pretendientes por la_ violencia con que proceden, os e sus malos mtentos -pues s¡ devoran la casa de Odiseo, PME¡ en aventura sLs cabezas y creen que el héroe ya no ha de volver-_

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